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Cada suba de tasa de la Fed impulsó ganancias en los bonos emergentes

Las subas de tasas de la Fed suelen causar desarmes de posiciones en activos emergentes, mientras los capitales vuelven a los Estados Unidos para devengar tasa. Pero en las tres últimas subas, el mercado leyó todo lo contrario.

Cada suba de tasa de la Fed impulsó ganancias en los bonos emergentes

Los bonos emergentes en dólares y en moneda local no reaccionaron de la forma en que el mercado esperaba a partir de las subas de tasas de la Fed. Los pisos de mediano plazo para esos bonos fueron encontrados junto con la primera suba de tasas en diciembre de 2015, mientras que las dos subas de tasas posteriores también impulsaron subas. Los índices de bonos emergentes se ubican un 14,5% por encima del nivel previo al inicio de las subas de tasa.

Tras el estallido de la crisis financiera internacional en 2007, la Fed llevó la tasa de interés a mínimos históricos, en el rango de 0-0,25%, buscando generar una política monetaria expansiva. En simultáneo, se plantearon objetivos macroeconómicos como alcanzar un nivel de inflación del 2% anual y llegar a niveles de desempleo debajo del 5%.

Alcanzados los objetivos, el mundo emergente empezó a temer. Generalmente una suba de tasas genera un mayor interés por parte de los capitales del mundo a regresar a EE.UU. para comprar activos que devenguen intereses en dólares. Para esto, desarman posiciones en el resto de las monedas. Con lo cual se tiende a ver una suba del dólar y una devaluación del resto.

Además, el fortalecimiento del dólar termina generando nuevos desequilibrios en las economías locales. Por esto motivos es que teóricamente se debería incrementar la cautela en los mercados emergentes.

Por eso, no era habitual que una suba de tasas de la Fed fuera una oportunidad de compra fuera de los EE.UU.

Yendo particularmente al mercado de bonos en dólares de emergentes, medido por el índice de JP Morgan (EMB) podemos ver que entre 2012 y fines de 2015 los bonos emergentes a nivel global generaron una caída del orden del 19% en dólares. Pero a comienzos de 2016 iniciaron un proceso de importante recuperación, avanzando un 14,5% hasta los máximos registrados en el último trimestre de 2016. Lo llamativo fue que la recuperación se dio luego de que en diciembre de 2015 la Fed subiera la tasa por primera vez en años, todo lo contrario a lo habitual.

Los bonos emergentes en dólares luego cayeron fuerte en los dos últimos meses de 2016 producto de la victoria de Trump pero encontraron un nuevo piso junto con la decisión de elevar el costo del dinero por segunda vez desde 2008 por parte de la Fed, ubicando a la tasa en el rango de 0,50-0,75%.

Finalmente, la tercera suba de tasas de la Fed que ubico a la tasa de referencia en los rangos de 0,75-1,00% se dio a mediados de marzo y si bien hemos visto volatilidad en los bonos emergentes en dólares, dicha noticia fue otra vez disparadora de una suba del 2,5%. El mismo comportamiento mostraron los bonos emergentes en moneda local, con un ajuste hacia arriba del 4,5%.

En concreto, lejos de generar una salida de capitales la suba de tasas fue leída como una oportunidad de compra de corto e incluso de mediano plazo.

La clave pasa por el tono en las exposiciones de Janet Yellen quien sostiene que el programa de suba de tasas será gradual.

Sin embargo las nubes de tormenta se mantienen en el cielo ya que las políticas fiscales de Trump tienden a amenazar el gradualismo que planea llevar los miembros de la FOMC ya que, de recalentar la economía, la Fed seguramente vaya a tener que actuar con mayor rapidez.

El buen dato es que las políticas fiscales suelen tener un retardo aun mayor que las políticas monetarias. Por tal motivo es que probablemente sigamos viendo gradualismo en la Fed y, aparentemente ello suena como música para los odios para los mercados emergentes.