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Mercados emergentes reciben con euforia el regreso de los inversores

Marzo resultó ser el mes con mayor flujo de capitales hacia el mundo emergente en los últimos años, justo cuando el contexto global hacía prever todo lo contrario

Mercados emergentes reciben con euforia el regreso de los inversores

¿Es un trastorno bipolar el que estuvieron sufriendo los mercados emergentes durante este primer trimestre de 2016? De un estado de profunda depresión y angustia vivido en el mes de enero, en marzo volvió la euforia al mundo emergente, aunque nadie sabe por cuánto tiempo. ¿Puede ser que el panorama haya cambiado tan rápido en tan poco tiempo?

En primer lugar, conviene empezar por el principio. Si la angustia extrema fue la nota que caracterizó a los mercados emergentes hacia fines del año pasado, pero sobre todo a principios del corriente, la principal explicación hay que buscarla por el lado de la Reserva Federal de EE.UU., cuando el 16 de diciembre cumplió finalmente con lo que venía amenazando durante casi todo 2015. La tasa de interés de referencia (de los fondos federales), que había permanecido inmóvil durante una década tras la crisis subprime, volvió a subir 25 puntos básicos, lo que generó un sudor frío en todos los operadores de las bolsas emergentes.

"El Comité de Mercado Abierto de la Fed espera que las condiciones económicas evolucionen de una manera que garantice sólo incrementos graduales de la tasa de fondos federales", fue parte del comunicado en ese momento. Para los gobiernos emergentes, la ‘gradualidad’ de esas subas se convirtió muy rápido en la nueva deidad a la que había que rezarle cada noche para no despertar su ira y evitar que se convirtiera en una alza irrefrenable de las tasas estadounidenses. Porque a mayor valor del precio del dinero en EE.UU., menor el incentivo de los flujos de capitales por asumir el riesgo de invertir en el (muchas veces opaco) mundo emergente.

Si ya el panorama venía muy golpeado por la desaceleración económica china, principal comprador de los commodities provistos por los demás emergentes, la profunda baja en el precio del petróleo y la suba en el valor del dólar (consecuencia del incremento de tasas) empezaban a generar una tormenta perfecta en varios de esos países, cuyos ingresos se reducían en paralelo al crecimiento de sus deudas en dólares.

Por caso, la crisis política que hoy vive Brasil no se explica completamente si no se tiene en cuenta el impacto de la contracción económica que sufre (-3,8% del PIB durante 2015, y un estimado de -3,5% para 2016, de acuerdo con el Banco Central brasileño). Y en Rusia la situación tampoco es mucho mejor (su producto, muy dependiente de las exportaciones de hidrocarburos, cayó un 3,7% el año pasado y moderaría su baja hasta un -1,5% este año, según el Banco de Rusia), aunque el hecho de ser una democracia de baja calidad le permite absorber mejor el costo social de la crisis.

Los idus de marzo

Como si se estuviera en la Antigua Roma, marzo volvió a ser el mes de los buenos augurios, por lo menos durante este año. Porque después del inicio profundamente depresivo de enero, durante el cual colapsó la bolsa de Shanghai y puso a todos los emergentes contra las cuerdas, en marzo llegaron las buenas noticias, que trajeron una sensación de alivio tan grande que rápidamente se transformó en euforia (un clásico de los mercados financieros, que nunca dejaron de moverse por el miedo y la codicia).

Sólo hizo falta que el 16 de marzo la Fed enviara la señal de que iba a tomarse un tiempo para seguir con la suba de tasas, y que Janet Yellen, su presidenta, pusiera negro sobre blanco al afirmar que "la Fed va a actuar con prudencia y deberemos seguir una trayectoria menor para la tasa de los fondos federales que habíamos anticipado en diciembre", para que todos salieran corriendo a comprar acciones emergentes.

Fue así que el índice de referencia MSCI Emerging Markets tuvo un crecimiento fabuloso del 21% hasta fines del mes pasado. No menos de u$s 36.800 millones volvieron en marzo al mundo emergente, bajo la forma de inversiones de cartera, un nivel de flujos de fondos que no se veía en los últimos dos años, según datos del Instituto de las Finanzas Internacionales (IIF).

Si Asia volvió a captar la mayor parte de estos fondos (u$s 20.600 millones), la buena noticia es que América Latina logró sacar su tajada (u$s 13.400 millones), un excelente auspicio para el gobierno argentino, a punto de cerrar el interminable capítulo del default y volver a acceder a los mercados de deuda. Si en enero se hablaba de las difíciles condiciones que iba a tener que afrontar la Argentina para captar nuevas inversiones, ahora parecería ser que algo del histórico ‘viento de cola‘ de principios del siglo XXI podría regresar hasta nuestras costas.

Sin embargo, visto desde el punto de vista general del mundo emergente, la euforia debería ser tomada con cuidado (como siempre pasa en los trastornos bipolares), porque nada hace suponer que este cambio de tendencia vaya a durar en el tiempo. "En ausencia de una mejora sensible de los fundamentals de las economías emergentes, el boom de los flujos de marzo se explica principalmente por el regreso del apetito por el riesgo de los inversores y la baja de las tasas de interés en los mercados maduros, alimentados por las señales sorprendentemente acomodaticias enviadas por la Reserva Federal", señaló el IIF.

Si la Fed dio un respiro a todos al postergar su anunciada suba de tasas, queda claro que éste no va a ser eterno. Por lo que cuando el organismo vuelva a aplicar política monetaria contractiva, los flujos de capitales podrían partir tan rápido como llegaron en marzo. Y la bipolaridad emergente retomar su sendero depresivo.