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Las familias duplicaron su nivel de endeudamiento en apenas dos años y la irregularidad de los créditos alcanzó niveles récord. La caída del ingreso disponible y el salto de las tasas explican buena parte del fenómeno. A eso se suma el aumento rápido del crédito y la caída del poder adquisitivo.
Los números de la consultora EcoGo muestran, además, que, a junio de 2026, el deudor promedio debía el equivalente a 2,2 salarios privados registrados y 2,5 salarios si se considera únicamente la deuda bancaria.
En abril de 2024, en cambio, debía alrededor de un salario. No hubo, sin embargo, una incorporación masiva de personas al mercado de crédito. La cantidad de deudores pasó de 19,6 millones a 20,7 millones en dos años, apenas un 6% más. Lo que ocurrió fue que los mismos deudores comenzaron a deber mucho más.
Los que acumulan obligaciones equivalentes a más de cinco salarios pasaron de 400.000 a 1,7 millones, un salto del 281%. Y aquellos cuya deuda representa entre dos y cinco salarios aumentaron de 1,4 millones a 2,9 millones.
La irregularidad
El resultado de ese proceso comenzó a aparecer en los índices de irregularidad: 5,7 millones de personas están en situación irregular, el equivalente al 27% de los deudores. Y entre los más apalancados el problema es todavía mayor: la mora llega al 32% entre quienes deben más de cinco salarios.

¿Cómo se llegó al récord de mora? “Principalmente el crecimiento de la mora se disparó en 2025 y se combinaron varios factores”, explicó Federico Machado, economista de Open. El primero que menciona fue la velocidad a la que había crecido previamente el crédito, en paralelo con el proceso de desinflación. “El segundo fue que el ingreso disponible, que inicialmente se había recuperado, comenzó a caer”, enumeró. Y, por último, señaló un tercer factor que terminó de complicar la ecuación: a mediados de 2025 se dispararon las tasas de interés, lo que, según Machado, hizo prácticamente imposible refinanciar muchos de los créditos que se habían tomado previamente.
El informe de agosto de FIDE llega a una conclusión similar. Señala que durante 2025 la expansión del crédito permitió sostener parte del consumo privado frente a la caída de los ingresos reales. Pero identifica un quiebre desde mayo de ese año, cuando la suba de las tasas posterior a la eliminación de las LEFI elevó el costo del financiamiento para las familias. Indica también que, con la desinflación, las tasas reales se volvieron positivas y el crédito comenzó a crecer, impulsado por préstamos personales, tarjetas y prendarios.
Sebastián Menescaldi, economista de EcoGo, explicó que desde aquel piso de abril de 2024 los niveles de deuda más que se duplicaron y que parte de ese financiamiento se tomó a plazos más cortos y con tasas reales considerablemente mayores. Ese cambio tuvo un impacto directo sobre el bolsillo. Según Menescaldi, la carga financiera pasó del 17,5% al 31% de la masa salarial hacia fines de 2025. Actualmente ronda el 29%.

El problema del poder adquisitivo
Es decir, una proporción cada vez mayor del ingreso empezó a quedar comprometida antes de que las familias pudieran destinarla al consumo. El otro problema es que cada vez queda menos salario disponible. El aumento de las cuotas ocurrió, además, mientras otros gastos ganaban peso dentro del presupuesto. FIDE estima que, para un trabajador registrado promedio del AMBA, electricidad, gas, agua y transporte pasaron de representar alrededor del 6% del salario en diciembre de 2023 a cerca del 15% actualmente.
El informe también advierte sobre el deterioro salarial. Medido con la canasta de consumo de 2017, calcula que el salario real privado acumula una caída del 10,3% desde el comienzo de la actual gestión. Para el conjunto de los trabajadores registrados, estima una pérdida del 15,1% desde noviembre de 2023.
Para Menescaldi, allí aparece uno de los puntos centrales del problema: los pagos financieros empezaron a llevarse una porción mayor del salario al mismo tiempo que aumentaban otros gastos necesarios. Así, no sólo aumentó la cantidad de personas que dejaron de pagar, también cambió quiénes entraron en mora.
En 2024, la irregularidad estaba mucho más asociada a los deudores de montos pequeños. Ahora, entre los que deben más de cinco salarios, la morosidad alcanza el 32% y la cantidad de personas en situación irregular dentro de ese segmento se multiplicó por más de veinte.





