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U$D
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MERVAL

El agro ‘cumple’ y liquida pero no alcanza a descomprimir la presión cambiaria

Fueron unos u$s 600 millones en los últimos días. Cumplió así con el acuerdo pactado en diciembre de vender u$s 1820 millones. No logró revertir la caída de las reservas

En materia de dólares, el agro es el mayor socio que tiene hoy el Gobierno. Se calcula que el 2014, podría aportar u$s 100.000 millones de cumplirse las expectativas del ministerio de Agricultura con su Plan para incrementar las exportaciones. Sin embargo, la dinámica cambiaria, bien podría estar jugando en sentido inverso: la devaluación y la brecha entre el dólar oficial y el paralelo parecen estar conspirando contra esa mentada “sociedad”.


Es cierto que en las últimas horas, el sector completó el ingreso de u$s 1820 millones que varias cerealeras habían comprometido a comienzos de diciembre y cuya fecha límite venció ayer. En el sector señalan que incluso se habría ingresado un monto mayor a los u$s 600 millones prometidos de los últimos días. De todas formas, ese ingreso de recursos pareció insuficiente para que el BCRA pudiera mantener la barrera psicológica de los u$s 30.000 millones de las reservas (ayer cerraron en u$s 29.800 millones). No alcanzó. Es que no se trató de una venta “adicional” de dólares: simplemente se mantuvo el ritmo de liquidación que en el Gobierno dudaban pudiera mantenerse en las primeras semanas del año. Para ello incluso inventaron las Letras del Banco Central: para ofrecerle al agro un instrumento atado a la devaluación que los hiciera olvidar por un momento de ‘aferrarse’ a su producción. Por otra parte, la demanda de dólares al Gobierno no merma: hay 16.000 pedidos de dólares por día (DJAI) por parte de importadores, aunque el flamante secretario Augusto Costa ya no ponga sobre la mesa esa lex non scripta de “exportar un dólar para importar un dólar” con el fin de autorizar esos permisos.


Para los productores, el grano guardado (y no vendido) es prácticamente un ‘seguro de cambio’, ya que si bien el precio internacional del producto puede variar, el precio local, –los pesos que recibe el productor cuando vende sus dólares– están atados a la cotización oficial del tipo de cambio. Aquí entra en juego un dato relevante: desde que asumió Fábrega, hace dos meses, el BCRA aceleró la velocidad de devaluación por encima del 70% anual. Así, en apenas 8 semanas, el dólar avanzó 75 centavos o 12% para cerrar ayer en $ 6,75. El objetivo de la Casa Rosada es claro: buscan llegar a mediados de abril con una cotización suficientemente tentadora para que los productores liquiden buena parte de la cosecha sin renegar de la cotización oficial, por eso, proyectando el ritmo devaluatorio, se piensa en un avance por encima de los $ 7,50 para esa fecha.


El problema es el “mientras-tanto”: una devaluación rápida pero por goteo es, en muchos casos, una invitación a ajustar precios al alza (entre ellos el del dólar blue) y a plantear paritarias por encima del 30%, lo que redundará en un aumento de costos y precios. ¿Otro camino? Hay quienes invitan a una devaluación brusca, con el agregado de un cambio del ritmo y dirección devaluatoria para ‘desarmar’ especulaciones.


Otro de los factores que conspiran contra el ingreso de divisas es que si bien el BCRA devalúa rápido, el blue ‘respeta’ esa velocidad. Así, la brecha que existe entre la cotización oficial del dólar y la marginal asciende hoy al 67%. Ese dato, que para muchos es poco relevante, para otros, especialmente en el sector agropecuario y exportador, resulta esencial. La cotización del blue influye sobre los incentivos que operan en el sector. Hoy, por cada dólar que vende al exterior el productor sojero, el Gobierno le paga $ 4,38. Con esos pesos, el productor podría querer dolarizar una parte de su liquidez, pero cuando quiere hacerlo, necesita teóricamente otros $ 6,90 para completar la compra de un dólar blue. La brecha que existe entre el dólar-soja y el blue es de 157%. A mayor brecha, menor estímulo para vender y liquidar.