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Mientras Wall Street festeja su récord, la Bolsa de Milán arrastra una decadencia de 15 años

Desde el año 2000, la capitalización bursátil de la "Borsa" se redujo a la mitad. Muchas de las grandes empresas italianas dejaron de cotizar. También pegó la crisis bancaria

Mientras Wall Street festeja su récord, la Bolsa de Milán arrastra una decadencia de 15 años

Cuando todo el mundo mira hacia los EE.UU., por los continuos exabruptos de Donald Trump, su nuevo presidente, y el rally alcista de Wall Street, que llevó por primera vez en su historia al índice Dow Jones por encima de los 20.000 puntos, pocos le prestan atención a la larga decadencia de la Bolsa de Milán.

La "Borsa" no levanta cabeza desde el año 2000, lo que le ha costado perder la mitad de la capitalización bursátil que tenía a fines del siglo XX (800 millones de euros, según Mediobanca). Si hace 16 años atrás pesaba un 2,4% de la capitalización mundial, su peso relativo se redujo aún más, hasta el 0,8%. Piazza Affari (como también se la conoce por ser su dirección en Milán) pasó del puesto 13´ al 23´ entre los mercados financieros, incluso por debajo de la bolsa de Atenas, lo que es una muestra de lo mal que andan las cosas por el recinto milanés.

Las noticias negativas no paran de sucederse en Italia, hecho que termina repercutiendo directamente en la trayectoria del índice líder italiano, el FTSE MIB. La última hecatombe financiera llegó en las últimas semanas, de la mano de la acción del grupo Fiat Chrysler, que perdió un 16% en una sola rueda. El derrumbe ocurrió tras conocerse la noticia de que el gobierno estadounidense también acusaba a Fiat de modificar sus motores diesel para minimizar el nivel de contaminación.

La alemana Volkswagen ya había transitado ese vía crucis hace un año, por trucar 600.000 vehículos en EE.UU., estafa que la obliga a pagar u$s 22.000 millones en concepto de multas y resarcimientos. Así que la noticia de Fiat cayó como una bomba, puesto que el grupo automotor es uno de los principales empleadores de la península.

Pero la crisis de Fiat podría haber sido una anécdota si no fuera por todo el contexto que se vive en el país desde hace varios años. Porque aparte de la renuncia del Primer Ministro Matteo Renzi, ocurrida a principios de diciembre de 2016, tras perder el referéndum sobre la reforma constitucional, la economía está estancada desde que empezó la decadencia de la Bolsa de Milán. La Confindustria, la principal central empresaria nacional, estima que el país creció solo un 1% en 2016, y lo mismo ocurrirá durante este año. La deuda soberana ya llega al 132% del PIB, un lastre que se vuelve difícil de sobrellevar (el pago del servicio de la deuda alcanza los 80.000 millones de euros anuales). "La economía presenta una debilidad superior a las expectativas", es la advertencia de la Confindustria.

Es que mientras esto sucede en la macroeconomía, el sector bancario sigue inmerso en una fenomenal crisis sistémica, que recuerda mucho a la que se vivió en las finanzas internacionales a partir del derrumbe subprime estadounidense en 2007. La banca peninsular convive con un "cadáver" en su placard y no sabe cómo sacárselo de encima: son en total 84.000 millones de euros de créditos incobrables, que ponen en serio riesgo la sustentabilidad de las principales entidades.

En la lista de las más afectadas por la coyuntura se encuentran Monte dei Paschi di Siena (MPS), Banca Carige, Banca Popolare di Vicenza y Veneto Banca, junto con otros cuatro bancos más rescatados el año pasado por el Estado y que todavía no encontraron un comprador. Incluso el diario Financial Times llegó a alertar del riesgo de que Italia abandone la zona euro, algo que dificulta aún más la salida de la decadencia de la Bolsa de Milán.

Que el último apague la luz

Es que ante este panorama, muchas de las grandes empresas nacionales (en su gran mayoría de origen familiar) no tuvieron otro camino que proceder a su venta a grupos extranjeros. Y esto hizo que sus acciones fueran retiradas de cotización en Milán.

El productor de neumáticos Pirelli fue comprado por ChemChina; Edison (la eléctrica más antigua de Europa), la joyera Bulgari y la Banca Nazionale del Lavoro pasaron a manos francesas; Indesit (fabricante de electrodomésticos, entre cuyas marcas está Ariston) quedó en la órbita de la estadounidense Whirlpool; mientras que Luxottica (anteojos) está siendo adquirida por la francesa Essilor, y su connacional Lactalis quiere hacer lo propio con Parmalat.

Por su lado, Benetton decidió retirar sus acciones, antes de que el recinto pierda todo atractivo, como le pasó durante tantas décadas a la Bolsa de Comercio de Buenos Aires (si se calcula su capitalización como porcentaje del PIB y se compara con otros mercados de la región como Santiago o Sao Paulo).

Quedan todavía los bancos italianos, cuyo peso relativo en el índice FTSE MIB es muy grande, y por eso se explica que la Bolsa de Milán siga tan deprimida.

Por caso, el MPS (la entidad más antigua del mundo) tuvo un derrumbe del 16% en el valor de su acción a principios de agosto del año pasado, cuando el Banco Central Europeo intimó a la entidad a reducir en un 30% su volumen de préstamos incobrables. En 10 años, el valor de la acción del MPS pasó de valer más de 8.000 euros a tan solo 15 euros en la actualidad. Hoy su cotización sigue suspendida por el regulador bursátil milanés, hasta que se conozca cómo va a ser el rescate por parte del Estado.

Si Milán fue el mercado europeo que más creció en la primera rueda del año 2017 (+1,73%), muy pronto los inversores y operadores italianos tuvieron que rendirse ante la evidencia: la "Borsa" sigue sin levantar cabeza y son cada vez menos los medios que le dedican espacio para contar su decadencia. Porque hoy todo pasa por ver hasta dónde van a llegar Trump y los récords de Wall Street.