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Mauro Roca, de Goldman Sachs: "Hoy sería infructuoso tratar de ganar competitividad con más devaluación"

En un contexto de alta inflación, todavía carente de un ancla monetaria sólida, no serviría recurrir a un peso más débil. Cualquier ganancia transitoria se esfumaría ante una mayor presión inflacionaria. Cree que con la unificación cambiaria se corrigió en gran medida el atraso en el tipo de cambio

"El objetivo de reducir el déficit fiscal en solo 1% durante este año ofrece beneficios inmediatos pero también incrementa los riesgos del no cumplimiento de los objetivos de largo plazo", advierte Mauro Roca, economista senior de América Latina para Goldman Sachs.

En diálogo con El Cronista, el profesor de economía de la Universidad de Columbia, sostuvo que "la aceleración esperada" en la consolidación fiscal en los próximos años podría no materializarse ante una recuperación económica más débil que lo proyectado por el Gobierno o una mayor resistencia política, sobre todo en los años electorales, sostuvo.

Roca se desempeñó como estratega senior de mercados emergentes y economista de Deutsche Bank. Además, ocupó cargos similares en Barclays y Lehman Brothers. Antes de comenzar su carrera en Wall Street, Roca fue economista del Fondo Monetario Internacional y analista financiero en el Banco Central argentino.

–¿Cómo evalúa la salida del cepo cambiario?

–La unificación del mercado cambiario ha sido muy exitosa. Se logró corregir súbitamente la principal distorsión de precios relativos, el atraso cambiario, sin que se produjera un overshooting en la cotización del dólar o un exceso de volatilidad cambiaria. Tal vez lo más importante es que se eliminaron rápidamente un conjunto de restricciones cambiarias que estaban ahogando la actividad económica e imposibilitando la entrada de esos mismos capitales que supuestamente querían retener.

–Varios economistas consideran que el peso debería devaluarse aún más para ganar competitividad frente al real. ¿Cuál es su visión?

–De acuerdo a nuestras estimaciones, la depreciación originada en la unificación cambiaria corrigió en gran medida el atraso cambiario situando el tipo de cambio cerca de su valor de equilibrio. Es cierto, sin embargo, que un tipo de cambio ligeramente más débil, incluso más depreciado que su valor de equilibrio, podría ayudar a la reactivación económica durante la transición, pero a costa de una mayor presión inflacionaria. En un contexto de alta inflación y carente todavía de un ancla monetaria sólida, resulta infructuoso tratar de ganar competitividad por medio de una depreciación del tipo de cambio nominal. Cualquier ganancia transitoria que pudiera obtenerse por esa vía se esfumaría rápidamente ante una mayor presión inflacionaria.

–¿Cree que el gobierno podrá cumplir con la meta de inflación de llegar al 20-25% este año?

–El reciente manejo de la tasa de interés y, sobre todo, la reducción en la tasa de crecimiento de los agregados monetarios claramente van en línea con este compromiso. Sin embargo, y a pesar del significativo cambio de política monetaria, existen factores de corto plazo que pueden atentar contra el cumplimiento de la meta de inflación para este año. En particular, la inflación probablemente mostrará una inercia importante durante los primeros meses, debido al traspaso a precios de la devaluación de la moneda, el ajuste de tarifas eléctricas y los efectos rezagados del importante impulso monetario que tuvo lugar durante los últimos meses de la administración previa. De todas formas, la inflación seguramente tenderá a desacelerarse durante la segunda parte del año.

–¿Cuál es su visión respecto al plan del gobierno para reducir el déficit fiscal?

–La estrategia del gobierno supone una corrección más gradual del desbalance fiscal. El objetivo de reducir el déficit fiscal en solo 1% durante este año ofrece beneficios inmediatos pero también incrementa los riesgos del no cumplimiento de los objetivos de largo plazo. Por un lado, una menor consolidación fiscal durante este año disminuye los potenciales efectos negativos de corto plazo sobre la actividad económica y la inflación, ya que una parte importante de esta consolidación se lograría vía la reducción de subsidios económicos. Por el otro, la aceleración esperada en la consolidación fiscal en años venideros podría no materializarse ante una recuperación económica más débil que lo proyectado por el gobierno o una mayor resistencia política, sobre todo en los años electorales.

–El gobierno está en plena negociación con los holdouts. ¿Cuáles creen son los principales riesgos que podrían dilatar un acuerdo?

–Dada la manifiesta voluntad de regularizar definitivamente el problema de la deuda externa, las principales dilaciones solo podrían darse por la dinámica propia y esperable de una negociación de un tema complejo con varios actores involucrados. Por un lado, habrá una negociación externa con un gran número de holdouts, que incluye los litigantes originales que obtuvieron el fallo a su favor y los "me-too" que se han sumado recientemente, y por otro, una negociación interna con las demás fuerzas políticas para lograr un resolución consensuada y abolir las leyes Cerrojo y de Pago Soberano en el Congreso. Por el momento, no existen indicios para poner en duda que las negociaciones lleguen a un buen puerto en un periodo razonablemente corto.