Dólar

Por qué los argentinos están obsesionados con el dólar, hasta cuando les hace perder plata

"Tango (dólar), que me hiciste mal y sin embargo te quiero... porque sos el mensajero del alma del arrabal", cantan por lo bajo los argentinos, que padecen de inflación crónica y suspiran por los más de u$s 320.000 millones que descansan en cuentas del exterior y colchones

El poeta bragadense Enrique Pedro Maroni se inspiró para volcar en el pentagrama su célebre apología al género musical rioplatense por antonomasia en 1929. Casi como que podría haber sido el prólogo a la primera vez que la palabra dólar apareció en letra de molde en 1931, durante la dictadura de José Félix Uriburu, en ocasión de decretarse el primer control de cambios de la historia local

Desde entonces, la moneda estadounidense se fue infiltrando en nuestro acervo, al principio subrepticiamente, hasta enquistarse en la cotidianeidad. Pasaron 90 años, cuatro generaciones. Se transformó en un ícono tan arraigado en el sentir nacional como el fútbol o el tango, si bien la inmensa mayoría habla y palpita a su ritmo pero no lo ha visto pasar, aunque lo tenga en sus oraciones. E incluso si se le diera un baño de racionalidad, tampoco como instrumento financiero sería repartidor de bonanzas. 

El economista Martín Tetaz retrata en un sencillo análisis cuánto le deja neto la moneda estadounidense a un bolsillo argentino: "En Estados Unidos hay inflación y, por lo tanto, el que guardó dólares los últimos 10 años perdió el 15% de capacidad adquisitiva y el que los guardó 20 años, perdió el 33%"

Pero vaya uno a decírselo al que corre desesperado a comprar a cualquier precio cada vez que la economía incuba una tormenta perfecta, más o menos cada 10 años, cuando está por cambiar un gobierno, el que está tambalea o simplemente cuando la gente percibe que el gobernante de turno atrasó su paridad respecto de la inflación como política económica recurrente. 

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Sin embargo, aunque ninguna de esas expectativas coyunturales alborote a los apostadores de raza, el dólar sigue siendo la salida más fácil para atesorarlos en la Argentina o en cualquier otro país, por más que no dé ganancia. ¿Pretender rentabilidad? La economista del Centro de Estudios Macroeconómicos de la Argentina (CEMA), Diana Mondino, explica qué implicaría abordar otras complejidades, como combinar acciones y bonos, por ejemplo. 

"Armar portafolios de inversiones con activos en dólares y, si incluyen pesos, comparar con la inflación esperada. Se debe asumir que en casi cualquier inversión existen subas y bajas. Que así como los instrumentos en pesos tienen altas tasas, también poseen alta volatilidad, por lo que nos plantean gran incertidumbre sobre su valor", dice. 

Hurgando en el pasado 

"¿Quién ha visto alguna vez un dólar?", fue la primera alusión a la moneda estadounidense que haya hecho en público un presidente de la Nación. La frase la emitió el general Juan Domingo Perón, en 1948, y así lo registra el libro "El Dólar, historia de una moneda argentina (1930-2019)", cuyos autores son la socióloga Mariana Luzzi y su colega y compañero de Conicet, Ariel Wilkis.

Ni siquiera la mención tuvo que ver con devaluaciones u otras contingencias que remitieran a algún "recuerdo del futuro", sino que usó la pregunta como ejemplo en una arenga a obreros ladrilleros.

En ese año, ni la imaginación de José Luis Borges había llegado a invocar a la "argentinizada" moneda de los Estados Unidos al momento de escribir uno de los cuentos del Aleph. Sí describe la capacidad de una enigmática moneda, a la que denomina Zahir, de calar hondo en la memoria del personaje y cobrar enorme dimensión en su inconsciente. Casi que se podría decir que el genial escritor tuvo una premonición sobre el rol que asumiría la divisa norteamericana para los argentinos durante los 70 años siguientes. 

Aun con tan discretas apariciones en el imaginario nacional, el cruce del Rubicón de los ‘70 les planteó a los investigadores Luzzi y Wilkis el gran interrogante: ¿qué sucedió para que un país con moneda propia llegue a vivir pendiente de otra moneda extranjera dentro de la propia frontera? Tirios y troyanos identifican al unísono tres "tsunamis económicos" en 50 años, que marcaron hasta nuestros días a abuelos, padres, hijos y nietos: el Rodrigazo de 1975, la hiperinflación de 1989 y el estallido de la convertibilidad en 2001.

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Y agrega: "Hemos visto a nuestros padres ahorrar en dólares. Para nosotros representan, en consecuencia, la moneda que nos asegura no solo el ahorro, sino la supervivencia en el sentido literal". 

Desde la cátedra económica, Tetaz corrobora ese "encuadre freudiano del dólar". Caracteriza a la especulación cambiaria, ya no con el afán de lucro, sino como "un seguro para un evento (devaluación) que en los últimos 75 años tuvo una recurrencia de una vez cada cinco años. De modo que tal vez no haya una expectativa de ganancia, sino de cobertura en las crisis que habitualmente licúan los ahorros". 

