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Amortizaciones y gastos de automóviles: historia de deducciones que siguen vedadas

por  MARIO JUAN RAPISARDA

Contador Público Nacional de la UNLZ, especialista en temas tributarios. E-mail mjrapisarda8@gmail.com
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Amortizaciones y gastos de automóviles: historia de deducciones que siguen vedadas

En marzo de 1995 se debatía en el Congreso de la Nación la ley 24475 que disponía entre otras modificaciones la eliminación de la deducción en concepto de amortizaciones de automóviles y cualquier gasto que originen los mismos (mantenimiento, patentes, combustibles, etc). En el mensaje de elevación del Poder Ejecutivo Nacional (diario de sesiones Cámara de Diputados de la Nación 8º Reunión - 2º sesión ordinaria - 22/3/1995 pag. 673) puede leerse: "se entiende que los gastos en automóviles en los casos en que el proyecto imposibilita su deducción no forman parte de las variables a considerar para la determinación de la renta neta, puesto que constituyen en realidad, conforme a la experiencia de aplicación del tributo, gastos particulares o disposición de rentas".

Por su parte al momento de tratarse la ley en la cámara de diputados, el diputado Carlos Balter (diario de sesiones Cámara de Diputados de la Nación 8º Reunión - 2º sesión ordinaria - 22/3/1995 pag. 682) expresa: "yo diría que las modificaciones propuestas por el Poder Ejecutivo pueden calificarse en general de acciones preventivas con status legal a fin de facilitar una tarea que es propia del organismo fiscalizador () Las reformas son básicamente injustas y en general no responden a un sistema que es la base del sistema tributario, cual es el de la equidad. En aras de la simplificación se recurre a estas modificaciones para no profundizar el análisis que debe realizar el organismo de fiscalización en sus inspecciones".

Dos años más tarde, comprensiblemente para evitar injusticias y buscando un término medio, la ley 24885 dispone que no serán deducibles las amortizaciones en la medida que excedan los importes que correspondería deducir con relación a automóviles cuyo valor sea superior a la suma de $20.000 sin tener en cuenta el IVA.

También establece que los gastos en combustibles, lubricantes, patentes, seguros, y mantenimiento no podrán superar una suma anual que la AFIP estableció en $7.200.

Hasta aquí tenemos la historia de esta deducción que ha quedado congelada en el tiempo por más de 20 años.

Es importante remarcar que cuando se propuso un tope a la deducción por amortizaciones existían en plaza automóviles que podían ser adquiridos por menos de $20.000 valor que hoy resulta irrisorio, y con respecto a los gastos de mantenimiento el precio del litro de nafta era menor a $1.

Hoy habiendo transcurrido más de 6 meses de la publicación de la reforma tributaria resulta inexplicable que los valores de amortizaciones y gastos de automóviles no hayan sido actualizados, porque si pretendemos acomodar nuestro sistema tributario para facilitar las inversiones hay que eliminar estas situaciones que están reñidas con la justicia, que crecen al amparo de una ley que en su momento resultaba "quizás" razonable, pero la inflación y la falta de actualización de los importes la han tornado absurda.

Porque también resulta absurdo que hoy en día paguen justos por pecadores, ya que luego de transcurridos más de 20 años la AFIP hoy cuenta con innumerables posibilidades de fiscalizar si los gastos incurridos en la utilización de automóviles representan legítimas erogaciones para obtener, mantener y conservar rentas gravadas por el impuesto, o estamos en presencia de disposiciones de fondos o bienes a favor de empleados, directores o administradores de sociedades.

Que el cargo por amortización de un automóvil sea de $4.000 al año y los de mantenimiento, patente y combustibles sean de $7.200, representan el extraño privilegio de poder observar cómo las normas se vuelven injustas con la ayuda de la inflación, el paso del tiempo y la falta de atención de quienes deben ocuparse.

Corregir estos desequilibrios es bajar la presión tributaria donde existen injusticias instaladas.

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