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Inversores se lanzan otra vez a la compra de activos riesgosos

En un mes, el miedo por la crisis china, la caída del crudo, la deflación europea y una posible recesión en EE.UU.  se transformó en euforia.

Inversores se lanzan otra vez a la compra de activos riesgosos

Por qué será que una de las imágenes más poderosas que quedaron del naufragio del Titanic sea la de los pasajeros de Primera Clase bailando junto a la orquesta, mientras el barco se hundía lentamente? 
La realidad fue bien distinta: diversos historiadores confirmaron que no existió tal baile, porque el día del hundimiento era domingo, y los barcos británicos no ofrecían programas bailables esos días. Sin embargo, aún queda la metáfora del Titanic como imagen de alguien que asume un riesgo excesivo y no percibe el peligro que lo acecha (o no lo tiene en cuenta). 

Algo así como lo que hoy viven los inversores de todo el mundo y su nuevo apetito por los activos riesgosos, más allá de que hace tan sólo un mes atrás la sensación era de que se aproximaba otra crisis financiera global. 

A mediados de febrero pasado, la aversión por el riesgo de los mismos inversores era muy elevada: el ano había comenzado de la peor manera, con la crisis bursátil en China, disparadora de todas las dudas de los analistas respecto de la solidez de su economía. Al ser un país bastante poco transparente en cuanto a información estadística, nadie sabía a ciencia cierta en qué condiciones se encontraban las cuentas fiscales y el nivel de endeudamiento público y privado. 


Los riesgos siguen ahí y los bancos centrales tienen cada vez menos recursos para ahuyentarlos


La brutal corrección de los mercados chinos fue un recordatorio de que la bonanza tal vez se sostenía sobre bases demasiado frágiles, un planteo que provocó una brutal fuga de capitales (superó el 15% del PIB durante el ano pasado, según el Deutsche Bank). 

Por otra parte, el derrumbe del precio del barril de crudo (llegó a tocar los u$s31, cuando en junio de 2014 estaba en u$s104) también fue un indicador de que la economía mundial se desaceleraba, una pésima noticia para los mercados internacionales, a la que se le agregó la deflación provocada por los demás commodities, pendientes de la situación de China y del exceso de oferta. 

Además, el riesgo permanente de implosión de la Unión Europea, con un estancamiento económico que no logra revertirse (y que recuerda mucho al que vivió Japón en los anos 1990), potenciado ahora con la posible salida del Reino Unido (el famoso “Brexit”). Un cóctel que hizo pensar a más de un analista en la imagen de una tormenta perfecta, de ahí que no sorprendiera que el índice VIX (que mide la volatilidad global y que también es conocido como “índice del miedo”) se duplicara en la primera quincena de enero. 

Steen Jakobsen, economista en Jefe del Saxo Bank, afirmaba en ese momento que ‘para sobrevivir en 2016, hará falta que las incertidumbres geopolíticas no se agraven, que el dólar se mantenga bajo y que China se estabilice‘.

Sol después de la tormenta?

No se sabe a ciencia cierta si Jakobsen hizo algún tipo de invocación a los dioses, pero la realidad muestra que 30 días más tarde, muchos de sus deseos se hicieron realidad, por lo menos a primera vista. 

Si el crudo parecía que iba a seguir su brutal rally bajista (ya había superado los mínimos de 2004), el reciente repunte de su precio (superó la barrera de los u$s40) fue un bálsamo para los mercados. La causa de este respiro fue el anuncio de que los países exportadores podrían acordar un ajuste en la oferta para mediados de abril. 

Esto se sumó a la reciente senal de la Reserva Federal de mantener sin cambios su tasa de interés de referencia y avisar que no pensaba en grandes modificaciones durante 2016. Como el valor del crudo se mide de manera inversamente proporcional a la fortaleza del dólar, el anuncio de la Fed impulsó automáticamente el precio del barril y mantuvo en niveles bajos el dólar. 

Además, se suman las recientes medidas del gobierno chino para estabilizar su economía y que, de acuerdo con los analistas, parecerían estar surtiendo efecto, junto con la publicación de nuevos indicadores económicos estadounidenses que disiparon las dudas que había sobre la recuperación económica. Esto permitió también que el índice VIX se retrajera y volviera a niveles más calmos (después de tocar un 28%, ahora alcanzó un 16%). 

De esta forma, los inversores perdieron rápidamente el miedo y recuperaron la codicia (que es el otro gran “combustible espiritual” que alimenta a los mercados) para abalanzarse sobre los activos más riesgosos (si tenemos suerte, la Argentina puede entrar en ese combo, a condición de cerrar el tema holdouts). 

En ese sentido, según datos del Bank of America Merrill Lynch (BofA), en la primera semana de marzo, los fondos de acciones captaron un total de u$s4.500 millones de ingresos netos, algo nunca visto desde principios de 2016 (y eso que todavía no terminó el primer trimestre) y que se explica también por la baja del dólar. 

A pesar de esta euforia, para el BofA “los activos riesgosos no están lejos de su máximo", porque los peligros de enero siguen presentes y los bancos centrales tienen cada vez menos herramientas para ahuyentarlos. Una visión en la que coincide Société Générale: "a pesar de que los riesgos tiendan a disminuir últimamente, los mercados deberían mantenerse alerta”. 

La entidad estimó el riesgo de Brexit en un 45%, de aterrizaje brutal de China en un 30% y de recesión mundial en un 20%. Si el Titanic no tuvo orquesta ni bailarines en su noche fatídica, hace rato que los mercados tienen un ballet estable de inversores que se hunde con los activos riesgosos cada vez que el pánico invade a las bolsas.