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Segundo semestre: los aciertos y desafíos del Gobierno, según cuatro analistas

Los expertos celebran varias medidas, como la salida del cepo, el arreglo con los holdouts, el combate a la inflación y la mejor imagen del país frente a los inversores. Pero critican el timing de las emisiones, el uso de la tasa como única herramienta, la caída de la actividad y una mala comunicación.

Segundo semestre: los aciertos y desafíos del Gobierno, según cuatro analistas

Aciertos

Está claro que el arreglo con los holdouts, las condiciones bajo las cuales se emitió deuda (con una tasa promedio de 7,14%) y con ofertas por suscripciones muy superiores a lo buscado, permitieron ratificar el interés desde el exterior por financiar al país.

Otro punto a favor fue la desarticulación de las restricciones cambiarias, sin reforzar el stock de reservas; el equipo económico logró unificar al dólar sin un overshooting del tipo de cambio oficial.

Estas medidas permiten desandar un camino de reducción del riesgo país y potenciar la reclasificación de Argentina en el índice MSCI en la revisión anual de 2017, hecho que significaría un aumento de los flujos de inversiones.


Hay varios puntos para destacar, como el arreglo con los holdouts –y la consecuente salida de default–, la eliminación del cepo cambiario, la política implementada con las provincias y el proyecto de repatriación de capitales.

Todo esto derivado de una definición política muy fuerte desde el nuevo Poder Ejecutivo respecto de la libertad de mercado y las inversiones.


Lo más importante sin dudas fue la salida del cepo cambiario, la resolución del conflicto con los holdouts y las señales contundentes de cambio, que harán posible la llegada de inversiones externas e internas.

En el primer caso, la salida fue rápida y profunda, con un éxito significativo; mientras que la salida del default no sólo permitió dar fin a un problema muy complejo, sino que resultó una señal contundente de gobernabilidad. El tercer acierto está íntimamente relacionado con los dos anteriores, pero también, con una política clara de cara al exterior, que se vio materializada con las visitas de presidentes de países claves. Esta nueva política internacional genera efectos comerciales, de inversión y abre una apertura impensable en los últimos años.


Resalto las nuevas reglas de juego, ya que es fundamental para generar expectativas positivas en cualquier programa económico-social.

Destaco además la salida del cepo sin sobresaltos; esto provocó el cambio de expectativas de la gente de que el nuevo gobierno iba a corregir las distorsiones. En este sentido, la política monetaria fue la correcta y fue un complemento para que la política cambiaria resultara exitosa. No obstante, faltaría una sintonía más fina en la flotación administrada para que no tengamos fluctuaciones de tipo de cambio de 10% en una semana como vimos recientemente.

Además, la solución del conflicto con los holdouts era fundamental para que Argentina vuelva a insertarse en los mercados internacionales y aprovechara el financiamiento barato que hay en el mundo de hoy. La sobredemanda que hubo por dichos bonos demostró el interés por el país y también habilitó a que muchas empresas y provincias estén emitiendo títulos de deuda con una tasa cada vez más baja. Salir del default promovió también que el riesgo país siga cayendo.


Desafíos

Existe cierta falta de timing entre las emisiones soberanas y provinciales; por ejemplo, con la provincia de Buenos Aires colocando en marzo pasado a tasas -si bien inferiores a las del pasado- un tanto elevadas por hacerlo antes de la emisión soberana. Asimismo, se plantea el riesgo de un excesivo endeudamiento externo provincial (descalce de moneda) que genere problemas de repago futuros.

También existen dudas sobre la sintonía fina en el manejo de las tasas de interés domésticas.

Cualitativamente las decisiones fueron correctas, pero los movimientos demasiado abruptos no parecen alinearse con una política de mayor previsibilidad.

Es primordial que las mejoras observadas en el plano financiero se traduzcan en mayor inversión real/productiva.


Creo que es necesario solucionar la inflación sin que esto pase por la tasa de interés. No ha sido útil tener una tasa de Lebac tan alta, ya que derivó en el freno del nivel de la actividad. En un país como Argentina, con la herencia que recibió, las variables estaban tan desordenadas que lograr equilibrar las inecuaciones sólo a través de la tasa de interés es imposible. Argentina hoy no es Estados Unidos, Japón o Alemania, países muy ordenados que con una leve corrección de tasas logran influir mucho en la actividad y por ende en la inflación. No es nuestro caso, y esta lectura ha generado además un déficit adicional muy grande (entre u$s 5000 y u$s 7000 millones). La tendencia a la baja de las tasas, demuestra lo antedicho. Debe bajarse aún mucho más.

Sin embargo, me parece muy importante destacar que la visión externa hacia esta administración es quizás inmejorable, pero todo este proceso toma tiempo, y para que influya en la vida diaria de los argentinos deberán pasar uno o dos años, siendo progresiva –obviamente– la mejoría.


Por un lado, el gobierno no logró tener resultados positivos en la población en términos de inflación y reactivación, una cuestión lógica dada la magnitud de los problemas y el corto tiempo que ha tenido. Se deberá modificar la dinámica y acelerar el ritmo para comenzar a movilizar la maquinaria del Estado Nacional en pos de la actividad.

Por otro lado, no pudo despejar todas las dudas respecto la sustentabilidad de su estrategia de solución de los problemas heredados. El principal interrogante es la cuestión fiscal, que pone en jaque la consistencia del programa económico, tiene consecuencias sobre las expectativas de inversores y ralentiza la llegada de inversiones financieras y reales.


Se habilitó entre opinión pública la idea de que falta un plan estratégico económico y social, algo que no es cierto, pero es la sensación general (incluso avalada por algunos economistas).  Esto ha llevado a una clara deficiencia en la comunicación, y poco es lo que sabe la población sobre los beneficios de corto o mediano plazo que traerán las medidas adoptadas.