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La aversión al riesgo vuelve a golpear a los activos argentinos este lunes. El riesgo país, medido por JP Morgan, sube 27 puntos hasta los 636 puntos básicos, su nivel más elevado desde mayo, mientras que los bonos soberanos en dólares profundizan la corrección y el S&P Merval retrocede 2,83%.

En Wall Street, los ADR argentinos también operan con mayoría de bajas. Cresud pierde 6,1%, BBVA Argentina cae 5,1%, Telecom retrocede 4,9%, Galicia cede 4,3% y Supervielle baja 4,1%. Sólo Central Puerto logra avanzar 0,8%.

En la plaza local, las caídas también predominan entre las acciones líderes. TGN baja 5,9%, Tecpetrol pierde 5,4%, BBVA cae 5,3%, ECOGAS retrocede 5,1% y BYMA cede 4,3%.

En paralelo, los bonos soberanos continúan bajo presión. Los títulos de mayor duration registran bajas de hasta 1,4%, mientras que los rendimientos permanecen en niveles cercanos al 11% y 13%, reflejando la mayor prima de riesgo que exigen los inversores.

Un escenario internacional cada vez más desafiante

Para Joaquín Aranguiz, economista de Fundación Libertad, el deterioro de los activos argentinos responde, en primer lugar, a un cambio en el escenario global.

“El panorama financiero local se vuelve bastante pesimista por dos componentes. Por un lado, el contexto internacional está en un momento sumamente frágil y volátil”, explica.

El especialista señala que la persistencia del conflicto entre Estados Unidos e Irán, junto con un Brent cercano a los u$s 100 por barril, mantiene vivas las presiones inflacionarias y fortalece las expectativas de tasas elevadas por parte de la Reserva Federal.

A eso suma un fenómeno de más largo plazo: la creciente necesidad de financiamiento de las grandes compañías tecnológicas para sostener las inversiones vinculadas a la inteligencia artificial.

“Las empresas tecnológicas están requiriendo inversiones enormes en CAPEX para sostener el progreso de la IA. Esto genera una competencia entre el Tesoro de Estados Unidos y los grandes hyperscalers por el ahorro disponible, elevando estructuralmente las tasas reales de largo plazo”, sostiene.

Según Aranguiz, ese escenario impulsa un clásico movimiento de “flight to quality”, mediante el cual los inversores reducen exposición a mercados emergentes y vuelven hacia activos considerados más seguros.

“Tasas más altas en Estados Unidos implican que las inversiones en el resto del mundo pierden atractivo. Los capitales vuelven hacia el dólar y los mercados emergentes son los más castigados. Argentina entra de lleno en esa dinámica”, afirma.

La economía local también suma presión sobre los bonos

Sin embargo, el contexto externo no explica por sí solo el castigo a los activos argentinos.

Aranguiz sostiene que la economía doméstica también comienza a pesar sobre las valuaciones.

“La dinámica de la economía real viene siendo mala, reflejada en datos como el EMAE y el empleo. Muchos sectores todavía no logran recuperarse y algunos continúan cayendo”, señala.

El economista aclara que no existe una relación mecánica entre el nivel de actividad y el riesgo país, aunque sí un vínculo a través de las expectativas del mercado.

“Si la actividad se deteriora, disminuyen las probabilidades de continuidad del actual programa económico y aumenta la incertidumbre sobre el cumplimiento futuro de los compromisos de deuda. Eso hace que los bonos pierdan valor y el riesgo país suba”, explica.

En esa línea, recuerda que el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Di Tella registra una caída de 5,9% en septiembre, reflejando un deterioro en las expectativas.

Además, advierte que, si bien el Gobierno tendría cubiertos los compromisos financieros de este año y del próximo, todavía persisten interrogantes sobre los vencimientos posteriores.

“El mercado todavía no ve despejado el panorama hacia 2028 en adelante. Eso termina generando un círculo negativo que también afecta las perspectivas del propio Gobierno”, indica.

Un mercado atento a los próximos meses

A los desafíos locales e internacionales también se suman los procesos electorales que se aproximan en distintos países.

Según Aranguiz, tanto las elecciones en Brasil como las de medio término en Estados Unidos pueden incorporar nuevos episodios de volatilidad para los mercados emergentes.

De todos modos, el economista evita proyectar un escenario definitivo.

“Falta más de un año para las elecciones generales en Argentina. Hay tiempo para que cambien muchas cosas, tanto para mejor como para peor. Por eso el escenario exige prudencia”, concluye.