El 1% que bajó el dólar minorista durante marzo provocó que el carry trade siga siendo negocio, ya que los bonos ajustados por inflación rindieron un 3%, lo que da como resultado un rendimiento en moneda dura del 4% en tan sólo un mes.

Si bien se espera que siga la pax cambiaria, el viernes los dólares financieros subieron 2%, el equivalente a más de lo que rinde el plazo fijo en todo un mes, por lo que el mercado vio que a $ 1390 la divisa estaba barata.

Dólar dormido

Hoy, con el tipo de cambio relativamente “dormido”, la política económica enfrenta dos objetivos principales: desinflar rápidamente versus sostener la actividad y contener el deterioro en la calidad crediticia. Y cuenta con un único instrumento relevante: la tasa de interés.

Así, la inflación en torno a entre el 2,5% y el 3% mensual pasa a un segundo plano frente a estas tensiones más urgentes.

De esta manera, el foco se desplaza hacia una calibración fina. ¿Cuánto margen hay para relajar sin comprometer lo logrado en precios? ¿Y cuánto costo adicional en actividad y crédito puede absorber la economía?

La tasa

“En este contexto, la tasa de interés queda expuesta como variable clave y, al mismo tiempo, como el principal límite. Con una actividad fragmentada y un aumento en la morosidad, la inflación tampoco ofrece señales alentadoras en el corto plazo: para marzo, nuestra proyección se ubica en torno al 3%”, estiman desde GMA Capital.

En ese marco, el andamiaje monetario empieza a mostrar ciertos matices. Si bien desde comienzos de año predominó una estrategia orientada a contraer la liquidez, que redujo la base monetaria en $3,9 billones, en el margen las condiciones financieras lucen algo más laxas.

El movimiento se apoya en un contexto de menor presión cambiaria, que habilita tasas más bajas sin poner en riesgo el ancla nominal. En ese sentido, la política empieza a jugar, al menos parcialmente, a favor de la actividad.

El “trilema”, entonces, apunta a resolver ese vértice. Este relajamiento relativo desde hace un tiempo que es visible en las tasas reales más cortas de la curva CER.

Nueva lici

Ahora el mercado enfrenta una nueva licitación con vencimientos por $ 7,9 billones, de los cuales se estima que cerca de un 25% estaría en manos del FGS. En este escenario, el menú amplio de instrumentos sugiere que el objetivo pasa por sostener un rollover elevado, sin necesidad de convalidar un endurecimiento en las tasas en pesos.

La composición de la oferta también deja señales claras: “La ausencia de instrumentos a tasa fija de mayor duration, sugiere que el Tesoro evita convalidar rendimientos altos a plazos más largos".

Una señal

“Implícitamente, esto podría leerse como una señal de que el Gobierno interpreta la reciente aceleración inflacionaria como transitoria, asociada a factores puntuales como la suba del precio del petróleo, la carne y las tarifas, y no consistente con un régimen de mayor nominalidad hacia adelante”, advierten los analistas de GMA.

En Adcap Grupo Financiero coinciden en que la inflación se está reacelerando, con datos de alta frecuencia que apuntan a un dato de marzo por encima del 3%, impulsado por factores estacionales y mayores precios de combustibles tras el shock de Irán.

Segundo, el Banco Central relajó la liquidez mediante un recorte de 5 puntos porcentuales en los encajes, reforzando un mix de política que combina un contexto cambiario estable con un marco monetario más funcional.

Bonos en pesos

En este contexto, los bonos en pesos extendieron su sobreperformance frente a los de moneda dura hasta alcanzar el 21%, liderados por los ajustados por inflación.

Tras este movimiento, en Adcap recomiendan tomar ganancias en pesos y rotar hacia el tramo corto de la curva en moneda dura. Para la exposición restante en pesos, siguen favoreciendo CER, con valor selectivo en el tramo medio, mientras monitorean oportunidades en bonos duales.