

El Banco Central no compró dólares en la primera rueda de noviembre, aunque subieron las reservas a los u$s 50.441 millones por un reajuste de los encajes y cierre de posiciones de fin de mes. La noticia adquiere especial importancia en un contexto en el que Ricardo Arriazu cuestionó que la adquisición de divisas se haga a costa del crédito interno e instaló el debate en la City.
Pablo Sanches, de Neix, salió a responderle y planteó que el regulador monetario debería comprar más para inyectar pesos y permitir que el Tesoro se financie a tasas más bajas. Eso se da en un contexto en el que, en octubre, el BCRA adquirió alrededor de u$s 1396 millones, casi el triple de los u$s 473,5 millones de septiembre y con un ritmo cercano de los u$s 66 millones diarios. Las compras acumuladas durante el año se acercan a los u$s 16.000 millones.
Arriazu dejó claro que está a favor de que el BCRA compre divisas, pero, según su diagnóstico, el Tesoro retiró del mercado alrededor de $ 18 billones a través de colocaciones de deuda por encima de sus vencimientos y eso afecta el financiamiento al sector privado. Para Sánches, el principal problema no es la falta de pesos, sino la débil demanda de crédito sin una recuperación más generalizada de la actividad.
Pero, ¿qué postura tiene la City al respecto? Para Pedro Gaite, economista jefe de Fide, el Gobierno debería aprovechar la oferta actual de dólares para acelerar las compras porque el escenario de 2027 será más desafiante y no está garantizado el acceso a financiamiento en moneda extranjera. “Si hay oferta hoy, hay que aprovechar y comprar la mayor cantidad”, sostiene. Su argumento es que hacia el año próximo la oferta de divisas puede reducirse.
Sebastián Menescaldi, codirector de Eco Go, también pone el foco en las necesidades de 2027. Según su cálculo, “el Central necesitaría comprar alrededor de u$s 13.700 millones durante el próximo año solo para afrontar los vencimientos de deuda y evitar que las reservas caigan”. Por eso, considera que el momento actual es una oportunidad para construir un colchón antes de que aumenten las necesidades financieras.
Aldo Abram, director de Libertad y Progreso, en tanto, considera necesario que el Banco Central acumule reservas, pero advierte sobre el costo de concentrar las compras en un período corto. Su propuesta es “distribuirlas a lo largo del año para cumplir con las metas del Fondo Monetario sin quitar recursos de manera abrupta a una economía que todavía muestra debilidad en consumo e inversión”.
En tanto Gabriel Caamaño, director de Outlier, agrega una posición intermedia al debate. Para él, la acumulación de reservas era necesaria y su magnitud no parece excesiva frente a las necesidades financieras de 2027.
Destaca que el BCRA compró más de u$s 15.000 millones durante 2026, pero las reservas netas no superan los u$s 11.000 millones una vez descontados los vencimientos en moneda extranjera a un año bajo la metodología del FMI. Frente a eso, señala que solo los vencimientos de Bonares y Globales de 2027 rondan los u$s 9000 millones, a lo que se suma el flujo neto con el organismo internacional.
El proceso de acumulación, en el foco
Por eso, Caamaño no ubica el problema en la decisión de acumular dólares. Su crítica apunta a la forma en que se gestionó la acumulación. La actividad terminó funcionando como variable de ajuste. Para Outlier, una estrategia con algo más de remonetización habría permitido equilibrar mejor estabilidad nominal, acumulación de reservas y actividad económica.
Así, después de las compras de octubre, el mercado entra en noviembre con la expectativa de que el BCRA seguirá buscando acumular reservas. Allaria había proyectado que se acelerarían desde noviembre, con unos u$s 5000 millones adicionales entre noviembre y diciembre, lo que llevaría las compras de todo 2026 hasta alrededor de u$s 19.000 millones. No obstante, no se conoce el plan oficial.
Así, por un lado, el BCRA deberá administrar el impacto monetario de sus compras y la presión que pueda aparecer sobre el tipo de cambio si la demanda de dólares aumenta. La City ya no mira solamente cuánto embolsa, sino con qué mecanismo lo hace y qué ocurre con el crédito y la liquidez en pesos.



