Salto en la mora

Uno de cada tres no puede pagar su tarjeta de crédito no bancaria

La mora, que era del 17,5% antes de la pandemia, ahora se duplicó, según las cámaras del sector. Abarca al financiamiento de cadenas de electrodomésticos y shopping centers. Desde entonces cayó 40% la emisión de nuevos plásticos a los no bancarizados y achican el límite de compra


Las tarjetas de crédito emitidas por entidades no bancarias, como los supermercados, cadenas de electrodomésticos, shoppings centers o financieras, duplicaron la morosidad que tenían con respecto a hace un año atrás, antes de que empezara la cuarentena por la pandemia del coronavirus.

La mora tardía, que es cuando el usuario tiene más de seis meses de atraso en el pago del resumen, pasó del 17,5% al 35% de acuerdo con las estadísticas extraoficiales que manejan los socios de la Asociación de Proveedores de Bienes y Servicios Financieros y Fintech, según pudo saber este diario. Cifras similares manejan los socios de la Asociación de Empresas de Cobranzas de la Argentina.

En el ambiente cuentan que a partir de agosto se vio venir el declive en las cobranzas de préstamos que dieron las fintech, cooperativas, mutuales y financieras no reguladas, que dan crédito a los sectores de menos recursos, que no acceden a los bancos porque no califican crediticiamente para poder tener una tarjeta de crédito bancaria.

"Es fuerte el atraso en los pagos", es la frase que más se escucha en el sector, que trajo consecuencias por el cierre y achique de entidades que quedaron 'patas para arriba', por lo que se vieron obligadas a vender su cartera de créditos, ya que uno de cada tres no les pagaba.

Terminan vendiendo la cartera a precios muy bajos, pero invertir en ese segmento no es del todo sencillo, porque se estima que se recupera sólo entre el 15 y el 20% de la cartera.

Por lo pronto, antes este contexto adverso, lo que están empezando a hacer las empresas es achicar los límites de compra con tarjeta al mínimo posible, y no actualizarlos por inflación, lo que redunda en una merma en el poder de compra. "Cautela" pasó a ser la palabra que más se escucha entre las compañías del sector para poder mantenerse a flote y evitar una mayor incobrabilidad, ya que luego de los 360 días de demora en los pagos pasa a "Judiciales", por eso prefieren vender la cartera de mora tardía cuando ya pasan 180 días sin poder cobrar.

Las fintech, por ejemplo, que solían estar muy activas en préstamos a los no bancarizados, ahora han parado la venta de nuevos préstamos y emiten cada vez menos tarjetas. Las más grandes compran las carteras de las más pequeñas y de las que se van, y hasta incorporan a ejecutivos rivales a su management, ya que el mercado quedará cada vez más concentrado, con menos jugadores en la cancha.

El problema es que deben financiarse fuera del sistema, pagando una tasa del 57% anual para los inversores que quieran aportar capital que les de más que el 37% que dan los bancos por un plazo fijo tradicional. Claro que el mínimo no es de 30 días, como un depósito en un banco, sino de 90, parecido al del UVA, el plazo fijo que sigue a la inflación.

Un negocio seguro era el descuento por código de haberes, ya que financieras, fintech y cooperativas daban préstamos seguros, porque luego se los descontaban directo del sueldo. Pero como durante la cuarentena hubo mucha gente sin cobrar el sueldo, el negocio del código de descuento dejó de funcionar.

Ante esta situación, las entidades extrabancarias limitaron al extremo la emisión de nuevas tarjetas de crédito: dieron un 40% menos que hace un año, según relevaron las cámaras del sector. Además, subieron el score crediticio de a quiénes se las otorgaron: ya nadie presta a quien tiene un score menor a los 550 puntos. Significa que debe ganar más de $ 40.000 estando en relación de dependencia, o más de $ 60.000 si es monotributista, con al menos un año de antigüedad en ese salario.

"Se parece al 2001, con los bancos más limpios financieramente pero las financieras hechas pelota", describen en la City.

Por eso, para dar cualquier línea de crédito son mucho más exigentes: hasta para el descuento de cheques deben ser endosados por grandes empresas y cobran una tasa del 15% mensual. No se los pueden vender al banco porque ya tienen la línea cubierta, entonces deben salir del sistema y pagar un sobreprecio por la necesidad de tener la plata en el día.

Además, acortaron los plazos de los cheques: mientras antes de la pandemia tomaban a 180 días, ahora el promedio es de 90 días, y muy excepcionalmente se puede llegar a los 120.

"Cuando la gente se queja de por qué la ropa es tan cara es porque tenemos que pagar estos costos financieros, que son altísimos", explican desde la industria textil, acostumbrados al descuento de cheques en el off market.

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