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Rating AAA: Un club muy exclusivo con cada vez menos miembros

Es la calificación máxima que reciben las deudas soberanas por parte de las calificadoras. Desde la crisis subprime, la cantidad de países con ese rating quedó en 10

Rating AAA: Un club muy exclusivo con cada vez menos miembros

"No quiero pertenecer a ningún club que me acepte a mí como uno de sus miembros", fue la famosa explicación que dio en 1949 el genial Groucho Marx en su carta de renuncia al Friars Club de Beverly Hills, adonde dos años antes lo habían convencido de asociarse algunos amigos de Hollywood, sin mucho entusiasmo.

Pero este no es el caso de los países que se desviven por formar parte de otro club mucho más exclusivo, el de las deudas soberanas AAA, del que sólo hoy forman parte 10 miembros: Australia, Canadá, Dinamarca, Alemania, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Singapur, Suecia y Suiza.

En este selecto grupo, sólo se tienen en cuenta las deudas soberanas que obtienen al día de hoy la máxima calificación por parte de las tres principales agencias calificadoras: Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch. La china Dagong, creada en 2009, no forma parte de este jurado, tanto o más selecto que el club AAA, porque son los que definen en qué categoría cae cada país, y hasta ahora la agencia china no logró ser tenida en cuenta por los mercados internacionales.

Sin ir más lejos, EE.UU. y la Unión Europea (UE), las dos grandes potencias económicas mundiales junto con China, no figuran en este club porque S&P les redujo la nota triple A en los últimos tiempos.

EE.UU. perdió los favores de S&P hace ya cinco años, cuando en agosto de 2011 el gobierno de Barack Obama tuvo que lidiar con el Congreso para conseguir una autorización para incrementar el techo de la deuda que podía emitir, potestad que pertenece al Poder Legislativo. Si el Congreso no daba su visto bueno (al final lo terminó dando), el país corría el riesgo de caer en default. "La rebaja está motivada porque la consolidación fiscal acordada por el Congreso y la Administración se queda corta, de lo que sería necesaria para estabilizar la dinámica de deuda a mediano plazo del Gobierno", indicó en su momento la calificadora, informando que ésta bajaba un escalón y pasaba de AAA a AA+.

En el caso de la UE, la expulsión del paraíso financiero ocurrió en diciembre de 2013, justificada porque la Unión se veía afectada por la credibilidad de las deudas de todos los países miembro en su conjunto. "Creemos que el perfil financiero de la UE se ha deteriorado, y que la cohesión entre los Estados miembros se ha resentido. La calificación de la UE depende en parte de la capacidad y la voluntad de sus miembros para apoyarla. Las negociaciones presupuestarias de la Unión son cada vez más difíciles, lo que consideramos que supone un aumento de los riesgos al apoyo de la UE por algunos Estados miembros", sostenía en ese momento la agencia.

Visto a la distancia, el comunicado de S&P fue premonitorio. Porque dos años y medio después, el 23 de junio de 2016, los ciudadanos del Reino Unido votaban a favor de abandonar la UE, mostrando con claridad la poca voluntad del país en apoyar y acompañar la unión económica con el continente. El problema fue que esta decisión, alcanzada por una mayoría muy reducida, provocó que S&P (¡otra vez!) anunciara cuatro días después (el 27 de junio) que la deuda soberana británica perdía su carné de socia del club AAA. Y encima la bajaba de dos escalones, hasta el nivel AA.

Además, la perspectiva de la deuda pasaba a la categoría de ‘negativa‘ para la severa agencia.
Pero como en el tango hacen falta dos para bailarlo, a la UE también le cayó encima el anuncio del divorcio británico. Como si fuera un partido de fútbol en el que dos jugadores se pelean y entonces el árbitro, para quedar bien con todos, termina amonestando a los dos, la deuda de la UE también fue reducida al nivel AA.

La crisis se sigue pagando
La sangría del club AAA no es nueva, aunque tampoco viene de hace rato. En realidad, es otra más de las consecuencias que el mundo financiero sigue pagando de la crisis subprime (iniciada en 2008) y su segunda parte, la crisis de la deuda soberana europea, que tomó vuelo a partir de 2010. En este tiempo hubo una docena de países que perdieron la confianza de las tres grandes calificadoras, aunque siempre está la expectativa de salir del purgatorio y volver a ser reincorporados al club.

Si el club ya es súper selecto, son muchos menos los países que jamás perdieron su triple A, que es como decir que, en el fútbol argentino, sólo un equipo no conoce lo que es irse al descenso (Boca Juniors, en nuestro caso doméstico). En el club AAA, este privilegio le corresponde solamente a Alemania y Noruega, este último el país calificado con la máxima nota desde hace más tiempo.
Hoy, según los analistas, el que más riesgo corre de bajar de categoría es Australia.

Porque preocupa que en el corto plazo aumente la inestabilidad política (¡nada comparado con lo que esto significa en América Latina!) tras el resultado muy ajustado de las elecciones legislativas. En el caso australiano, la preocupación de los mercados y las calificadoras pasa por ver si el gobierno electo será capaz de reducir el déficit fiscal, dentro de un escenario en el que la oposición es muy fuerte y la coyuntura económica mundial no resulta favorable.
S

i bien poseer el grado de inversión máximo es muy importante para cada país (porque le abre las puertas a los inversores institucionales, obligados a colocar sus carteras en activos AAA), regresar al club no es una tarea imposible. De hecho, el último que logró la hazaña fue Holanda, al ser reincorporada en 2015 por S&P, gracias a una reactivación económica más fuerte que lo previsto. Para los analistas, el logro holandés fue realmente milagroso, porque tan sólo dos años antes su calificación triple A había sido rebajada. Y es sabido que hacen falta entre 10 y 15 años para que un país vuelva a ser admitido en el club.