Análisis

El desafío de la inclusión financiera y los medios electrónicos de pago

En diciembre de 2020 el Consejo de Coordinación de Inclusión Financiera del Gobierno Nacional presentó la Estrategia Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2020-2023, que realiza un diagnóstico de la situación actual y plantea una serie de objetivos que busca llevarlos adelante con múltiples actores, entre otros los Bancos Públicos.

Y es que, a pesar de los cambios acelerados que tuvieron que imponerse en el marco del aislamiento por la pandemia del Covid-19, una parte muy significativa de la población se encuentra de una u otra manera excluida del sistema financiero.

Según datos del BCRA, en 2018 en la población adulta el 80,7% de las mujeres y el 80,1% de los hombres tenían una cuenta bancaria, lo que significa que casi una de cada cinco personas no accedía a dicho producto.

En este acceso, además, existe una brecha de género. Si bien el porcentaje total de mujeres con cuenta bancaria es levemente superior al de los hombres, al desagregar el tipo de cuenta vemos que son menos, en proporción, las mujeres con cuenta sueldo (19,8% contra 28,7% de los hombres), mientras que la relación inversa se da en las cuentas destinadas al pago de programas sociales (12,4% de las mujeres contra 0,4% de los hombres).

En cuanto a las cuentas previsionales, el 20,9% de las mujeres adultas tienen una, mientras que entre los hombres solo el 13,1% acceden. Esta importante representación de las mujeres en gran parte refleja las moratorias previsionales de las décadas pasadas, que aseguraron el acceso a una jubilación a una gran cantidad de personas excluidas hasta ese momento, en su mayoría mujeres.

Ahora bien, la cantidad de personas con cuenta bancaria sólo nos dice una parte de la historia. Sabemos que muchas personas (por ejemplo, un segmento importante de las jubiladas y los jubilados, pero también otros sectores de la población) se limitan a concurrir una vez por mes al banco, a retirar por ventanilla o por cajero automático el dinero en efectivo, sin hacer uso de otros productos bancarios a los que tienen acceso a través de su cuenta que les permitirá protegerse frente a eventualidades.

Por ejemplo, los pagos con tarjeta de débito o la constitución de plazos fijos para mantener el poder adquisitivo de sus ahorros. También la posibilidad de obtener una tarjeta de crédito para acceder a una gran cantidad de promociones, como descuentos y pagos en cuotas.

Reducir la brecha

Por ello, la ENIF también busca facilitar la inclusión financiera a partir de potenciar el uso de medios de pago electrónicos, mejorar la interoperabilidad entre el sistema financiero tradicional y las nuevas plataformas de pago, y reducir las brechas sociales, territoriales y de género.

En ese sentido, la pandemia puso en evidencia la necesidad de evitar el uso de efectivo, lo que significó un aumento abrupto del uso de medios de pago digitales, que además fue motorizado por un similar incremento en el comercio electrónico.

Estas tendencias, sin dudas, ya estaban presentes en la década pasada, pero la pandemia actuó como un catalizador y aceleró a unos pocos meses cambios que habrían llevado años.

Las billeteras digitales y los pagos móviles, que reemplazan tanto al efectivo como al uso de las tarjetas de plástico, son otra tendencia que ya estaba presente, y que estaba creciendo desde antes de la pandemia, pero de una manera relativamente desordenada, descoordinada, y sin interoperabilidad entre los diferentes sistemas coexistentes.

En los últimos meses se han dado una serie de pasos para ordenar el sector y universalizar el uso de las billeteras. Podemos mencionar, en primer lugar, a Modo, la billetera que nació como una iniciativa de bancos privados pero a la que rápidamente se sumó la banca pública, con el presidente del Banco Nación a la cabeza. El Banco Ciudad también se incorporó a Modo.

En segundo lugar, en el mes de diciembre, el Banco Central dio un paso importantísimo al establecer la interoperabilidad de los pagos con QR, permitiendo realizar pagos entre diferentes plataformas, algo fundamental para evitar la formación de un monopolio a partir de la implementación de pagos exclusivos dentro de un sistema cerrado.

Sin dudas, queda mucho camino por recorrer, pero estamos yendo en la dirección correcta.

La disponibilidad de herramientas tecnológicas es solo una parte. La otra, esencial, para la adopción masiva de dichas herramientas, son las políticas activas de inclusión financiera, dentro de la cual la educación financiera ocupa un rol protagónico.

No hay duda de que el rol de la banca pública será central en este proceso de ampliación inclusiva, que redundará en una situación de ganar-ganar para todos los sectores: tanto las personas que serán incluidas en el sistema, como los bancos que tendrán más clientes, el sistema financiero en su conjunto que adquirirá más profundidad, y el Estado que logrará una mayor formalización de la economía con el impacto positivo en términos impositivos que eso implica.

Por Delfina Rossi - Directora del Banco Ciudad de Buenos Aires


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Comentarios

  • IM

    Ivan Moncalier

    05/02/21

    Como le costo retorcer la estadistica para volver con la brecha de genero.
    Despues les aconseja a los jubilados: "constitución de plazos fijos para mantener el poder adquisitivo de sus ahorros" Es una burla, no les alcanza para comer y encima cuando devaluan que pasa con los plazos fijos?

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  • PG

    Pedro Gonzalo

    05/02/21

    Todos cargos publicos. No se les caer una idea a los hijos de los politicos.
    Nunca un emprendimiento que genere valor! siempre de la teta del estado .

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