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Donald Trump y Wall Street: una relación en la que el candidato quiere quedar bien con todo el mundo

Trump prometió eliminar beneficios fiscales para gerentes de fondos, muy criticados tras la crisis 2008, y compensar con ventajas similares para hedge funds

Donald Trump y Wall Street: una relación en la que el candidato quiere quedar bien con todo el mundo

¿Cómo interpretar el programa fiscal que presenta Donald Trump en su campaña presidencial, si ni siquiera se lo puede clasificar dentro del "Reino del Revés"? Porque por más que el excéntrico candidato (y ahora abusador declarado) haya presentado algunas medidas clásicas del credo republicano como las rebajas de impuestos, también ha prometido que irá en contra de ciertos beneficios impositivos que afectan a quienes parece beneficiar con las primeras medidas.

¿De qué lado fiscal está Trump? ¿Del lado tradicional republicano del menor Estado, con menos impuestos e injerencia pública, o del lado más cercano al Partido Demócrata, con una carga impositiva más alta para las categorías de mayores ingresos y medidas de apoyo fiscal para los pequeños contribuyentes y las pymes? Por lo visto en las grandes líneas enunciadas dentro de su programa impositivo, los mercados financieros se enfrentan a un candidato de neto corte populista, que pretende beneficiar a la mayor cantidad de votantes, aún a pesar de que varias de sus promesas sean contradictorias. Porque en caso de ser elegido, después habrá tiempo para rectificar el rumbo.

Por más que Trump siga sin dar a conocer cuánto paga de impuestos, parece que su programa en esa materia ya está muy bien definido. Sobre lo que tienen que pagar las empresas (y especialmente Wall Street), el magnate inmobiliario ya anunció que tiene pensado suprimir el beneficio fiscal de los "carried interests". Estos últimos constituyen los pagos que reciben los gerentes de los fondos de inversión como porcentaje (20%) de las ganancias generadas para los inversores.
El tema con los "carried interests" (una suma varias veces millonaria) es que no pagan la tasa máxima de casi el 40% que sí tributa la renta, sino que su nivel de imposición es del 23,8%, similar a las ganancias de capital. ¿Por qué existe tal diferencia? Por algo que en la Argentina se podría describir como que quien hace la ley, hace la trampa. El monto que pagan estos ingresos fue definido hace varios años atrás, en la época en que las regulaciones del sistema financiero eran mucho más laxas, y todavía es considerado como uno de los abusos de Wall Street que no han podido ser erradicados. Porque beneficia a los altos ejecutivos financieros y al 1% de los mayores inversores.

Por eso, durante la campaña electoral, Donald Trump no puede dejar de prometer su erradicación: en primer lugar porque su rival Hillary Clinton también lo hace, pero principalmente porque su base de votantes (de clase media baja que, en general, fue muy afectada por la crisis financiera subprime) está esperando gestos concretos para combatir a lo que ellos ven como los culpables de todos sus males. Se trata del famoso "establishment", que engloba a la clase política de Washington (de la que Clinton sería una de sus más conspicuas representantes) y a Wall Street.

Por más que Trump se haya beneficiado en el pasado con estos carried interests (él mismo lo reconoció), no le queda otra que ir contra ellos en pleno proceso electoral, para evitar levantar ampollas entre sus votantes. Por eso, uno de sus mayores financistas de la campaña, el multimillonario Wilbur Ross, salió a poner paños fríos y a afirmar que "Claramente, la idea es que ningún contribuyente se vea perjudicado, aparte de los que posean carried interests". Pero en Wall Street esas declaraciones cayeron bastante mal, ya que estos intereses constituyen buena parte de sus ingresos.

Bien con Dios y con el diablo

Para evitar quedar mal con el "diablo financiero" (puesto que sus feligreses ya se sintieron bastante conformes con la promesa de crucifixión de los carried interests), también hay algunos regalos fiscales como rebajar la tasa impositiva que tienen que pagar los ingresos por las asociaciones ("partnerships"), una estructura legal muy empleada por los hedge funds y demás fondos de inversión.

Bajo la figura de los "partnerships", los fondos pasarían a pagar un 15% de impuesto, mientras que los más grandes deberían tributar un 20% sobre sus dividendos. Por supuesto, nadie del equipo de Trump salió a aclarar cómo se definirá que son fondos grandes y pequeños.

El tema con esta "zanahoria fiscal" es lo que representa esta figura legal de la asociación. Porque existe la posibilidad de que una compañía se presente como "pass-through entity" (entidad de paso) y por lo tanto no pague impuestos, los cuales son trasladados a la empresa asociada, la que sí tiene que tributar por sus ganancias. Se calcula que los fondos de inversión ahorran miles de millones de dólares al año gracias a esta estructura legal, que les permite trasladar el pago de impuestos a compañías asociadas que se radican en paraísos fiscales. Para tener una idea de lo beneficioso que este montaje financiero, un 25% de los hedge funds tiene residencia legal en las islas Caimán y un 20% en el Estado de Delaware, con beneficios comparables.
Por eso, si Trump está prometiendo este regalo fiscal no es una mera casualidad. Porque varios representantes del sector son asesores del candidato republicano, como es el caso del financista John Paulson, quien armó estructuras de reaseguro offshore en las islas Caimán para pagar menos impuestos. Hecha la ley...