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La UE endurece requisitos para los bancos de EE.UU. y el Reino Unido

Acaba de anunciar que los va a obligar a crear holdings en Europa para operar en la zona euro. Para los analistas, es un paso más en la batalla negociadora que se avecina

La UE endurece requisitos para los bancos de EE.UU. y el Reino Unido

"Los buenos guerreros hacen que los adversarios vengan a ellos, y de ningún modo se dejan atraer fuera de su fortaleza". ¿Estarán los funcionarios de la Comisión Europea (CE) siguiendo al pie de la letra las enseñanzas de Sun Tzu y su "Arte de la Guerra"? Porque frente al gran combate que se avecina (y se intuye) por redefinir buena parte del mapa comercial y financiero del mundo, la Unión Europea (UE) ya empezó a mostrar los dientes ante lo que prometen ser sus dos principales desafíos negociadores a partir del año 2017: la salida del Reino Unido de la UE (el ya famoso Brexit) y la revisión de los acuerdos bilaterales entre EE.UU. y Europa por parte del presidente electo Donald Trump.

Si el mundo vivió dentro de una relativa estabilidad en las relaciones internacionales después del fin de la Segunda Guerra Mundial (el último gran conflicto global), fue gracias (y a causa de) la "pax americana", en la que EE.UU. conservó la supremacía económica, financiera, comercial, política y militar por encima del resto. Desde el punto de vista de los mercados, el nacimiento del FMI y del Banco Mundial permitió que estos organismos fueran testigos de la estabilidad que se mantuvo por más de 60 años.

Pero los tiempos han cambiado, por lo que el advenimiento de China como potencia económica global a partir de principios del siglo XXI (secundada, en menor medida, por un grupo de países emergentes), se convirtió en el mayor desafío a ese statu quo existente desde 1945. Que se profundizó tras la crisis subprime estadounidense en 2008 y de la deuda soberana europea a partir de 2010, cuando quedó claro que la economía mundial necesitaba del mundo emergente para sostener el crecimiento y evitar la depresión.

Es también a raíz de este nuevo escenario que comenzaron a surgir fuerzas internas en los dos gigantes comerciales (EE.UU. y la UE) reclamando un cambio de visión de las relaciones internacionales. El Brexit británico fue un primer llamado de atención de que la integración europea empezaba a ser cada vez más resistida por los mismos habitantes de la unión. Mientras que la victoria de Trump, desde el principio considerada como una reacción contra los vicios del sistema (igual que el Brexit), se explicó además por el mismo atractivo de rever el orden establecido.

Para la UE, la salida del Reino Unido y las amenazas de revisar los acuerdos ya establecidos por parte del próximo gobierno estadounidense han disparado las mayores alertas, empezando por el tratado comercial más ambicioso previsto entre ambos bloques, la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés).

"El TTIP es una locura, jamás se debería permitir. Es un acuerdo enorme de 5600 páginas que nadie entiende. El TTIP está controlado por los lobbies de las multinacionales de Washington y los acuerdos comerciales han de ser entre países", afirmó Trump durante la campaña. Pero también puso en duda el mayor tratado militar del mundo (la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN) que ya lleva casi siete décadas y que es fundamental para los europeos como protección frente a las amenazas del expansionismo ruso.

Los bancos entran en la pelea

Es dentro de este contexto de incertidumbre (en realidad, hoy nadie sabe a ciencia cierta qué va a cumplir Trump cuando sea presidente de todo lo que ya viene prometiendo) que la CE decidió endurecer las condiciones para que los bancos no comunitarios puedan operar dentro del territorio común.

La propuesta presentada la semana pasada prevé imponer a los bancos sistémicos, así como a las entidades que administren activos de por lo menos u$s 32.000 millones, que reagrupen sus sucursales en holdings o algún otro tipo de casa matriz basada en Europa. Estos holdings deberán cumplir con el estándar TLAC ("Capacidad de Absorción de Pérdidas") que exige reservar una parte de los fondos propios para enfrentar una eventual quiebra. Lo que significaría mayores costos para adaptarse a la nueva normativa comunitaria.

Para los analistas, ésta es una "devolución de gentilezas" a la medida tomada por EE.UU. en 2013, cuando decidió reforzar las reglamentaciones exigidas a los mayores bancos extranjeros, con la excusa de evitar otra crisis como la de 2008. En ese momento, la UE acusó a EE.UU. de proteccionismo encubierto, lo que ahora estaría repitiendo la CE. "No se trata de represalias ni de restringir el acceso al mercado europeo. El único objetivo es el de facilitar eventuales resoluciones. Esto acarreará ciertos costos para las entidades, pero los costos serían mucho mayores para la economía y los contribuyentes europeos en caso de quiebra de un banco", explicó Valdis Dombrovskis, vicepresidente de la CE.

Para el Reino Unido, el costo real del Brexit ya empieza a notarse, incluso antes de que se abran las negociaciones para definir los términos del divorcio. Según el analista Nicolas Véron, del think tank Bruegel, "es una señal de una posición dura frente a los británicos, porque esto crea, antes del Brexit, restricciones adicionales para los bancos establecidos en Londres. Los británicos podrían interpretarlo como una puñalada por la espalda antes de empezar a negociar".

En realidad, tal vez sería mejor evaluarlo desde una perspectiva más amplia, y considerar esta medida como un ítem más dentro de una gran negociación que ya se inició para definir el nuevo orden económico y financiero mundial. En el que todos van a jugar al póker durante muchos años, para tratar de conseguir las mayores ventajas (incluyendo a China y a los países del área del Pacífico).

Sin embargo, no está de más recordar lo que también dijo Sun Tzu: "No hay ningún país que se haya beneficiado con guerras prolongadas". Y esta que empieza no parece ser del estilo "Blitzkrieg" o relámpago.