Trauma u obsesión 

Pero antes de determinar el estado consciente o subconsciente, los protagonistas tienen la palabra. Así como los grandes ídolos y géneros populares atraen exégetas, investigadores y relatores, como sería el caso de Víctor Hugo Morales con Diego Armando Maradona o de Julio Jorge Nelson, con Carlos Gardel, el dólar también lo ostenta: el decano hombre de la Bolsa, Osvaldo "Bebo" Granados. Su extensa trayectoria como periodista quedó imbricada a los avatares, los dimes y diretes y los secretos de alcoba del verde billete a partir de que conquistó la mente y los colchones de los argentinos. 

Desde los años 60, desde la sala del Ministerio de Economía, a la que concurría a diario acreditado por La Prensa, vio desfilar a prohombres de la teoría económica "químicamente pura" (como la definiera), con títulos, honores y condecoraciones, como Adalbert Krieger Vasena, José María Dagnino Pastore, Aldo Ferrer. Fue su trampolín para tomar posición en un mirador privilegiado para monitorear al minuto la Bolsa de Comercio, los bancos y las casas de cambio, en resumen, "la City". 

Cuenta que en 1974, muerto ya Perón, y cuando se empezaba a incubar el golpe económico al que un ingeniero, Celestino Rodrigo, le cedió su apellido a los anales, tuvo que hacer un curso acelerado para llevar a la primera plana del diario, o sea, poner al alcance del gran público, las medidas cambiarias, monetarias, financieras, que de repente se sucedían todo el tiempo, con el dólar como estrella.

Nacía la "patria financiera" y con ella un nuevo idioma para ponerla en contacto con el gran público. 

Recuerda un caso paradigmático de sintonía fina entre el poder y los mercados: "En noviembre de 1975, cuando los Falcon andaban de un lado a otro y se olía el golpe, hubo una fuerte corriente de compra de acciones y la Bolsa saltó 300% en cuatro meses. 

Contenía una entrelínea al alcance de muy pocos y era que ya estaba arreglado con los generales que José Alfredo Martínez de Hoz, líder de la dirigencia empresaria tradicional, sería el próximo ministro de Economía". 

Festival de financieras

El dólar anclado hasta 1980 bajo custodia militar disparó un desenfrenado festival de tasas de interés y de entidades bancarias y financieras que surgían como hongos. La "bicicleta financiera" no tardó en dejar un tendal de quebrados, mientras los caminos se le bifurcaban al dólar: la divisa quedó bajo la órbita oficial y el billete flotando. 

Granados buceaba por entonces información en las mesas de dinero que proliferaron tras la invasión a las Malvinas en 1982 y entendió cómo funcionaba la "lógica" del dólar paralelo, cuya clave era "comprar con un rumor y vender con el notición". 

A la comprensión como pocos de esa "sintonía fina" le debió el extinto Julio Ramos, uno de los mayores logros periodísticos de su diario: la primicia del Plan Austral que, según Granados, dedujo a partir de una versión que había recogido en la Bolsa sobre un proyecto de desagio del 10/20%. 

Bebo se desmarcó solo y el tono de voz melódico, didáctico y confidencial con la narrativa de los mercados al instante se empezó a escuchar después de 1983, como una repetidora, en El Trece, radio Mitre y en varias salidas que hacía por teléfono en el interior: LT8 de Rosario y Nihuil de Mendoza, raid audiovisual que lo convirtió en el mayor influencer del dólar en todo el país. 

Desde aquellos años en las casas se repite una ceremonia de iniciación cotidiana, según la descripción de Luzzi: "prender el televisor a la mañana para ver la temperatura, el estado del tránsito y ya ahí aparece un zócalo la cotización del dólar". 

Y aunque este segundo año pandémico hasta ahora parezca sabático para un dólar sospechosamente quieto, subyace lo mismo de siempre. "El que puede comprarlo, lo compra, esté en casa o no, en forma legal, con cepos, controles, como sea", grafica el economista José Siaba Serrate

Es que entre tantos defaults, inflación y cepos cambiarios, nunca dejó de ser el único refugio argentino, según Fernando Marull, economista de FMyA, quien tira el dato de que sigue estando caro en términos históricos, "lo que habla de la cantidad de pesos excesivos y la falta de perspectivas para próximos años". 

Los grandes bunkers están en otra. Siguen trabajando con las empresas aunque sin verle la cara a George Washington porque se manejan con el MEP bursátil o el CCL. La recomposición pandémica de la City sí bajó muchas persianas de casas de cambio, pero no es más que un espejismo, ya que simultáneamente se abrieron oficinas en los barrios de Palermo y Belgrano para atender al "chiquitaje" de buen pasar, que alterna el cambio con consumos en pesos a pagar en 12 cuotas. 

Eso sí, lo que es vender, no venden. Aunque los baqueanos no crean en traumas psicológicos que aferren al dólar, "desde mi experiencia clínica, es innegable que muchas de las personas -hoy de 50 años o más- que han vivido las situaciones del Rodrigazo y atravesado tantas crisis graves, sí toman la venta de sus dólares como una situación traumática", los contradice la psiquiatra Banchero.

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