Desde las oficinas de CAF, Christian Asinelli tiene vista al Río de la Plata. Más allá está Uruguay, donde el vicepresidente corporativo de Programación Estratégica del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe tuvo reuniones la semana pasada.
Pero las fronteras del organismo internacional se extienden aún más allá: alcanzan a 24 países de la región, donde el banco financia e invierte en infraestructura y desarrollo en países, provincias, empresas y organizaciones sin fines de lucro.
En un contexto en el que los organismos internacionales son claves para el financiamiento internacional de la Argentina, que aún no regresó a los mercados internacionales, Asinelli remarca la diferencia de los bancos de desarrollo con Wall Street o con el propio Fondo Monetario Internacional. “Podemos ser complementarios pero nuestro rol es distinto: es hacer que los países se puedan desarrollar a través de obras de infraestructura”, asegura.
¿Cuáles son los intereses de CAF en la Argentina?
CAF tiene mucha diferencia con el resto de los multilaterales en su gobernanza. Es más democrática porque no tiene un voto calificado. En CAF cada país tiene un voto. La relación de CAF con cada país depende de las necesidades de los países. CAF nunca pone condiciones. Trabajamos en todos los rubros, infraestructura, desarrollo social, género, inclusión, diversidad, desarrollo territorial, agua, saneamiento, energía. En el caso de Argentina una vez al año nos juntamos, se hace lo que se llama el pipeline de proyectos, y ahí el país va decidiendo qué proyectos prioriza. Obviamente tenemos unos intereses globales que nos los pone el Directorio: nos pide que el 40% de las aprobaciones de toda la institución sean verdes, que trabajemos con el sector no soberano, en ciudades y gobiernos locales. Después eso lo balanceamos dependiendo de cada país.
¿Qué está pidiendo el país?
En este momento, tiene una visión de trabajar con las provincias y darle la garantía soberana a las que piden financiamiento. Sí hemos financiado algunas actividades, como por ejemplo la Tarjeta Alimentar, que hicimos dos fases: una de u$s 400 millones en 2024 y otra de u$s 300 millones en 2025. Este año aprobamos un proyecto también de u$s 400 millones del Gobierno nacional para subsidios en la energía.
¿Cómo fue la negociación por el crédito que dieron en 2023 a la Argentina?
Cuando comienza la gestión del nuevo Gobierno, nos pidieron un crédito puente para pagarle al Fondo y no entrar en default. Los equipos trabajaron casi de la noche a la mañana: en 8 días presentamos el proyecto, nos pusimos de acuerdo y le hicimos el desembolso. El proceso de aprobación fue por vía súper rápida, expedita, con aprobación del Directorio en una reunión virtual, donde se les explicó a los ministros de Economía de los países cuáles eran las necesidades de Argentina. Fue aprobado por unanimidad, ninguno se opuso. Fueron u$s 970 millones.
¿Cuál era el interés de los países de que Argentina no entrara en default?
Los dueños del banco son los países. Cuando un país dice que está muy urgido en sacar este proyecto, hacemos lo imposible en achicar los tiempos para que lo autorice el directorio. Los propios ministros de Economía de toda la región vieron la necesidad y entendieron que, si Argentina entraba en default, no era solamente un problema para Argentina. También podía haber contagio en la región, porque ya lo hemos vivido en otros momentos. Todos estuvieron muy alineados y entendieron que un salvataje rápido los ayudaba.
Argentina todavía no volvió a los mercados de deuda internacionales y su financiamiento depende en parte en los organismos internacionales. ¿Pueden ustedes reemplazar a Wall Street?
No. Las necesidades de financiamiento siempre son más grandes que la cantidad de dinero que pueden tener todos los bancos multilaterales juntos. Además, tenemos ciertas restricciones porque los proyectos que financiamos son de inversión. Podemos hacer una parte de libre disponibilidad, pero si un banco de desarrollo hiciera solamente eso enseguida se quedaría sin capital. Todo el financiamiento saldría junto y no habría plata que alcanzara para sostener a la institución. Cuando vas al mercado, el financiamiento es inmediato. Los tiempos y las tasas que ofrecemos son más largos y más bajas. Hacemos proyectos a 12, 15 y 18 años. Podemos ser complementarios, pero nuestro rol es distinto: es hacer que los países se puedan desarrollar a través de obras de infraestructura.
¿Cómo es el vínculo y diálogo con el equipo de Luis Caputo y el Gobierno de Javier Milei?
Es muy bueno. El ministro de Economía integra nuestro Directorio y el director suplente es el subsecretario de Relaciones Financieras Internacionales, Matías Mana. El ministro a veces está más ocupado y participa de manera virtual en las reuniones, mientras que el subsecretario siempre está de manera presencial. Planteamos a principio de año cuáles van a ser los proyectos. Estamos previendo ahora proyectos para Mendoza, Neuquén, Córdoba y para varias provincias que está el Gobierno está por mandarnos.
¿Cuánto financiamiento necesita Vaca Muerta?
Todavía hay una necesidad muy fuerte. Se está haciendo muchísima inversión, no solamente de los bancos de desarrollo, sino también de empresas privadas. Neuquén es un foco de atracción de inversiones enorme. La productividad de lo que tiene que ver con gas y petróleo está creciendo de manera exponencial. Las regalías de la provincia se van a duplicar o triplicar en los próximos 5 a 10 años. Todas esas inversiones van a ser súper rentables.
¿Puede convertirse Neuquén en un mini Houston?
Sí. Tiene un derrame muy fuerte en otras provincias como Río Negro, pero hay que pensar una estrategia inteligente para que ese derrame también vaya para todo el país. Las inversiones van a hacer crecer muchísimo a Neuquén, pero hay que tener una mirada de largo plazo y federal de cómo se puede ayudar a redistribuir eso en otras áreas que tengan que ver con salud, con obra pública, con educación.

Dentro del sector privado, ¿qué empresas les interesa financiar y con qué propósito?
El tema ambiental es muy importante. Hemos estado ayudando a YPF y a PAE a reconvertir muchas de sus actividades para bajar las emisiones. Tenemos una visión de tratar de ayudar a Argentina y ya lo hemos hecho con más de u$s 900 millones en proyectos. Después nos gusta trabajar mucho con las pymes, con una mirada en la gobernanza de las pequeñas y medianas industrias para que tengan una visión ambiental de sostenibilidad, de cuidado del ambiente, que haya paridad de género. Estamos poniendo mucho hincapié en el sector privado.
También le otorgaron un crédito a River. ¿Qué es lo que vieron en ese proyecto?
Es la primera vez que otorgamos un financiamiento a una organización sin fines de lucro. River tiene una solidez financiera muy grande. Era algo que le servía al país porque en 2030 se va a jugar el Mundial y uno de los primeros partidos será en River. Eso pone al país y a la ciudad de Buenos Aires en el foco mundial. Es desarrollo desde el punto de vista deportivo. Pero también trabajamos en lo que se llama economías creativas, todo lo que tiene que ver con el turismo cultural, deportivo, con los recitales: viene gente del interior y de otros países, eso genera gasto en hotelería, en gastronomía, moviliza la economía. Y después River tiene una veta social en el tema educativo, que para nosotros es muy importante: primaria, secundaria, universidad. Se trata de utilizar al deporte como herramienta de desarrollo. Es una obra que va a durar tres años y tiene todas estas externalidades positivas sociales, deportivas, en economías creativas que para nosotros son muy importantes.



