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Fuerte castigo a los bancos en la revuelta previsional francesa

Como en la Argentina en 2001, en Francia los bancos son el chivo expiatorio de la crisis actual por el plan previsional de Macron.

Cada vez más sucursales bancarias son vandalizadas por manifestantes que protestan contra las medidas del gobierno de Emmanuel Macron. Nadie se olvida que ningún banco francés fue sancionado por la debacle subprime en 2008.

No padecieron la angustia de ver cómo sus ahorros quedaban atrapados adentro de las sucursales bancarias, tal como les pasó a los argentinos en diciembre de 2001, cuando fue decretado el infame corralito.

Pero sí descargan toda su furia y frustración contra las entidades financieras, responsables, para el común de los franceses, de ser partícipes de la actual crisis que vive su país desde que el gobierno de Emmanuel Macron decretó la suba de la edad de jubilación.

En Francia, en estos momentos, cada vez más sucursales de distintas ciudades del país son tomadas como blanco de la ira de los ciudadanos que protestan por las medidas gubernamentales, pero también por la inflación creciente, por la falta de oportunidades para los más jóvenes y por las empresas que deciden deslocalizar a otros países con menor carga impositiva.

Es así que, desde hace algún tiempo, aumentan los casos de ataques a bancos, que incluyen destrucción de cajeros automáticos, incendios, saqueos de sucursales y pintadas acusando al sector por la crisis reinante.

Salvados de la crisis

Pero eso no es todo: también la gente se acuerda que, cuando estalló la crisis subprime en 2008, y que luego se metamorfoseó en la crisis de la deuda soberana europea en 2010, hubo muchos bancos que fueron rescatados por el Estado, e incluso algunos nacionalizados para evitar su cierre. Pero, cuando pasó la hecatombe, ningún ejecutivo bancario fue condenado a prisión, así cómo tampoco hubo entidades financieras francesas sancionadas y multadas por realizar prácticas fraudulentas y ofrecer productos financieros impagables.

Por eso la bronca acumulada por estos días en toda Francia también se vuelca sobre los bancos, considerados una "casta" aparte dentro del entramado corporativo galo.

"La prioridad para el conjunto de las entidades sigue siendo la seguridad de los empleados y de los clientes. Las decisiones son tomadas por cada banco y pueden variar en función del desarrollo de las manifestaciones, incluso algunas sucursales pueden ser cerradas de urgencia en caso de necesidad", fue el comunicado emitido por la Federación Bancaria Francesa (FBF), para alertar a todos sus miembros sobre cómo proceder en caso de percibir que una protesta o piquete que se realice cerca de sus oficinas derive en actos de vandalismo.

Una lección aprendida

Parecería ser que lo sucedido en la Argentina hace dos décadas atrás sirvió como lección, por lo que algunas entidades decidieron no quedarse de brazos cruzados y tapiar con paneles de madera o de metal sus frentes.

En la ciudad de Nancy (noreste de Francia) aparecieron varias sucursales con estas barricadas, que aún sorprenden a los franceses, porque no conocieron el paisaje bancario argentino de 2001-2002. La decisión fue tomada después de que fuera incendiado el portón de la oficina del Banco de Francia a pocas cuadras de allí. "Un ataque simbólico que apunta al capitalismo", según el testimonio de un manifestante.

En París, mientras tanto, 13 sucursales fue vandalizadas en los últimos días con grafitis, e incluso una terminó saqueada durante otra de las marchas contra la reforma previsional, y en Toulouse (sudoeste), los cajeros automáticos de 12 sucursales fueron saboteados por piqueteros.

Uno de los eslóganes que se repite como un mantra en estas concentraciones da la pauta del clima que se vive en toda Francia: "Los poderes del país no están en manos del gobierno, sino en las de los bancos".

"El odio hacia los banqueros no es reciente ni existe solo en el mundo occidental. Es multicultural y se cristaliza con la aparición del préstamo con intereses que jamás fue aceptado", explicó Alexandre Delaigue, profesor de Economía de la Universidad de Lille.

En su visión, "los banqueros representan a quienes tienen el poder del dinero, el poder último que permite satisfacer la mayoría de los deseos de los seres humanos. Es lógico verlos con desconfianza, y más en momentos de crisis como el actual"

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