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Equipo de rivales: Lincoln y la estrategia de Macri

por  MARCOS BUSCAGLIA

Socio de Alberdi Partners
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Equipo de rivales: Lincoln y la estrategia de Macri

En su fascinante libro sobre el gabinete del presidente Abraham Lincoln, "Team of Rivals" (Simon & Schuster, 2005), Doris Kearns Goodwin cuenta como Lincoln llevó a ex rivales suyos de la primaria Republicana y a importantes políticos Demócratas a su gabinete. Todos eran más conocidos y tenían mejor educación que Lincoln, pero pronto quedó claro que él era el capitán de este verdadero equipo de rivales.

Salvando las distancias, Mauricio Macri ha elegido una estrategia análoga a la de Lincoln, y tendrá una tarea análoga también, mediando entre colaboradores altamente preparados, de ideas firmes, y a veces con objetivos encontrados.

La adaptación al sistema de management de Macri no está exenta de costos, tanto de incompatibilidad de objetivos como de comunicación. El sistema de management de Menem consistió en delegar decisiones en sus ministros, pero contando con un ministro que era un primus inter pares, Cavallo. Las disonancias decisorias y de comunicación eran menores. El sistema de management de los Kirchner radicó en rodearse de ministros de poco nivel y concentrar las decisiones, y la comunicación de las decisiones, en ellos mismos (por ejemplo, vía cadenas nacionales). Las disonancias eran intolerables e inexistentes.

El sistema de management de Macri da lugar a algunos desencuentros y problemas de comunicación, sobre todo hasta que todos nos acostumbremos a esta nueva realidad, pero no me caben dudas que a la larga es el mejor sistema. Quizás en la etapa inicial de rebalanceo de la economía la existencia de un ministro de economía con más poder hubiese sido ideal.

Pero si pensamos que el ministro de economía actual parece poco adepto a encarar el principal problema macro que enfrenta la Argentina -el déficit fiscal-, nos damos cuenta que un sistema con el poder repartido es aún más adecuado. En el sistema actual, Macri asignó tareas a cada uno de sus colaboradores; por ejemplo, bajar la inflación a Sturzenegger, aumentar la producción de petróleo a Aranguren, conseguir el apoyo de los gobernadores a Frigerio, y hacer un ajuste fiscal moderado a Prat Gay. Macri parece apoyar a cada uno de sus colaboradores en estas tareas, aunque a veces se tornen incompatibles entre sí.

El éxito de la coalición Cambiemos descansa en su capacidad de volver a hacer crecer la economía. La historia argentina muestra que, para un presidente, la popularidad y el dinero con el que cuenta su gobierno son factores mucho más importantes para hacer avanzar su agenda política que el número de legisladores con el que cuenta. El responsable de que la economía repunte es, al final de cuentas, el propio presidente, con lo que creo que Macri va a ir pidiendo a sus colaboradores que se enfoquen cada vez más en el tema crecimiento.

Los economistas sabemos cómo bajar efectivamente las inflaciones. Con un equipo idóneo como el que tenemos en el BCRA, estoy convencido que la inflación va a caer a niveles más tolerables en el segundo semestre. Volver a hacer crecer una economía sí que es más difícil: ello depende de los "animal spirits" de los empresarios. Estos tienen que tener condiciones de rentabilidad y un horizonte de estabilidad política y económica que los lleve a tomar decisiones de inversión y contratación de personal.

Es importante que el presidente encare con un criterio económico y no uno voluntarista la dirección de su ‘equipo de rivales‘ para lograr que la economía vuelva a crecer en el segundo semestre. Programas parciales como algunos que se han anunciado estos días, como los destinados a las Pymes, créditos hipotecarios especiales o la licitación de energías renovables son inútiles para lograr hacer arrancar a la economía. A veces me parece estar leyendo un diario de Brasil cuando Guido Mantega era ministro de economía al leer estos titulares. El resultado de este tipo de políticas en Brasil está claro.

Para que la economía crezca se necesitan tasas de interés más bajas, un tipo de cambio más depreciado, y una menor presión impositiva, todo lo cual permitiría mejorar la rentabilidad empresaria. Con un costo de capital tan alto como el actual, la inversión no será tan elevada como la que espera el gobierno.

Con un tipo de cambio como el actual, muchos sectores exportadores están en problemas. En mis charlas con empresas de distintos sectores no encuentro muchas que tengan tasas de rentabilidad alta fuera de algunas actividades del sector agropecuario. Para poder bajar tasas y tener un tipo de cambio más alto, sin volver a alimentar la inflación, se requiere ajustar aún más la política fiscal y coordinar la política energética con la política anti-inflacionaria. El costo de la nafta tiene que ir convergiendo, al menos gradualmente, a los precios internacionales, pudiendo bajar así sustancialmente el costo al consumidor local.

Convencer a los empresarios que existe un horizonte de estabilidad política y económica es quizás más difícil aún, pero es lograble. Para ello, Macri tiene que emular más de cerca a Lincoln, y buscar un acuerdo con sus rivales políticos del ala democrática del Peronismo. Los acuerdos, como mencionamos con Sergio Berensztein en nuestro libro "Los Beneficios de la Libertad" (Ateneo, 2016), tienen que ser sobre las reglas de juego electoral/institucional, y no sobre políticas específicas. Es la única forma que los empresarios sepan que, quien sea que gobierne el país en los próximos años, las reglas de juego económicas no tendrán los mismos vaivenes que tuvieron en las ultimas décadas.