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La inflación habría vuelto a superar el 2% mensual en julio, después del 1,9% registrado en junio. Las primeras estimaciones privadas anticipan un rebote “transitorio” impulsado por las vacaciones de invierno, los aumentos de tarifas y una mayor incidencia de los alimentos, en un escenario en el que la depreciación del peso comenzó a trasladarse parcialmente a los precios.

El dato no solo será relevante para confirmar si el proceso de desinflación continúa. También pondrá a prueba el escenario incorporado en los bonos en pesos: al cierre del 30 de julio, la curva descontaba una inflación de apenas 1,8% para julio y los meses siguientes, por debajo de algunas proyecciones privadas.

Esa diferencia vuelve a poner en discusión la conveniencia de mantener posiciones en Lecap y Boncap a tasa fija o reforzar la cobertura mediante bonos CER y títulos duales.

Y es que los precios del mercado reflejan una apuesta firme a la desinflación. Según la curva de breakeven entre bonos CER y tasa fija, la inflación implícita se ubica entre 20,1% y 20,4% anual para los distintos plazos, equivalente a un ritmo cercano al 1,5%-1,6% mensual.

La curva luce prácticamente plana y se mantiene muy por debajo del 30% anual que proyectaba el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) para fines de 2026, lo que sugiere que los inversores descuentan una desaceleración de los precios más rápida que la prevista por los economistas.

La inflación de julio habría alcanzado el 2,1%

Julián Neufeld, economista de la Fundación Libertad y Progreso, estimó una inflación de 2,1% para julio a partir de los precios relevados hasta la cuarta semana del mes.

Según explicó, el repunte respondería principalmente a dos factores.

  • El primero fue el aumento estacional de la demanda de bienes y servicios vinculados con las vacaciones de invierno, con mayor impacto sobre Recreación y Cultura.
  • El segundo fue la aceleración de Alimentos y Bebidas no Alcohólicas, que Neufeld relacionó con la depreciación del 6% registrada por el tipo de cambio mayorista desde mayo.

La visión coincide, al menos parcialmente, con la de Balanz Research, que también anticipó una “leve aceleración” de la inflación durante julio, aunque no presentó en el dato con estimación puntual para el mes.

Para la sociedad de bolsa, la principal presión provino de una nueva ronda de aumentos en precios regulados. Durante julio, las tarifas del transporte público subieron 4,1%; la electricidad aumentó, en promedio, 1,5% en el AMBA; el agua, 3%; y el gas natural, alrededor de 2,8%.

El punto de partida fue una inflación de 1,9% en junio, por debajo del 2% esperado por el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM). Además, la inflación núcleo descendió hasta 1,6%, desde el 1,9% de mayo, una señal favorable para el proceso de desinflación más allá de la volatilidad de los componentes estacionales y regulados.

Un rebote que el mercado considera transitorio

Pese al repunte esperado para julio, las proyecciones no anticipan un cambio permanente de tendencia. Neufeld señaló que los precios retomarían durante el segundo semestre el sendero de desinflación y se ubicarían nuevamente por debajo del 2% mensual.

Balanz mantiene una lectura similar y espera que la inflación converja hacia niveles cercanos al 1,9% mensual durante la segunda mitad de 2026, aun con un tipo de cambio menos apreciado que en la primera parte del año.

La principal diferencia está en el mecanismo detrás del rebote. Mientras la Fundación Libertad y Progreso destaca el componente estacional y una mayor incidencia de los alimentos asociada al movimiento cambiario, Balanz pone el foco en la normalización de las tarifas reguladas.

En ambos casos, julio aparece como una interrupción temporal y no como el comienzo de una nueva aceleración sostenida.

Qué inflación descuentan los bonos

La curva de bonos expone un escenario incluso más optimista. De acuerdo con los cálculos de 1816, realizados con precios del mercado secundario al 30 de julio, la inflación breakeven entre Lecap y Boncer se ubicaba en 1,8% mensual entre julio y octubre, para luego descender a 1,5% en noviembre y diciembre.

El breakeven es la inflación que iguala el rendimiento esperado de un bono a tasa fija con el de uno ajustado por CER. Por encima de ese nivel, el Boncer ofrece una mejor cobertura; por debajo, resulta más conveniente la tasa fija.

En promedio, 1816 calculó que los bonos incorporaban una inflación de 1,7% mensual para lo que resta de 2026 y de 1,6% mensual, equivalente a cerca de 21% anualizado, para los primeros cuatro meses de 2027.

Por lo tanto, si el IPC de julio efectivamente se ubica en 2,1%, superaría en 0,3 puntos porcentuales el 1,8% que descontaba la curva para el mes. El dato favorecería, en ese tramo, a los instrumentos ajustados por CER frente a la tasa fija.

Cómo posicionarse ante el dato de inflación

La estrategia depende de cuán rápido crea el inversor que continuará la desinflación. La curva de tasa fija rendía alrededor de 2% mensual efectivo, mientras que la nueva Lecap S16O6 había sido colocada a una tasa efectiva mensual de 2,05%.

Para 1816, las Lecap cortas al 2% mensual todavía ofrecen una alternativa competitiva. En cambio, la consultora considera que únicamente los inversores con una visión “muy constructiva” sobre la desinflación deberían sobreponderar los Boncap con vencimiento en 2027, cuyo rendimiento rondaba el 2,05% mensual.

Sucede que para que la tasa fija larga gane con claridad, la inflación debe bajar rápidamente hacia los niveles implícitos en la curva y mantenerse allí. Un IPC superior al previsto reduce ese margen y mejora el atractivo relativo de la cobertura.

1816 se inclina por los bonos duales largos que ajustan por CER o por la tasa TAMAR, debido a su carry.

Mientras la TAMAR permanezca por encima del 22% nominal anual y los instrumentos paguen un margen cercano a TAMAR más 9 puntos porcentuales, podrían devengar alrededor de 2,6% mensual.

La recomendación, sin embargo, incluye una advertencia: la firma no espera una compresión significativa de tasas en el corto plazo mientras el Ministerio de Economía continúe ofreciendo estos instrumentos en las licitaciones quincenales. Es decir, el principal atractivo estaría en el rendimiento acumulado y no necesariamente en una ganancia inmediata por suba de precio.