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El billete de $ 100 favorecía el consumo, pero el de $ 1000 lo puede frenar

Por un factor psicológico, la gente no quiere desprenderse de los billetes de alta denominación, y menos cuando recién aparecen. Se tiende a guardarlos y no a gastarlos. Los de $ 100, como hacían mucho bulto, se los gastaba más. Dicen que los billetes más grandes son más requeridos por quienes se mueven en la economía informal. En abril pasado, Sturzenegger había pedido eliminar el de $ 100, para favorecer la bancarización

Uno de los factores por los cuales Cristina Kirchner se negaba a imprimir un billete de mayor denominación no era sólo por no querer reconocer la inflación, sino porque tener un billete máximo de $ 100 fomentaba el consumo.

Es un factor psicológico dentro de la población: medido en dólares, equivale a apenas u$s 7. Se gasta sin problemas, como si fuera un pago con tarjeta, donde no se siente el dolor de sacar la plata del bolsillo. Ahora, un billete de $ 1000, como el que entrará en circulación el año que viene, restringe el consumo, porque nadie quiere sacárselo de encima. Basta un ejemplo: la mitad de los asalariados gana menos de $ 6500. O sea, recibirán seis billetes de $ 1000 y uno de $ 500. Les costará mucho desprenderse de ellos.

En rigor, el billete de $ 200 ya había sido diseñado por el gobierno anterior con el rostro de Hipólito Yrigoyen y el de $ 500 con el de Juan Domingo Perón. Pero el macrismo optó por imágenes de animales autóctonos porque, a su entender, representan mejor un punto de encuentro entre los argentinos que los próceres.

O sea, en el de $ 200 la ballena franca austral se lo comió a Yrigoyen y en el de $ 500 el yaguareté se lo masticó a Perón. En el nuevo de $ 20 habrá un guanaco. ¿Habrá que correrlos hasta que mueran, como propuso el vicepresidente del BCRA? Lucas Llach, gurú de la comida paleolítica, mejor promedio histórico de la Universidad Di Tella y con un doctorado en Harvard, suele correr con los pies descalzos por los bosques de Palermo y fue famoso por correr a los guanacos hasta que mueran. Fue el impulsor de la iniciativa ‘Persiguiendo al guanaco 2015‘, en Puerto Pirámides, para ahondar en su teoría de que ‘los humanos poseen mayor resistencia que los animales de sangre caliente‘, por eso propuso ‘una cacería por persecución de guanacos‘.

En tanto su jefe, Federico Sturzenegger, había propuesto en abril pasado eliminar el billete de $ 100 para fomentar una mayor bancarización y reducir la economía informal. "Si Kenya ha logrado que gran parte de las transacciones de pago se hagan por celular, ¿por qué no podría hacerse en la Argentina? Un país que mira hacia adelante llamaría a Apple para desarrollar sus versiones de dinero electrónico en nuestro territorio, y expandiría el uso de la SUBE como medio de pago generalizado", había dicho el actual presidente del Central en la nota escrita hace menos de un año en el diario La Nación.

Un ejemplo en este sentido es lo que viene haciendo Uruguay con los alquileres: hay que registrar el contrato y el pago lo tiene que hacer el inquilino por vía electrónica. En caso de que no se haga así, pierde el derecho al desalojo en caso de incumplimiento de pago. En Argentina, todos tendrían miedo de los ocupas e inmediatamente registrarían los contratos.

El de 500 euros se cotiza más

¿El billerte de $ 1000 se cotizará más, al ocupar menos espacio físico? Así sucede con el de 500 euros. En el euro blue (se dice bleu, como azul en francés) el precio de compra es $ 14,80, pero si se tiene un billete de 500 lo pagan $ 15,20, o sea $ 0,40 más. Se dice que cuando se los demanda hay una coima dando vueltas, porque se quiere ‘achicar el bulto’.

"Hay clientes que llevan billetes de 500 euros a Paraguay, porque esa frontera es como un mini Hong Kong para los comerciantes y contrabandistas. Desde ahí, vía una financiera, lo giran a Brasil. Si tenés que llevarlos desde Argentina, es 5 a 1 contra billetes de dólar: eso hace la diferencia en los pasos fronterizos y los bultos", dicen.

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