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Claves para entender la lucha de titanes que esconde la caída del crudo

A pesar de que su precio sea el más bajo de los últimos 12 años, el fin de las sanciones económicas a Irán reaviva viejas rivalidades con Arabia Saudita. Se trata de las dos mayores potencias de Medio Oriente que hoy se enfrentan por liderar la mayor región petrolera del mundo y amenazan con desestabilizar el mercado del crudo

Claves para entender la lucha de titanes que esconde la caída del crudo

Para quienes tienen más de 30 años, referirse a "Titanes en el Ring" alcanza para recordar el nombre del célebre programa de televisión, con peleas de forzudos en las que los buenos generalmente triunfaban y muy pocas veces había algún combate que terminara empatado. La analogía televisiva sirve para describir lo que hoy está sucediendo en el Medio Oriente, donde la vuelta a los mercados internacionales de Irán exacerba nuevamente la vieja rivalidad con Arabia Saudita, la otra gran potencia regional, y que según los analistas podría impactar fuertemente en el precio del petróleo, hoy en niveles sorprendentemente bajos.


Es que después de décadas de ostracismo (luego de que estallara la Revolución Iraní en 1979 que llevó al derrocamiento del régimen e instauró una república islámica), el país está a punto de lograr el fin de las sanciones económicas, comerciales y financieras que le había impuesto la comunidad internacional. Las sanciones parecen haber surtido efecto, porque durante mucho tiempo asfixiaron a la economía iraní, condenándola al aislamiento y a no poder pesar en el mercado mundial del crudo.


Mientras tanto, crecía a nivel regional la influencia de Arabia Saudita, la némesis de Irán y el aliado más fiel de EE.UU. en Medio Oriente (y además su principal proveedor de petróleo). Sentado sobre las mayores reservas de crudo del mundo, la monarquía saudita se convirtió en el árbitro internacional del precio del barril, a través de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Titanes religiosos

Pero la rivalidad entre ambas potencias viene de mucho más lejos, ya que cada una es el referente mundial de una de las dos ramas del Islam, históricamente enfrentadas. Si Arabia Saudita es el faro para los sunnitas (la mayoría de los musulmanes), Irán, el viejo imperio persa, representa a la rama minoritaria chiíta, y entre ambas vertientes hay diferencias irreconciliables en cuanto a quién interpreta correctamente el mensaje del Corán, el libro sagrado islámico, y cuál es la heredera verdadera de Mahoma, el profeta fundador del Islam. Además La Meca, el lugar sagrado al que todo buen musulmán (tanto sunnita como chiíta) tiene que peregrinar por lo menos una vez en su vida, se encuentra en territorio saudita, por lo que esto también es una fuente de conflicto entre ambas ramas religiosas.


Frente a frente, los dos titanes no pesan lo mismo. Si bien Arabia Saudita posee una riqueza por habitante superior a la iraní, Irán tiene una población de 80 millones de habitantes contra los 30 millones de saudíes, quienes además dependen exclusivamente del petróleo (un recurso natural que tiende a extinguirse), mientras que la economía iraní está mucho más diversificada. A la larga, la balanza debería inclinarse hacia el lado persa, lo que en estos momentos genera mucha intranquilidad en el gobierno saudita, que ve cómo su archienemigo regresa a los mercados internacionales y pesa cada vez más en la región.


Encima, Arabia Saudita fue perdiendo su atractivo como aliado de EE.UU. durante la última década. Si en 2002, un año después del peor atentado sufrido en territorio estadounidense, el presidente George W.Bush incluyó a Irán dentro de los países que formaban parte del "Eje del Mal" (con Cuba, Corea del Norte y otros más), de a poco el gobierno estadounidense empezó a comprender que los terroristas que habían perpetrado los ataques a las Torres Gemelas en Nueva York (en septiembre de 2001) eran en su mayoría sauditas y que incluso podrían haber recibido financiamiento de ese país.


Además, cuando EE.UU. se empezó a acercar al autoabastecimiento energético gracias al boom del shale oil y shale gas (generado por la extracción de estos hidrocarburos de las rocas), el acuerdo de provisión de petróleo saudita quedó obsoleto. Y esta es una de las razones planteadas por los analistas para explicar el actual valor del crudo, que ya perforó la barrera de los u$s30.

Una situación explosiva

Pero la actual situación de precios bajos (muy favorable a los países importadores) podría cambiar radicalmente más adelante, si el conflicto entre ambas potencias regionales siguiera escalando. "Lo que tenemos es un conflicto que ha venido creciendo desde hace un tiempo y que está llegando a un punto crítico. El problema para todo el mundo es que esto no va a desaparecer", explicó Juan Zárate, analista Senior del think tank Center for Strategic and International Studies.


En primer lugar fue la invasión de EE.UU. a Irak en 2003 y la caída del régimen sunnita de Saddam Hussein, que llevó al país a tener un gobierno chiíta aliado de Irán. Y ahora, a la guerra que libran árabes e iraníes en los vecinos Siria y Yemen (incluso el ejército saudita se involucró directamente), se suman las tensiones dentro de la misma Arabia Saudita, donde el 10% de la población es chiíta.


Si ya de por sí ambos países se encuentran en una región históricamente explosiva, el riesgo de que se desate un enfrentamiento directo entre ellos es real. En ese caso, la tendencia bajista del precio de petróleo podría invertirse súbitamente y generar otra vez una situación de crisis a nivel mundial. "Si estalla una guerra entre Arabia Saudita e Irán, el crudo podría llegar a u$s250 de la noche a la mañana, para después caer hasta los u$s100. Si uno decide atacar los depósitos de crudo del otro, entonces podríamos ver el petróleo llegar a u$s 500", fue la advertencia de Hossein Askari, especialista de la Universidad George Washington. Casi como tener a Martín Karadagián enfrentando a La Momia.