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Europa se queda sin trucos y no encuentra cómo revivir al paciente

Tasas cerca de cero, enorme liquidez para los bancos, tipo de cambio alto, gran plan de inversiones públicas, reformas presupuestarias y fiscales, y nada

Europa se queda sin trucos y no encuentra cómo revivir al paciente

Como si fuese una especie de Bella Durmiente, la zona euro no logra salir de su letargo de crecimiento económico que ya lleva ocho años, después de aquel robusto 3% anual que lució en 2006 y 2007, justo antes de que estallara la crisis subprime. La preocupación de las autoridades de la Comisión Europea (CE) y del Banco Central Europeo (BCE) es evidente, puesto que ya no les quedan muchas municiones en su arsenal de medidas de política monetaria y económica para cambiar la tendencia.

Y, como en Economía y Finanzas las expectativas de los consumidores e inversores son fundamentales para salir de una crisis, percibir que ninguno de estos médicos brujos da con el remedio para revivir al paciente genera bastante desconcierto y desconfianza respecto de la receta que están aplicando.

Por eso no extraña que ya haya empezado a hacerse oír una discusión que hasta ahora se mantenía en sordina entre el BCE por un lado, y algunos gobiernos de la zona euro por el otro (capitaneados por Alemania), que pone en duda toda la política monetaria llevada adelante para sacar a la zona euro del letargo (en el cuento de los Hermanos Grimm, la Bella Durmiente termina durmiendo un siglo; todavía nadie en su sano juicio se imagina un proceso de estancamiento muy largo, pero Japón es el ejemplo de una deflación que aún hoy no se termina de superar y que se inició hace 25 años atrás...).

Prueba de que el conflicto está escalando fue el hecho de que el mes pasado el ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schäuble acusó al BCE y a su presidente, Mario Draghi, de llevar una política monetaria contraria a los intereses de los ahorristas germanos (porque las bajas tasas de interés hacen que sus inversiones y depósitos bancarios rindan menos) y provocar, por ende, el crecimiento del partido extremista AfD (‘Alternative für Deutschland‘, a favor de la disolución de la zona euro).

La respuesta de Draghi llegó la semana pasada, cuando en un discurso acusó de la situación de estancamiento a los distintos gobiernos. "Las medidas recomendadas por el BCE no son un fin en sí mismo, sino que son la respuesta a una gobernanza económica insuficiente que llevó a la crisis en la zona euro", afirmó el máximo funcionario, y recordó que los ahorristas alemanes tenían toda la libertad de invertir en otros instrumentos más rentables si consideraban que no les convenía guardar su dinero en los bancos.

Números que no cierran

Lo que los mercados financieros ven con preocupación es que las autoridades comunitarias han venido probando distintas medidas para relanzar la economía común y las cosas siguen en su mismo lugar, o casi sin cambios. De lo que recomienda la teoría económica, casi todo se ha probado para que el paciente salga de terapia intensiva.

Desde el lado del BCE, la baja de tasas de interés de referencia nominales hasta niveles cercanos a cero (las reales en terreno negativo) debería haber sido una señal para impulsar el crédito barato y que las empresas volvieran a invertir y a contratar más personal, o que los consumidores se animaran a gastar más. También por el lado de la política monetaria, cuando la baja de tasas demostró no ser un estímulo suficiente, se adoptó un programa de expansión monetaria similar al "Quantitative Easing" de la Reserva Federal en EE.UU., donde sí dio resultado y ayudó a alcanzar la reactivación.

En Europa, en cambio, todavía tiene que demostrar su utilidad, algo que es muy criticado por la clase política alemana, que teme una futura inflación descontrolada por emitir tanto dinero (cualquier similitud con la Argentina de los últimos años es una coincidencia muy lejana).

Por el lado de la CE, se puso en marcha un plan de inversiones públicas de 350.000 millones de euros para ser realizadas hasta 2018. Según Pierre Moscovici, comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, "el programa está avanzando bien y ya se aprobaron líneas de financiamiento por 82.000 millones de euros para cientos de proyectos en 25 países. Están en la fase de puesta en marcha y su impacto se notará a partir del año próximo".

Pero también en los 19 países de la zona euro se adoptaron reformas estructurales, fiscales y presupuestarias (en algunos más profundas, en otros menos) que deberían haber generado el terreno propicio para impulsar un desarrollo sostenido. El resultado, decepcionante, lo comunicó el mismo Moscovici hace pocos días atrás: "el crecimiento europeo se va a mantener positivo pero moderado durante 2016 y 2017, en niveles cercanos a los del año pasado. Nuestro crecimiento es, por lo tanto, estable".

En realidad, lo que los números muestran es que hubo que rever las previsiones hacia abajo: si 2016 va a dar un 1,6% de suba del PIB (después de 1,7% en 2015), para 2017 se espera 1,8% anual. Demasiado poco para festejar.

Y, encima, el mercado del empleo tampoco exhibe buenos datos. "La tasa de desempleo todavía es demasiado elevada [10,3% en 2016, N.del R.] y hay que seguir haciendo esfuerzos, para reducir el subempleo entre los jóvenes y los desempleados de largo plazo", afirmó el funcionario.

Además, este escenario se da dentro de un contexto internacional de precios bajos del petróleo (lo que aumenta el poder adquisitivo de los consumidores y las empresas) y del tipo de cambio alto (que debería impulsar las exportaciones europeas).

Pero como la economía mundial se está desacelerando, la zona euro se mantiene vulnerable dentro de este contexto. Y mucho más si se tiene en cuenta cómo crecen los partidos políticos extremistas que plantean que la zona euro es el problema y no la solución, a diferencia de lo que fue el caso hasta ahora. Si los médicos no reviven rápido al paciente, la turba lo va a terminar de liquidar.