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Los precios del petróleo volvieron a dispararse. El barril de crudo Brent tocó un pico de u$s 119 esta semana antes de retroceder a la zona de los u$s 112, lo que golpeó a las bolsas de valores de todo el mundo y al riesgo país argentino. Desde que comenzó el conflicto, hace tres semanas, acumula una suba de 55%.

“No hay un plazo definitivo para el fin de la guerra”, afirmó Pete Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos. Esto ayuda a explicar por qué desde hace diez días el precio del petróleo se mantiene en la zona de los u$s 100 por barril.

¿Qué cambió? El mercado asumió que ninguna de las partes está dispuesta a ceder. Eso implica un conflicto más prolongado: el escenario más temido. Cuanto más dure el conflicto, peor será el impacto en la economía real.

Impacto en el bolsillo

1) Precios. Desde que empezó el conflicto el litro de nafta súper de YPF aumentó un 10%.

2) Aceleración inflacionaria. Suba generalizada en el nivel de precios de toda la economía (no sólo combustibles) por el aumento de costos. Este impacto llega con rezago, lo vamos a ver en los próximos 2 meses.

La aceleración inflacionaria aumenta el ritmo de apreciación del peso frente del dólar.

3) Salto del riesgo país. Argentina no va a tener la posibilidad de financiarse en los mercados externos.

4) Demora la baja de tasas de interés. El aumento de la inflación esperada y del riesgo país eleva el costo de oportunidad de los activos en pesos, limitando el margen para reducir la tasa de interés

En profundidad

Cada guerra impacta de una forma diferente en la economía. Si miramos los conflictos desde el 2000 aparecen dos tipos muy distintos:

  1. guerras que generan shock financiero. Un shock de confianza suele golpear bonos y acciones, pero no llega a impactar en la inflación y, por ende, en la política de tasas de interés de la Fed.
  2. guerras que generan shock real de oferta. Cuando hay un shock de oferta real, como sucedió en 2022, el petróleo sube de manera sostenida. Al tiempo aumenta la inflación y la Fed suele endurecer su política monetaria. La Fed reacciona a variables reales, no al conflicto en sí.

Hasta ahora el shock venía por el transporte: el conflicto bélico interrumpió el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, uno de los principales cuellos de botella del comercio energético mundial.

Ante la escalada, los principales productores empezaron a recortar producción en respuesta a los problemas de almacenamiento derivados del bloqueo de este punto. Cuando la oferta empieza a recortarse, el impacto deja de ser logístico y pasa a sentirse en toda la cadena energética. Por eso que no haya “plazo definitivo” es el escenario más temido por el mercado.

¿Cómo impactará en Argentina?

Precios: En el corto plazo, el primer canal de transmisión es el precio del petróleo. El punto positivo es que la situación energética en Argentina cambió bastante en los últimos años con el crecimiento de Vaca Muerta. Hoy el país produce más crudo del que necesita para refinar e importa muy poco, en torno al 5%. Por eso la Argentina es mucho menos vulnerable a estos saltos en el precio del barril que un país importador neto como Paraguay, donde el 100% del combustible que se consume proviene del exterior.

De todos modos, ya se registra una suba acumulada del 10% en apenas tres semanas. Según especialistas del sector, para evitar un atraso en el precio de los combustibles, el ajuste en el mercado interno debería reflejar aproximadamente dos tercios del incremento del commodity.

En ese sentido, si la suba acumulada alcanza el 55%, el precio de la nafta en Argentina debería ajustarse en torno al 36% para evitar un rezago. Esto no implica necesariamente un aumento de esa magnitud, es una decisión de política económica; sin embargo, queda claro que persistirán presiones alcistas sobre los precios.

Cuando sube la energía, se encarecen el transporte y la logística, y esos mayores costos terminan filtrándose en alimentos, generando presiones inflacionarias indirectas. No necesariamente se traducen de inmediato en un salto del índice de precios, pero sí elevan el piso de la inflación para los meses de marzo y abril.

¿Y las exportaciones? ¿Argentina sale ganando?

Mejores precios internacionales (y no sólo del petróleo: los mercados agrícolas también suben) deberían mejorar la balanza comercial. Pero es muy apresurado hacer cálculos por dos razones.

La primera, depende de cuánto tiempo duren estos valores. La segunda, aunque en los mercados agrícolas el aceite de soja, el trigo y el maíz están en niveles máximos para los últimos meses, el aumento de costos es mucho mayor.

El estrecho de Ormuz es un nodo fundamental para el comercio de fertilizantes: por allí circula cerca del 30% de los fertilizantes a nivel mundial. Los países del Golfo concentran una porción relevante de la oferta de amoníaco y urea, según la FAO.

Bank of America advierte que el conflicto pone en riesgo entre el 65% y el 70% del suministro global de urea, una dinámica que ya se refleja en precios que acumulan subas del 30% al 40% en las últimas semanas, con valores que superan los USD 580 por tonelada.

Impacto en el canal financiero

El tercer canal es el financiero. En contextos de tensión geopolítica, los capitales globales suelen refugiarse en activos seguros y reducir su exposición a los mercados emergentes. Eso tiende a encarecer el financiamiento externo y a presionar sobre los precios de los bonos.

Para la Argentina, que todavía depende del crédito para recomponer su acceso a los mercados, eso implica un riesgo país más alto y condiciones más exigentes para volver a endeudarse afuera. De hecho, esta suba sostenida del petróleo reactiva temores inflacionarios globales y lo más probable es que retrase los recortes de tasas en Estados Unidos, lo que endurece aún más el contexto financiero.