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Después de la crisis bancaria toscana, hay preocupación en Venecia

Tras el rescate al MPS y a cuatro bancos regionales más, el gobierno italiano tiene que resolver cómo salvar a los del Véneto y evitar un descalabro sistémico

Después de la crisis bancaria toscana, hay preocupación en Venecia

"Time is money" (o como traduciría humorísticamente Les Luthiers, "El tiempo es un maní"), es una frase célebre de Benjamin Franklin que sirvió para explicar en qué consistía el costo de oportunidad, una noción de la microeconomía que define el costo de elegir una alternativa entre varias opciones que se presentan. Y, en el caso de la crisis bancaria que enfrenta el gobierno italiano desde hace más de un año, el tiempo es dinero, cada vez más.

Porque después de lograr organizar un costosísimo rescate de varios bancos regionales de la Toscana, ahora la interminable crisis financiera peninsular hace una escala en el Véneto, adonde sus principales entidades están al borde de la bancarrota.

Como si fuera el cuento de la manta corta (o el juego mecánico de aplastar cucarachas con un martillo de plástico, en el que después de matar una, aparece otra en otro lugar), el gobierno del Primer Ministro Paolo Gentiloni no logra controlar la debacle de la banca italiana, lastrada enormemente por una montaña de créditos incobrables (un total de 85.000 millones de euros), que fueron otorgados sin control durante las últimas décadas.

Recién ahora el gobierno puede darse por satisfecho con el rescate orquestado a cuatro entidades regionales toscanas (Banca Marche, Popolare Etruria, CariChieti y CariFerrara), porque logró conseguir comprador para todas ellas, 17 meses después de su quiebra en noviembre de 2015.

Los bancos Ubi Banca y BPER se quedaron con ellas tras pagar un euro simbólico, a costa de que el Estado y el sector bancario (a través del fondo mixto Atlante, creado para la reestructuración de las entidades en problemas) absorbieran sus créditos incobrables, que suman un total de 5500 millones de euros (tan solo un 6% del volumen total a nivel nacional).

En cambio, con el principal banco basado en Toscana que entró en crisis, el Monte dei Paschi di Siena (además de ser el cuarto más grande de Italia, el MPS es el más antiguo del mundo), el salvataje promete ser más complicado: el Banco Central Europeo (BCE) se muestra más reticente a avalar un programa que exige 8800 millones de euros de ayudas, y que no garantiza que sea suficiente, tras el fracaso de fines del año pasado, cuando se intentó ampliar su capital en 5000 millones de euros.

Sin embargo, la demora en aprobar el rescate encarece su costo a medida que pasa el tiempo.

"Seguimos trabajando en las modalidades de puesta en marcha del plan de recapitalización preventiva lanzado por el gobierno", afirmó recientemente Pier Carlo Padoan, ministro italiano de Finanzas, quien se encuentra negociando con la Comisión Europea (CE) los términos del rescate.

El problema en el caso del MPS es que por cuestiones políticas (el gobierno anterior no quiso enfrentar la situación para no asumir el costo implícito), se perdió demasiado tiempo en su rescate, lo que hizo crecer el monto necesario para salvarlo. Y, encima, el fondo Atlante se está quedando sin recursos, en momentos en que la CE advierte a Italia que tiene que reducir el nivel de su déficit fiscal y de su deuda pública.

Éramos pocos

¿Qué más se le podía pedir a esta novela de suspenso bancario? Lo que todos sabían desde hace rato que iba a pasar: que tarde o temprano, el resto de las entidades en problemas también iban a tocar la puerta del gobierno para avisar que se estaban hundiendo.

Así que ahora les llegó el turno a los bancos venecianos, lo que no deja de ser una cruel ironía del destino cuando se piensa que, tanto los banqueros toscanos de Florencia como los venecianos, fueron los grandes financistas de Europa durante la Edad Media y el Renacimiento. Familias como los Medici, Bardi y Peruzzi hoy deberían estar revolcándose en sus tumbas si pudieran ver cuán grande es la crisis bancaria en sus regiones de origen.

En el caso de la banca veneciana, la más comprometida de todas es la Banca Popolare di Vicenza, que publicó la semana pasada una pérdida récord de 1900 millones de euros para el ejercicio 2016, de los cuales casi un 60% corresponde a depreciaciones de préstamos de baja calidad. Una situación que se complica aún más porque la entidad vive hoy una pérdida de depósitos que hace temer por el riesgo de una corrida bancaria en el corto plazo. Tanto este banco como su colega regional Veneto Banca ya se encuentran bajo el paraguas del fondo Atlante, pero aún así necesitan acceder a un plan de salvataje similar al del MPS para no declararse en quiebra.

La idea del gobierno de Gentiloni es proceder a una fusión de ambas entidades, lo que serviría para brindarles una solvencia suficiente que les permitiera recuperarse. Pero el problema es que la Popolare di Vicenza tiene su situación tan comprometida que ya ni siquiera cumple con el ratio de capital mínimo exigido por el BCE (del 10,25%), cuando el del banco alcanza hoy el 8,21%. Con esta situación, existe el riesgo de que la CE prefiera dejar caer a la entidad en lugar de sostenerla, lo que provoca mucha inquietud en Italia.

"Ya contactamos a la Comisión Europea, que se encuentra en el asiento del conductor para manejar el plan de reestructuración", sostuvo Daniele Nouy, responsable de la supervisión bancaria en el BCE. Resta develar cuánto le va a costar a los italianos sostener a su convaleciente sistema bancario, y si habrá valido la pena pagar la factura que les está por llegar por la fiesta que se vivió durante todos estos años.