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La mejor inversión del siglo XX no logra sostener su atractivo en este nuevo siglo

Un estudio confirma que no hubo otro activo financiero con una rentabilidad tan alta desde el año 1900. Pero este siglo sufrió por las crisis financieras punto com y subprime

La mejor inversión del siglo XX no logra sostener su atractivo en este nuevo siglo

Por más que Enrique Santos Discépolo haya escrito que el mundo fue y será una porquería en el 506, y en el 2000 también, para quienes invirtieron en renta variable a principios del siglo XX, la visión pesimista del autor de "Cambalache" no se condice con el universo que les tocó vivir (y usufructuar, principalmente).

De acuerdo con un estudio publicado por el banco Credit Suisse, las acciones fueron la mejor inversión del siglo XX, con una rentabilidad muy superior a otras opciones financieras tradicionales tales como renta fija, Bonos del Tesoro, bonos soberanos, efectivo e inflación. El trabajo publicado por la entidad suiza ("Global Investment Returns Yearbook 2017") marca que en los 116 años evaluados (de 1900 a 2016), no hubo nada que pudiera competir contra la renta variable. "Para comprender los riesgos y las rentabilidades financieras, es necesario revisar los resultados en el largo plazo porque los rendimientos de los activos, y principalmente de las acciones, son muy volátiles", sostiene el estudio del Credit Suisse. "Incluso dentro de un período de 20 años podemos observar rentabilidades no habituales", agrega.

Es que durante el siglo XX (y ni qué hablar en estos primeros 16 años del siglo XXI), hubo períodos en los que las rentabilidades de las acciones pegaron saltos tan inesperados que fueron capaces de "destruir" la riqueza acumulada en los años anteriores (como, por ejemplo, durante la crisis financiera de 1929 y la Gran Depresión de los años 1930). Pero lo que plantea el trabajo es que, en el largo plazo, la renta variable es imbatible contra el resto de las alternativas de colocación financiera. Un dogma que todavía está por comprobarse en este siglo, ya que por ahora resultó mucho más rentable invertir en bonos soberanos que en renta variable.

Rendimientos incomparables

Para tener una idea de la diferencia de rentabilidad entre las acciones y los demás activos, el estudio del Credit Suisse evaluó cuánto rindió un dólar invertido en el año 1900 y "recuperado" en 2016. En el caso de la renta variable, por cada dólar, un inversor ganó u$s 39.524 116 años más tarde. Mientras tanto, si ese mismo dólar hubiera sido colocado en bonos soberanos, la ganancia caía a u$s 276 (el 0,7% de lo obtenido con las acciones), y en Bonos del Tesoro hubiera ganado tan solo u$s 74 (las demás opciones rindieron incluso menos).
Justamente, el rendimiento promedio anual de las acciones a lo largo del siglo XX, según el Credit Suisse, fue del 5,1%, muy superior al de los bonos soberanos (1,8% anual) y de los Bonos del Tesoro (0,8% por año), lo que tiene su lógica ya que los bonos son por naturaleza colocaciones más seguras y menos rentables (la inflación mundial fue, durante ese período, del 2,9% anual en promedio). Pero llama la atención la significativa diferencia entre cada alternativa de inversión, siempre visto en el largo plazo.

Según el trabajo, "entre 1900 y 2016, las acciones fueron el activo más rentable en todos los países, confirmando que, en el largo plazo, quienes tomaron más riesgo en los mercados fueron recompensados". Resulta llamativo saber que el país que ofreció la mejor rentabilidad en renta variable del siglo XX no fue EE.UU. (+6,4% anual), sino Sudáfrica (+7,2%), un mercado que posee la bolsa más grande de África (Johannesburgo) y que se desarrolló a fines del siglo XIX gracias al descubrimiento del oro.

Sin embargo, este panorama idílico no fue la realidad para la inmensa mayoría de inversores, quienes no acostumbran conservar una colocación durante tanto tiempo. Incluso hubo muchos que padecieron los brutales cambios de tendencia, como los que ocurrieron durante la Primera Guerra Mundial, el crac de 1929, la Gran Depresión, las dos crisis petroleras de los años 1970, y las dos debacles financieras de este siglo. "Muchos inversores quedaron arruinados, sobre todo quienes compraron acciones endeudándose. Esto se dio principalmente en aquellos países que más sufrieron los estragos de la guerra y de los períodos de hiperinflación que estuvieron asociados", afirma el estudio, haciendo especial referencia a Alemania de principios de los años 1920.

El reino del revés

Como se dijo, el cambio de siglo también trajo un desequilibrio profundo en los mercados financieros, que ya se venía gestando durante la década de 1990. Si en octubre de 1987 se dio un derrumbe muy significativo a nivel mundial en una misma jornada ("Lunes negro" del 19 de octubre, en el que el índice Dow Jones cayó más de un 22%), la verdadera hecatombe llegó poco tiempo después: primero con el estallido de la burbuja punto com en abril de 2000, seguido luego por el atentado terrorista a las Torres Gemelas en septiembre de 2001 y el inicio de la crisis de las hipotecas subprime en agosto de 2007.

En este período, "las acciones registraron un rendimiento real mediocre", explica el Credit Suisse, con una ganancia anual promedio del 1,9%. Fue incluso negativo en países como Finlandia, Italia o Portugal y muy débil en Japón (+0,8% por año). "En términos reales, la mayoría de los grandes mercados mundiales tardaron por lo menos 13 años en recuperar sus niveles previos a 2000". Incluso varios de ellos todavía no lograron alcanzarlo.

Mientras tanto, quienes se decantaron por la renta fija (y prefirieron arriesgar menos en un contexto tan volátil) obtuvieron una mayor recompensa: los bonos soberanos, que desde hace 30 años viven un largo "veranito", lograron batir a las acciones en 16 de los 21 países relevados. En promedio, ganaron un 4,8% anual entre 2000 y 2016, una excelente performance para el contexto vivido durante todos estos años. Su secreto fue aprovechar un entorno de tasas de interés extremadamente bajas (lo que incrementa automáticamente su valor) y una política muy intervencionista de los distintos bancos centrales. Por eso, si el mundo seguirá siendo una "porquería" para las acciones más allá del año 2016, solo el paso del tiempo lo podrá confirmar.