Los bonos soberanos extendieron la recuperación y las acciones argentinas aceleraron las ganancias tanto en Buenos Aires como en Wall Street en una jornada en la que el riesgo país perforó nuevamente el umbral de los 500 puntos básicos, una barrera psicológica que no lograba quebrar desde el 11 de mayo.

El indicador que elabora JP Morgan se ubicó en 498 unidades y volvió, así, a niveles que en la City ya empiezan a mirar como condición necesaria para discutir un eventual regreso de la Argentina al mercado internacional de deuda.

La mejora estuvo acompañada por una rueda de fuerte apetito por activos argentinos. El S&P Merval avanzó cerca de 5% en pesos y los ADR mostraron subas de hasta casi 10% en Wall Street, liderados por los papeles bancarios y de utilities. Supervielle y Telecom encabezaron los avances, mientras que Edenor, Banco Macro, Central Puerto e YPF también operaron con fuertes ganancias.

En la plaza financiera atribuyen el rally a una combinación de factores locales y externos. Por un lado, el mercado sigue premiando la consolidación fiscal, la desaceleración de la inflación y la expectativa de continuidad política del programa económico de Javier Milei. Por otro, volvió algo del apetito por riesgo emergente, lo que favoreció la compresión de spreads de la deuda argentina.

La baja del riesgo país además fue rápidamente capitalizada por el propio Presidente. Milei celebró en redes sociales que el indicador volviera a perforar los 500 puntos y volvió a insistir con uno de los objetivos centrales de su programa financiero: que la Argentina recupere el “investment grade”, es decir, la calificación de grado de inversión que perdió hace años y que le permitiría volver a financiarse a tasas considerablemente más bajas.

En el mercado reconocen que todavía falta para llegar a ese escenario, pero admiten que la dinámica cambió. “Debajo de 500 puntos empezás a entrar en otra conversación, pero todavía no significa acceso automático al mercado”, resumió un operador de deuda soberana.

En la City destacan que el Gobierno consiguió algo que hace apenas un año parecía improbable: sacar a la Argentina de la zona de estrés extremo. Sin embargo, también advierten que el desafío ahora pasa por sostener estos niveles y consolidar la mejora financiera.

Aun así, los inversores siguen de cerca dos variables clave: la acumulación de reservas y el escenario internacional.

Por un lado, el Banco Central todavía enfrenta el desafío de recomponer poder de fuego de manera sostenida. Aunque las reservas mejoraron en mayo y el mercado reconoce avances en materia cambiaria, la posición externa sigue siendo uno de los principales puntos débiles que mencionan las calificadoras.

Por otro, el contexto global empieza a mostrar más volatilidad. La expectativa sobre las tasas de la Reserva Federal y las tensiones geopolíticas agregan ruido a los mercados emergentes y podrían limitar el rally de los bonos argentinos.

Ese escenario podría complicar especialmente a países como Argentina, que todavía dependen de que continúe el apetito por riesgo para sostener la recuperación de sus bonos.

En el mercado recuerdan además que el verdadero test llegará cuando el Gobierno intente volver a emitir deuda en dólares. Ahí se verá si la mejora del riesgo país es suficiente para abrir nuevamente el crédito voluntario a tasas razonables.

Por ahora, la señal es positiva. Después de años acostumbrada a operar en niveles de cuatro dígitos, la deuda argentina volvió a instalarse en una zona que el mercado considera “normalizable”. Pero la discusión ya no pasa sólo por perforar los 500 puntos: ahora el desafío es demostrar que puede sostenerse ahí.