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A casi dos meses del Brexit, el apocalipsis financiero no llegó a Europa

Los pronósticos más pesimistas preveían un derrumbe generalizado de las bolsas del continente, así como el inicio del éxodo de los bancos de la City londinense. Pero salvo Milán, el impacto es bastante moderado

No son pocos los analistas que vieron cabalgar a lo lejos a los cuatro jinetes del Apocalipsis cuando se supo el resultado del referéndum británico el pasado 23 de junio. Tras la negativa a seguir formando parte de la Unión Europea (UE), muchos creyeron que los mercados financieros del continente no iban a poder soportar tamaño divorcio, más teniendo en cuenta que la principal bolsa estaba ubicada donde se había pedido la nulidad matrimonial.
Los mayores temores antes de que ocurriera el Brexit estaban relacionados con la pérdida de influencia de la City de Londres (junto con Wall Street, es el mercado financiero más importante del mundo), ahora que ya no tendría acceso irrestricto al resto de la UE, pero también porque la volatilidad e incertidumbre que podría provocar la partida (inédita) de un miembro de la Unión automáticamente crearía zozobra en todo el sector financiero.

¿Se posterga el éxodo?

A dos meses de la prometida hecatombe, nada de todo esto ocurrió, y la verdad que hace recordar un poco a la amenaza del Y2K, el ya olvidado "Problema informático del milenio", un error de software que no tenía en cuenta el paso de 1999 a 2000, pero que al final hizo mucho ruido y casi ninguna nuez.
En cambio, lo que se puede ver es que, con respecto a la City, el número de empleos cayó después del Brexit, pero no tanto como se preveía. En el mes de julio pasado, la cantidad de puestos de trabajo ocupados en el sector financiero londinense se redujo un 12% con respecto al mes anterior, de acuerdo con un informe publicado por la consultora Morgan McKinsey. "El impacto del referéndum no fue tan importante como esperábamos", confirmó Hakan Ever, responsable de los servicios financieros de la compañía.
Al especialista no le pareció que más adelante pudiera suceder el tan temido éxodo: "Esto obligaría a las empresas a relocalizar miles de empleados, lo que es imposible desde el punto de vista logístico y financiero. Casi un millón de londinenses trabajan en el sector financiero. Sólo una pequeña proporción de todos ellos tiene la flexibilidad para mudarse a otro país, y ninguna región puede competir con una cantidad y un nivel similar de profesionales".
Sin embargo, las especulaciones respecto de qué plaza financiera de la UE podría beneficiarse más con el Brexit siguen a la orden del día. Las candidatas mejor posicionadas a sacarse la lotería siguen siendo Frankfurt, París y Dublín. Y, lo que es sugestivo, es que más de una de ellas ya empezó a seducir a las entidades financieras para relocalizar (de a poco, como para que no se note) parte de sus plantillas en el nuevo destino.
Por eso el banco Goldman Sachs prefirió abrir el paraguas después del referéndum y avisarle a la SEC (Securities and Exchange Commission, organismo que regula los mercados financieros de EE.UU.) que el Brexit "podría tener un impacto negativo en [su] manera de operar en la UE y podría forzar una reestructuración de algunas operaciones".
Más clara fue M&C, la filial dedicada a la administración de activos de la aseguradora Prudential, que declaró en un comunicado que estaba evaluando llevar una parte de sus fondos a Dublín o Luxemburgo, ya que un 10% de su cartera pertenece a clientes residentes en la UE.

Alta resiliencia

Si se llega a dar el tan comentado éxodo, por lo menos los mercados financieros del continente ya mostraron suficiente fortaleza como para sostenerse ante un cimbronazo del estilo del Brexit. Si hacía falta una prueba de su solidez (después de tantos años de crisis de la deuda soberana), las diferentes bolsas la dieron durante las semanas siguientes a la votación británica. En ese sentido, los índices Euro Stoxx 50 y Stoxx Europe 600 (reúnen a las principales acciones europeas) ya recuperaron sus niveles previos al Brexit y, además, ganaron un 11% desde el piso alcanzado cuatro días después del referéndum.
¿Cómo explicar tal resiliencia? Según los especialistas, el hecho de que la economía del Reino Unido y de la UE esté saneada, y los fundamentals sean buenos, permitió que el impacto sea moderado (por ahora). De acuerdo con un indicador del banco Barclays, el consumo de los hogares británicos creció un 2,6% en julio, dando la prueba de que nadie está demasiado preocupado por el futuro, en ese sentido. "La ausencia de contagio del Brexit significa que podemos sentirnos más cómodos respecto del crecimiento mundial", sostuvo James Barty, analista de Bank of America Merrill Lynch.
Por otra parte, los distintos bancos centrales salieron muy rápido a aplicar medidas de política monetaria para amortiguar el impacto del Brexit. De hecho, el Banco de Inglaterra anunció la primera baja de tasas desde 2009, lo que permitió la depreciación del tipo de cambio y que las exportaciones no sufrieran con la incertidumbre post referéndum.
También ayudó que el gobierno británico resolviera muy rápido quién iba a reemplazar al primer ministro David Cameron, renunciado al día siguiente de la votación. Theresa May, sucesora de Cameron, es vista como una política seria para organizar la salida de la UE. Y, por último, el hecho de que cada vez más empresas empiecen a mostrar resultados trimestrales positivos (en la misma senda que en EE.UU.) es una fuerte señal para los inversores de que las bolsas están embarcadas en rallys alcistas sostenibles en el tiempo.
Sin embargo, el único mercado financiero europeo que mantiene las señales de alerta es la bolsa de Milán, cuyo índice líder, el FTSEMIB, sigue un 6% por debajo del nivel previo al referéndum, y lleva perdido un 20% desde principios de año. En su caso, el riesgo no es el Brexit, sino su propio sistema bancario, inmerso en una profunda crisis por la cantidad de activos tóxicos que posee. Pero también por la incertidumbre política que hoy se vive frente a la consulta prevista para reformar la Constitución. Por lo visto, a los inversores europeos hoy no les queda otra que moverse al ritmo de los referéndums.