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Cuando el IVA deja de ser un impuesto indirecto y trasladable

A través de esta columna se acercan situaciones curiosas que se presentan en nuestro sistema tributario, proponiendo un espacio de reflexión para el lector dentro del suplemento.

Uno de los inconvenientes que trae aparejado el IVA que tiende a agudizarse en épocas de recesión o de crisis económica es el hecho de que una factura de venta a plazo se torne incobrable.
Frente a dicha situación el impuesto se aparta de su neutralidad dejando de ser un impuesto indirecto y trasladable hacia la última etapa(Consumidor Final), porque al cortarse la cadena de pagos debe responder por ese impuesto el sujeto que emitió la factura aunque no la haya cobrado. Es entonces cuando el IVA en ese caso se reconvierte y pasa a ser un impuesto directo que debe soportar la empresa que sufre la incobrabilidad.
Esto es así por cuanto en las operaciones realizadas a plazo también el hecho imponible se produce con la entrega del bien o la prestación del servicio, con independencia del cobro de la factura emitida. Incluso es común que los plazos de cobranza de la factura en cuenta corriente sean posteriores a los de vencimiento del plazo para ingresar el IVA por lo que el impuesto se adelanta al fisco antes de conocer si la factura se cobra o no.
Si bien es atendible que esta problemática sea tomada como un riesgo crediticio de la empresa que emite la factura, hay que destacar que no en todos los hechos imponibles establecidos en la ley se presenta este inconveniente.
Una de la excepciones existentes se da en el caso de provisión de agua para viviendas regulada por medidor. Aquí el art. 5 inc. a) punto 2 de la ley de IVA establece que "el hecho imponible se perfeccionará en el momento en que se produzca la percepción total o parcial del precio". Entonces a diferencia de lo que ocurre en la gran mayoría de los casos mientras no exista el cobro de la factura no se genera el IVA y por lo tanto no se lo adeuda al fisco.
En estos casos el Fisco se asocia con la empresa en la incobrabilidad soportando éste el IVA que no se percibe mientras que el contribuyente soporta la pérdida de la cobranza de la operación pero sin el impuesto. Esta situación es una excepción a la regla en materia de incobrables frente al IVA.
Mas allá de plantear si es justo o razonable que el legislador haya efectuado esta diferenciación en la generación de los hechos imponibles, la doctrina reconoce que las incobrabilidades en el IVA son un problema porque además de soportarse la pérdida que se produce por la falta de cobro de la operación original también debe hacerse frente al IVA generado y no cobrado, por lo que esta contingencia reduce el capital de trabajo.
Uno de los intentos por eliminar esta problemática ha sido el de impulsar en nuestro país la aplicación de la factura de crédito. Se trata de un título ejecutivo que se emite con la factura de venta y debe ser aceptado por el adquirente para posibilitar el cómputo del crédito fiscal de operaciones a plazo. Aceptada la factura de crédito queda perfeccionado el título ejecutivo que puede ser descontado por el vendedor en un banco, para hacerse del dinero antes de su vencimiento.
Este sistema en Brasil es conocido como la Duplicata y por lo que se sabe funciona aceptablemente.

(*) Mario Rapisarda es Contador Público Nacional, especialista en temas tributarios, graduado en la UNLZ. mjrapisarda8@gmail.com