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Históricamente, presentar un balance por encima de las expectativas alcanzaba para impulsar las acciones de las grandes tecnológicas. Pero los datos de los últimos días muestran dos casos paradigmáticos que podrían revertir esa tendencia.

Broadcom y Oracle acaban de mostrar dos de los mejores resultados corporativos de la temporada de balances en Estados Unidos, ya que ambas crecieron muy por encima de lo esperado, reforzaron su negocio vinculado a la inteligencia artificial y elevaron sus ingresos a niveles récord.

Sin embargo, el mercado reaccionó en sentido contrario y castigó sus acciones.

Lejos de tratarse de un episodio aislado, el comportamiento de los inversores empieza a mostrar un cambio de criterio que distintos informes de mercado vienen señalando desde hace semanas.

Claro es que la inteligencia artificial sigue siendo el principal motor del crecimiento de Wall Street, pero ya no alcanza con prometer expansión futura. Ahora el mercado quiere pruebas de que las inversiones multimillonarias comienzan a traducirse en flujo de caja y rentabilidad.

Broadcom: un “miss” de menos del 1% alcanzó para hacer caer 5% la acción

El caso de Broadcom resume el cambio de humor. La compañía presentó ingresos por u$s 29.590 millones, un crecimiento interanual del 85,6%, mientras que la ganancia ajustada por acción avanzó 96,4%.

Se trata de número alentadores para cualquiera que los mire fuera del contexto.

Su negocio de semiconductores para inteligencia artificial volvió a ser el gran protagonista, ya que la división facturó 20.800 millones, un salto de 127% impulsada por los aceleradores de IA personalizados, que ya representan cerca del 57% de toda la facturación de la empresa.

Sin embargo, el mercado no miró esos números. Broadcom proyectó ingresos por US$ 34.800 millones, apenas por debajo de los US$ 35.030 millones que esperaba el consenso. La diferencia fue inferior al 1%, pero alcanzó para provocar una caída cercana al 5% en la rueda posterior al balance.

Oracle: más contratos, más crecimiento y más dudas

Oracle mostró un patrón muy parecido. Los ingresos crecieron 30% hasta u$s 19.350 millones y la ganancia por acción también superó las previsiones. Además, la compañía firmó más de 30.000 millones en nuevos contratos de inteligencia artificial y elevó su cartera de contratos pendientes (RPO) hasta 664.000 millones, un nivel récord.

Pero el gasto de capital saltó de US$ 8.500 millones a US$ 28.500 millones en apenas un año, llevando el flujo de caja libre a terreno negativo pese al fuerte crecimiento operativo. La acción primero llegó a subir en las operaciones posteriores al cierre, pero terminó la jornada siguiente con una caída superior al 5%.

Y, lejos de recuperarse rápidamente, continuó operando bajo presión durante los días posteriores, una señal de que la reacción inicial del mercado no fue simplemente un movimiento técnico sino una reevaluación sobre el costo de sostener ese ritmo de inversión.

Pero las ganancias todavía sostienen el optimismo

El comportamiento de Broadcom y Oracle dialoga con otra conclusión que planteó recientemente Balanz.

Según la sociedad de bolsa, Apple, Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y Oracle ya concentran cerca de la mitad de todo el gasto de capital del S&P 500, una cifra inédita que explica buena parte del auge de la inteligencia artificial.

El informe estima que ese grupo pasará de invertir u$s 196.000 millones en 2023 a 976.000 millones este año, para superar 1,5 billones hacia 2028.

Para Balanz, por ahora esa apuesta sigue estando respaldada por una realidad difícil de discutir: las ganancias corporativas continúan creciendo más rápido de lo esperado.

El S&P 500 registró un aumento interanual del 33,9% en las utilidades del segundo trimestre y las previsiones para 2026, 2027 y 2028 siguen revisándose al alza.

La vara ya no está en el crecimiento

Los dos informes, sin embargo, convergen en un mismo punto. Balanz sostiene que las ganancias todavía alcanzan para convalidar el enorme ciclo de inversión en inteligencia artificial.

Cocos muestra que el mercado empezó a exigir un paso más.

Ya no alcanza con crecer a tasas extraordinarias ni con superar las estimaciones de ingresos y beneficios. Los inversores quieren saber cuándo ese gasto récord empezará a traducirse en caja, cuánto costará financiarlo y si podrá sostenerse en un contexto de tasas de interés más altas.

En otras palabras, Wall Street no dejó de apostar por la inteligencia artificial. Lo que cambió es el estándar con el que evalúa a las empresas que lideran esa carrera.