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La City de Londres no quiere perder el ‘pasaporte’ para la zona euro

La Comisión Europea evalúa modificar el acceso sin restricciones a las entidades británicas que quieran seguir operando en el continente

La City de Londres no quiere perder el ‘pasaporte’ para la zona euro

Cada vez falta menos para que se escuche la famosa frase del boxeo "¡Segundos afuera!" y suene la campana que anuncie el inicio de las negociaciones por el Brexit. La salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), aprobada por referéndum en junio pasado y que marcó un verdadero terremoto político a ambos lados del Canal de la Mancha, promete ser dura y dolorosa.

Y entre los que más la van a sufrir se encuentra el sector financiero británico, por estos días más que preocupado por no perder el privilegio de acceder libremente a los mercados continentales.

Lo que se conoce como el "pasaporte" en la jerga de la City de Londres, no es ni más ni menos que el derecho de seguir ofreciendo sin restricciones los productos y servicios financieros de las entidades basadas en el Reino Unido a clientes residentes en la UE. Un mercado fabuloso para todos los bancos británicos, con más de 400 millones de potenciales clientes, que por estos días corre el riesgo de perderse por la decisión de los ciudadanos del Reino Unido de recuperar su autonomía política y económica.

Más allá de las declaraciones que hasta ahora van y vienen entre las autoridades de la Comisión Europea (CE) y de los principales gobiernos continentales por un lado, y del gabinete de la Primera Ministra Theresa May por el otro, la realidad marca que todavía no se atravesó la etapa inicial de la esgrima verbal.

Recién a fines de marzo se activará el mecanismo de separación de la UE (el gobierno británico tiene que cumplir con este requisito), para dar comienzo oficialmente a dos años de negociaciones que todos anticipan como muy difíciles.

Fin del acceso irrestricto

En ese sentido, la CE ya está advirtiendo del tono en que se manejará con respecto al sector financiero londinense una vez que se active el Brexit.

De acuerdo con un texto citado por el Financial Times, la Dirección General de los Mercados Financieros de la CE presentó un memorándum interno en el que reafirma el mayor temor entre los ejecutivos y operadores de la City: una vez retirados de la UE, el sector financiero británico perderá su preciado "pasaporte" y, a continuación, deberá conseguir una autorización para volver a operar en los mercados europeos.

Si bien el memorándum no se refiere específicamente al Reino Unido ni al Brexit (en realidad hace referencia a los mecanismos de funcionamiento de los "regímenes de equivalencia", es decir los acuerdos con otros países cuyas regulaciones financieras son similares a las de la UE), sí plantea una reforma de estas equivalencias.

Si se guiara por la actual reglamentación, la City cumple hoy con todos los requisitos para seguir ingresando libremente a la UE, ya que sus regulaciones financieras se encuentran en línea con las del resto del mercado común desde hace rato.

Sin embargo, y ese es el punto que más preocupa a los británicos, la CE pasaría a decidir "bajo su único criterio" si se siguen cumpliendo estas equivalencias.

El memorándum reafirma el derecho de la CE a realizar una evaluación "proporcional y basada en el riesgo", "caso por caso, sector por sector y país por país".

Y, sobre todo, recomienda un control mucho mayor respecto de los "países con fuerte impacto". Para los ejecutivos londinenses, el texto está claro: los grandes grupos bancarios británicos no tendrán las puertas abiertas de par en par cuando el Brexit haya concluido. Porque además, el documento filtrado sugiere fijar, en algunos mercados europeos, techos de actividad máxima autorizada a compañías de países extranjeros.

Crece la supervisión

Como frutilla del (indigesto) postre que se empieza a cocinar en la CE para regalarle a la City, las autoridades comunitarias también consideran fundamental una verdadera "supervisión continua" de las regulaciones de los países que no pertenezcan a la UE y que quieran operar en suelo europeo, otorgando un rol más activo a la ESA, el organismo de control de los mercados financieros continentales.

Para Nicolas Veron, economista del Instituto Bruegel, "la CE le indica claramente a Londres que la equivalencia no es un pasaporte bis. Es lógico. La idea no es cerrar la puerta a los capitales ingleses, pero sí garantizar una intermediación europea. En una visión de mediano y largo plazo, una intermediación offshore no puede ser aceptada. No se trata de una señal proteccionista, sino de sentido común".

El problema es que las autoridades británicas (y principalmente las de la City) ven cómo se van cerrando las opciones de sostener el statu quo financiero entre Londres y el resto de Europa sin perder los privilegios adquiridos. Lo que implicaría tener que reducir el tamaño del sector basado en el Reino Unido para relocalizar una parte en el continente. Y esto es sinónimo de menores negocios, menores ingresos y bonus menos espectaculares a fin de año.