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“La volatilidad cambiaria ahora forma parte de las reglas de juego”

Asegura que se avanzó rápido en varios frentes y que las correcciones fueron menos traumáticas de lo esperado. Dice que en el exterior se apuesta a una “normalización”

“La volatilidad cambiaria ahora forma parte de las reglas de juego”

“En un esquema de flotación cambiaria con intervención del Banco Central (BCRA) el tipo de cambio, por sí solo, tiene que hacer parte de este trabajo de ‘contención’. Si bien aprender a convivir con ella puede llevar tiempo, la volatilidad cambiaria 09:42 p.m. 21/02/2016 ahora forma parte de las reglas de juego”, sostuvo Martin Castellano, el número dos del departamento de América Latina y responsable de Argentina en el Institute of International Finance (IIF), tras ser preguntado por este diario cómo pueden contenerse las presiones que ahora imperan sobre el tipo de cambio.

Para el economista, que previamente trabajó en el BCRA, este mecanismo permite absorber presiones aunque requiere políticas y condiciones macroeconómicas que minimicen el traspaso a precios. En diálogo con El Cronista, Castellano dijo que en un contexto externo desfavorable, la entidad monetaria aún parece estar bastante limitada en su capacidad para intervenir en momentos de volatilidad excesiva, debido al deterioro patrimonial que sufrió en los últimos años.

Castellano, quien también cubre México y Perú, se unió IIF como economista senior a mediados de 2011, una asociación global de la industria financiera con sede en Washington D.C. que asesora a más de 500 miembros distribuidos en 70 países, - entre ellos, bancos centrales, de inversión y comerciales - para desarrollar prácticas del sector.

Antes de desempeñarse en su cargo actual, Castellano trabajo por más de una década en el BCRA, donde ocupó varias posiciones. Fue jefe de Gabinete, director adjunto de Investigación Económica y consejero ejecutivo al presidente de la entidad entre 1999 y 2010. Es economista graduado de la Universidad Católica y tiene un Master en Políticas Públicas de la universidad de Chicago.

–¿Cómo es percibida hoy la Argentina en el exterior? ¿Cuáles son las expectativas respecto al país en la comunidad internacional?
–El interés por Argentina como eventual destino de inversiones a partir del viraje de la política económica es creciente. El gobierno se mostró activo en estos primeros meses, aprovechando el capital político inicial, para comenzar a corregir los múltiples desequilibrios macroeconómicos. Se avanzó rápido en varios frentes y las correcciones han sido menos traumáticas de lo que muchos esperaban. La expectativa es que se logre normalizar la economía, reduciendo la inflación, reinsertando al país en el mundo y consolidando políticas que permitan crecer en forma sostenida. Se ve a Argentina como a una economía con potencial para demandar mucho capital en los próximos años. El país, por ejemplo, actualmente recibe sólo el 5% del total del flujo de inversión extranjera directa destinado a América Latina cuando llegó a recibir 25% en el pasado.

–¿Cuáles cree que son los principales riesgos con los que deberá lidiar el país el mediano plazo?
–Hay dos factores de riesgo que el gobierno enfrenta en el corto plazo pero que tienen implicancias de mediano plazo. El primero es la negociación con los holdouts. Después de la salida del cepo, este frente abierto resulta el principal escollo para acceder a financiamiento del exterior. Perjudica a la economía de múltiples maneras: distorsiona las decisiones de inversión, impide al gobierno acceder a recursos para atenuar el impacto de las correcciones macroeconómicas, y exacerba la dominancia fiscal. El acceso al crédito externo para las administraciones provinciales y el sector privado, en la práctica, también se ve restringido.

–¿Cuál es el segundo factor?
–El segundo factor es, dada la magnitud del déficit fiscal, el estrecho camino que existe entre un ordenamiento gradual de las cuentas públicas para evitar conflictos sociales y la necesidad de conseguir progresos genuinos que procuren la sostenibilidad y apuntalen la confianza de los inversores. Con la reinserción del país en la economía global y la ausencia de controles, el nivel de actividad deja de estar “anestesiado” y pasa a depender en mayor medida de la calidad de la política económica y de su capacidad de generar confianza.

–¿Cómo evalúa las negociaciones con los holdouts?
–El gobierno se movió rápido para hacer una propuesta a los acreedores, dando los primeros pasos concretos para acercar a las partes al objetivo de alcanzar una solución mutuamente aceptable y así darle una vuelta de página definitiva al tema.

–En su informe reciente destacó las posibles presiones que podría sufrir el tipo de cambio y algo de esto se está viendo en los últimos días. ¿Cómo se pueden contener estas presiones?
–En un esquema de flotación cambiaria con intervención del Banco Central, el tipo de cambio, por sí solo, tiene que hacer parte de este trabajo de ‘contención‘. Si bien aprender a convivir con ella puede llevar tiempo, la volatilidad cambiaria ahora forma parte de las reglas de juego. Este mecanismo permite absorber presiones aunque requiere políticas y condiciones macro que minimicen el traspaso a precios.

–¿Cuando habla de volatilidad, se refiere a las presiones cambiarias?
–Actualmente las presiones cambiarias reflejan mayormente la normalización de flujos en la cuenta corriente. De todos modos, no se observan grandes desequilibrios de balanza de pagos que pudieran exacerbarlas. El tema es que, en un contexto externo desfavorable, el Banco Central, debido al deterioro patrimonial que ha sufrido en los últimos años, aún parece estar bastante limitado en su capacidad para intervenir en momentos de volatilidad excesiva. Lo más relevante en los próximos meses va a ser la evolución de la cuenta capital, que es la gran incógnita. Si el Gobierno logra recuperar el acceso al crédito externo, las eventuales presiones se van a tornar mucho más manejables. Mientras tanto, la implementación de medidas que permitan ir reduciendo las necesidades de financiamiento del Tesoro puede contribuir.

–¿Cuándo cree que Argentina podría dejar de ser considerado como país de frontera?
–La eliminación de los controles cambiarios, junto al resto de las medidas recientemente adoptadas, ha sido un gran paso en esta dirección. De todos modos, el camino es largo y no tiene atajos. En la medida en que se pueda avanzar en construir instituciones macroeconómicas sólidas y creíbles, se va a ir ampliando el acceso a un universo de inversores de largo plazo que actualmente no pueden invertir en Argentina por el nivel de riesgo que esto implica. El perfil de inversor va a ir cambiando en la medida en que se avance. Acceder a este fondeo más profundo y estable permitiría disminuir costos y alargar plazos, facilitando, por ejemplo, la inversión en infraestructura.

–¿Cuáles es su estimación del crecimiento del país para este año y el próximo?
–A pesar del costo de las medidas correctivas, estamos pronosticando una recuperación de la economía, apuntalada por la mejora en la confianza y la inversión, a partir del segundo semestre de este año. Creemos que si las políticas prudentes se mantienen y consolidan, están dadas las condiciones para que la economía crezca entre 3% y 4% el año que viene en un contexto de reducción en la tasa de inflación. Estos niveles de crecimiento estarían por encima de lo que proyectamos para el promedio de la región en 2017.