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Cuando los bancos se convierten en mecenas de artistas y protectores del cine

Como sucede con las principales entidades de EE.UU. y Europa, en Brasil el Banco Itaú posee una colección de 12.000 obras y fomenta el arte a través de un instituto que recuerda al mítico Di Tella. En la Argentina y en el resto de América Latina todavía falta mucho. Los bancos públicos son los principales dueños de colecciones y patrocinadores de exposiciones, los privados aportan menos

Cuando los bancos se convierten en mecenas de artistas y protectores del cine

Es bien conocido es rol clave que tuvieron los banqueros florentinos durante la Edad Media como mecenas de artistas, que luego resultaron fundamentales en la historia del arte de esa época. Nombres como Donatello, Fra Angelico, Botticelli, Da Vinci o Miguel Angel no hubiesen podido trascender si no hubiera sido por la ayuda de familias como los Medici, el prototipo del financista del siglo XV que protegía el arte y lo fomentaba.

Hoy, seis siglos más tarde, todavía persiste la idea de que las entidades financieras pueden aprovechar parte de su inmenso capital para incentivar el arte en todas sus manifestaciones, aunque con un criterio cada vez más orientado a una visión sesgada por la responsabilidad social empresaria.

Si bien apoyar el arte es una costumbre muy arraigada entre bancos de EE.UU. y Europa, es mucho menos visible en América Latina, región muy rica en todo tipo de manifestaciones artísticas. Por eso llama la atención la tarea que lleva adelante el mayor banco privado de Brasil, el Itaú, que ya abarca una colección de arte de 12.000 obras y sostiene un organismo que recuerda en muchos aspectos al mítico Instituto di Tella de los años ‘60 en la Argentina.

La entidad inauguró en 1989 el Instituto Itaú Cultural en la ciudad de Sao Paulo, con el objetivo de impulsar la producción artística brasileña en áreas tan diversas como la música, las artes visuales y audiovisuales, danza, literatura, arte y tecnología, educación y periodismo cultural. Los nostálgicos del Di Tella van a reconocer varios rasgos del desaparecido instituto de la calle Florida en esta versión brasileña. "La conservación y la innovación tienen que ir de la mano", según Eduardo Saron director de Itaú Cultural.

Hoy, esta institución posee la mayor colección de arte de América Latina en manos de una empresa privada, y la octava más grande del mundo que pertenezca a un banco. Ubicada en dos pisos del edificio del Instituto Itaú, el Espacio Olavo Setubal (del nombre del fundador de la entidad) tiene su colección permanente abierta al público, recorrida anualmente por más de 600.000 visitantes. Además, entre las diversas tareas que viene realizando el organismo, se lanzó online una enciclopedia virtual de artes visuales que ya cuenta con más de 200.000 entradas y que reúne toda la información relacionada con el arte brasileño. El éxito de esta iniciativa es tal que ya fue navegada por 15 millones de visitantes, lo que le da una enorme visibilidad a la tarea del Banco Itaú.

Sin embargo, para Milu Villela, una de las principales accionistas del banco y nieta del fundador, "la acción cultural del grupo va más allá de las ganancias en términos de imagen. Creemos de verdad que la cultura es fundamental para desarrollar el espíritu crítico y provocar transformaciones sociales. Todo lo que hacemos en el campo cultural se inscribe dentro de esta perspectiva".

En defensa del cine

Otra prueba que confirma el compromiso del banco con el arte es que el Itaú es el principal "padrino" (no hay ninguna relación con la célebre saga de Francis Ford Coppola) de numerosas salas de cine que, de no ser por el apoyo financiero que les brinda la entidad, hace rato que habrían desaparecido. Y, en un país con 200 millones de habitantes, que sólo existan unas 3000 salas es un número realmente bajo (¡equivale a una sala por cada 66 mil personas!). Por eso es tan importante el mecenazgo privado en todo lo que tenga que ver con las artes audiovisuales. Itaú subsidia 25 salas de Sao Paulo y 5 complejos más en el interior del país.

Pero aquí también hay otras entidades que ponen el hombro financiero, tal el caso de la Caixa Econômica, que recuperó un famoso cine paulista de los años 1940, o Bradesco y la filial brasileña del Citibank. "Estas salas no existirían sin la ayuda de los bancos. Y se trata de salas que generalmente pasan buenas películas", explicó el director Luiz Villaça, reconociendo el rol que cumple la banca en el sostenimiento del cine nacional.

Un ejemplo a seguir

En la Argentina, como en el resto de América Latina, no existe una presencia tan fuerte de la banca en la protección y difusión del arte doméstico. Si las entidades públicas poseen importantes colecciones de arte que cada tanto exhiben (en México está a cargo del Banamex, mientras que en nuestro país hace algunos años atrás, el Banco Nación, el Provincia y el Central hicieron una muestra conjunta de su patrimonio artístico en el Palais de Glace), en el caso de la banca privada, el contacto con el arte es mucho más esporádico.

En general, estas entidades prefieren patrocinar espectáculos o muestras de arte puntuales, pero todavía no existe un compromiso tan fuerte como el caso del Itaú en Brasil o de otros bancos del vecino país. Tal vez, una de las excepciones más notables en la Argentina sea la del ICBC chino que, a través de su fundación, sostuvo durante más de 15 años un programa de introducción del arte en escuelas secundarias del interior del país, con el objetivo de mejorar la calidad de la educación y disminuir el fracaso escolar. Este debería ser un ejemplo a copiar por muchos bancos privados más, esperando que alguno tenga la ambición de animarse a seguir los pasos del Itaú y reflotar un espacio cultural tan importante como fue el Di Tella para la generación de artistas argentinos de los años ‘60.