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De a poco, Wall Street se convence de que Trump puede ser su aliado

Los mercados sacan las cuentas de quiénes son los que más se beneficiarán con la llegada del magnate, a pesar de su dura campaña contra el sector bancario.

De a poco, Wall Street se convence de que Trump puede ser su aliado

"Yo conozco a Wall Street. Conozco muy bien a la gente de Wall Street. Yo no voy a permitir que Wall Street sea absuelto por sus crímenes. Wall Street nos causó enormes problemas". Quien dijo esto no es ni más ni menos que el recientemente electo presidente de EE.UU., el excéntrico Donald Trump.


Estas declaraciones, incendiarias para los mercados financieros, fueron efectuadas al principio de las primarias republicanas en Iowa, en enero de 2016, cuando el futuro presidente trataba de mostrarse realmente duro ante todo lo que parecía ser responsable del declive de la clase media blanca estadounidense, su principal base de votantes.


Por su picadora pasaron los inmigrantes indocumentados, los musulmanes, las mujeres, las empresas que deslocalizan su producción en el extranjero, los gobiernos europeos, China y... el sistema financiero, considerado como el responsable de la crisis subprime, y del profundo deterioro en el poder adquisitivo de quienes fueron los más afectados por el estallido de la burbuja hipotecaria en 2007.


Si al principio causaba escalofríos pensar en Trump eligiendo al próximo secretario del Tesoro y presionando a la Reserva Federal y a la Securities and Exchange Commission (SEC, a cargo del control de los mercados) para que adopten políticas monetarias y medidas acordes con su particular visión de las finanzas, de a poco los operadores e inversores comenzaron a darse cuenta que, tal vez, la victoria del candidato republicano no haya sido tan nociva.


Además, existía el peligroso antecedente de lo poco que apoyó la industria a Trump durante su campaña, medido en donaciones (menos de un millón de dólares), un monto muy inferior al que aportó a la candidata demócrata Hillary Clinton (u$s 134 millones). Porque Trump es conocido también por sus profundos rencores.
Pero los nombres que empiezan a sonar para ocupar la silla de secretario del Tesoro (Jamie Dimon, actual CEO del banco JP Morgan Chase, y un ex de Goldman Sachs, Steven Mnuchin), dan la pauta de que quien dirija el área económica probablemente surja del riñón de la industria, y no sea un "outsider", como sí fue el caso de Trump para la clase política.


De confirmarse esto, el próximo presidente seguiría la línea de su antecesor republicano en el cargo, George W. Bush, quien nombró a Hank Paulson (ex Goldman Sachs) y Timothy Geithner (ex Fed de Nueva York). Esta sería una señal que definitivamente conformaría a los mercados financieros, y les daría la pauta de que lo dicho durante la campaña fue sólo eso. De todas formas, lo más increíble del caso (y que pinta de cuerpo entero al nuevo presidente estadounidense) es que tres años antes había calificado a Dimon de ser el "peor banquero de EE.UU.", por haber negociado el pago de una multa de u$s 13.000 millones al asumir la responsabilidad del JPMorgan Chase en la crisis subprime, en lugar de haberse defendido ante la Justicia.

Desarmar el legado

Otra señal que los mercados financieros ven positivamente en la agenda del próximo presidente tiene que ver con desactivar algunas de las medidas que tomó el actual inquilino de la Casa Blanca, Barack Obama.
En el caso de la industria financiera, todos ansían liberarse de los grilletes que les fueron impuestos a partir de la ley Dodd-Frank de mayor control del sector, sancionada para evitar un colapso internacional como el que se inició en 2008 con la caída de Lehman Brothers. ‘Voy a recortar masivamente la regulación para que los bancos vuelvan a prestar dinero a quienes más lo necesitan‘, afirmó Trump durante la campaña. Todos rezan para que lo cumpla cuanto antes.


Los bancos también esperan con ansiedad una de las promesas del magnate inmobiliario, quien en 2015 se mostró contrario a separar las entidades en dos (banca de inversión por un lado, y banca minorista por el otro) para reducir el riesgo sistémico.


Asimismo, tampoco habría demasiados obstáculos para el rescate de los bancos en problemas, es decir que podría volver la doctrina del "too big to fail" (demasiado grande para caer), que inspiró las primeras medidas tras la crisis subprime.


"Que los bancos reciban financiamiento [refiriéndose al aporte de u$s700 millones del gobierno de Obama, N.del R.] o sean estatizados, eso importa poco. Lo que tenemos que hacer es permitir que sigan funcionando", es una de las melodías que más les gusta a los banqueros del nuevo mandatario.


De todas formas, todavía se mantienen algunas dudas sobre el paquete fiscal que Trump prometió enviar al Congreso en caso de ser electo. Sobre todo en lo que tiene que ver con elevar la tasa impositiva que hoy pagan los "carried interests", que corresponde a la parte de los ingresos percibidos por los gerentes de fondos de inversión como porcentaje de las ganancias generadas para sus clientes. Esta tasa, que hoy está en el 23,8%, se incrementaría al 39,6% para ponerla al mismo nivel que la que tributa la renta. A cambio de este "sacrificio" que haría la industria para contentar a los votantes de las zonas rurales y urbanas, el futuro gobierno también prometió reducir al 15% la tasa a pagar por los ingresos por "partnership" (asociaciones), una estructura legal muy empleada por los hedge funds y demás fondos de inversión.


Si se tiene en cuenta que varios asesores de Trump son altos ejecutivos de este último sector (como John Paulson, Tom Barack, Carl Icahn o el mismo Steve Mnuchin), se entiende que los mercados financieros hayan empezado a sonreír ante las medidas de política económica que pueda llegar a tomar el próximo gobierno.