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La baja de tasa a 0% en Europa genera cada vez menos entusiasmo

Después de anunciar la baja de tasas y la ampliación del programa de compra de deuda, los analistas se preguntan qué queda por hacer. El plan de estímulo no convence

No puedo escuchar tanto a Wagner, ¿me entendés?... Empiezo a sentir la necesidad de conquistar Polonia". Esta genialidad de Woody Allen (que figura en el film "Misterioso asesinato en Manhattan"), hoy podría ser parafraseada por millones de alemanes, quienes cada vez más se encuentran ante la situación de que "seguir escuchando" a Mario Draghi les genera unas ganas tremendas de tomar por asalto el Banco Central Europeo (BCE).
La exasperación que se vive por estas horas en Alemania contra el presidente del máximo organismo monetario de la zona euro tiene que ver con las últimas medidas anunciadas el jueves pasado, pero también con la política dirigida desde la entidad a partir de 2011, cuando Draghi asumió el cargo. Si el reclamo de los alemanes se centró desde el principio en la decisión de que el BCE adoptara medidas de política monetaria tendientes a sostener la actividad económica (en detrimento de preservar el valor de la moneda, pilar de la creación del banco desde su fundación en 1998), hoy la bronca se mezcla también con la angustia que genera en el país la llegada masiva de más de un millón de refugiados.
"Draghi reloaded"; "El BCE no está sometido a ningún control democrático"; "En camino hacia la ruina del futuro de Europa"; "El BCE va a provocar daños colaterales enormes", son algunos titulares de la prensa alemana, que se hace eco del malestar de la clase dirigente y de la población respecto de las últimas medidas anunciadas por el banco.
Lo que se anunció como una baja de tasas hasta el 0% y una ampliación del programa de compra de deuda hasta los 80.000 millones de euros mensuales es percibido por los alemanes como un trágico error que no va a servir para sacar a la zona euro del estancamiento en el que se encuentra y va a provocar burbujas especulativas más adelante. Además, la decisión de "pagar" a los bancos para que presten dinero a las empresas y particulares (al ofrecer una tasa de facilidad de depósitos al -0,4%), tampoco va en el sentido que ellos esperan, de protección de la moneda común.
El presidente del BCE eligió él mismo el camino equivocado. Deprecia el dinero sin generar crecimiento. En lugar de eso, expropia de facto a los ahorristas y se priva de tener herramientas contra una crisis verdadera que pronto podría afectar a todo el mundo. Los especuladores y los políticos se acostumbraron al dinero barato como si fuera una droga, el cual tiene que resolver todos sus problemas. En cambio, todos deberíamos sentir los efectos secundarios. El presidente del BCE prendió fuego a todo su arsenal. ¿Con qué dinero va a sostener a Europa si vuelve a ocurrir una nueva gran depresión al estilo de la de 2008?", fue el duro editorial del diario Süddeutsche Zeitung.

¿Esta vez será diferente?

El problema es que hasta ahora los estímulos monetarios presentados por Draghi tampoco alcanzaron el resultado esperado, así que los analistas se empiezan a preguntar por qué esta vez sí tendría que ser diferente. Queda claro que para los mercados, que siga habiendo dinero barato es una gran noticia y, de hecho, las bolsas de Frankfurt y París cerraron el viernes con subas superiores al 3% cada una.
Pero la sensación general es que, como sostuvo el diario financiero alemán Handelsblatt, "los mercados perdieron la confianza en Draghi. El BCE cavó un pozo del que apenas puede salir y sigue cavando más profundo".
De hecho, la entidad tuvo que revisar las últimas previsiones económicas para la zona euro que formuló en diciembre. Si hace tres meses atrás esperaba un crecimiento del PIB del 1,7% en 2016, ahora lo evalúa del 1,4%, y una tasa de inflación anual mucho más reducida (del 0,1%), contra el 1% que había previsto en diciembre.
Si la política de relajamiento cuantitativo (QE), que es inspiración de la aplicada por la Reserva Federal de los Estados Unidos y a la que ahora el BCE le ha agregado más músculo, permanece sin dar grandes resultados (la economía y la inflación siguen sin arrancar), ¿qué le queda por hacer al organismo para convencer a los mercados de que esta vez sí es la buena?
"No podemos seguir tan hacia abajo como desearíamos", confirmó Draghi durante su conferencia de prensa. Por más que sostenga que funciona su política de QE (lanzada en 2014), queda claro que le acaban de dar una inyección de anabólicos para que mejore los resultados.
Los analistas se muestran escépticos respecto de las medidas y no lo ocultan: para Greg Fuzesi, del JP Morgan, "el BCE decepcionó en su señal avanzada sobre las tasas y en su objetivo de inflación", mientras que en la visión de Nicholas Spiro, de la consultora Lauressa Advisory, "para un banquero central que se enorgullece de su talento verbal en sus intervenciones, resulta increíble que el señor Draghi dé el paso en falso de descartar pronto nuevas rebajas de las tasas de interés".
En cierta ocasión, el economista estadounidense John Kenneth Galbraith explicó que aplicar la pena de muerte era una señal equivocada hacia los delincuentes, porque se les estaba mostrando que el Estado no tenía herramientas eficientes para combatir el delito sin tener que recurrir a la pena máxima. Y que eso incentivaba los crímenes más violentos, en lugar de disuadirlos. Respecto de las últimas medidas del BCE, el temor de los analistas va en el mismo sentido: que en realidad Draghi esté mostrando que su arsenal se quedó sin pólvora.