Dólar indomable: el combo de megaemisión y cepo que potenció la incertidumbre

Desde el inicio de gestión, el paralelo y las cotizaciones financieros crecieron a un ritmo vertiginoso y la brecha se amplió a 81%. Para analistas, la turbulencia se explica por la emisión y el déficit en el marco de la pandemia.

Difícilmente pueda hacerse un balance positivo del primer año del Gobierno de Alberto Fernández en materia cambiaria. Marcado por la pandemia de coronavirus, este primer año de mandato que se cumple hoy deja una turbulencia que –si bien se aplacó en el último mes de la mano de intervenciones oficiales– lejos está de disiparse.

El 10 de diciembre de 2019, la administración del Frente de Todos asumió con un dólar blue que se situaba en $ 69,50, mientras que las cotizaciones financieras oscilaban entre los $ 72 y $ 75. Con el dólar mayorista en $ 59,85, la brecha cambiaria era del 16% en el caso del dólar paralelo, del 21% en el del dólar MEP y del 25% en el del contado con liquidación (CCL).

Otro es el panorama un año después. El dólar blue se ubica en $ 149, un 114% más caro. El dólar MEP y el CCL, en tanto, treparon a $ 139,64 y $ 142,93, por lo que acumularon crecimientos respectivos de 92% y 89%. Y la brecha cambiaria alcanza niveles que van desde 70%, en el caso del dólar MEP, a 81%, en el caso del dólar paralelo. Estas subas, más que elocuentes, podrían ser aún más abultadas ya que desde fines de octubre el Gobierno ha intervenido de forma sistemática en las cotizaciones libres. Así logró bajar al blue, al MEP y al CCL desde sus máximos respectivos de $ 195, $ 163,09 y $ 181,06. El dólar mayorista, en cambio, fue escalando sin prisa hasta los $ 82,04, por lo que acumula una suba del 37%.

Si el dólar es uno de los principales termómetros de la situación económica que atraviesa el país, el balance da cuenta de una marcada incertidumbre y desconfianza. Incluso a pesar de que, en el medio, el Gobierno logró reestructurar la deuda con privados de forma exitosa. Pero pesaron más, en ese lapso, las múltiples regulaciones, los endurecimientos del cepo –cabe recordar el efecto del último torniquete cambiario, a mediados de septiembre–, las caídas sostenidas de las reservas (las brutas se situaban en u$s 43.785 millones hace un año y cayeron a u$s 38.710 millones de acuerdo al último cierre provisorio informado por el Banco Central) o la salida de depósitos en dólares del sector privado. Más pesó aún la emisión monetaria y la profundización del déficit para hacer frente a la pandemia.

"La emisión monetaria para financiar el déficit fiscal fue la principal fuerza detrás de la suba del tipo de cambio en el último año. La crisis vino acompañada de un aumento muy significativo del déficit fiscal y éste fue financiado enteramente con emisión monetaria, ya que la Argentina no logró recuperar la confianza de los inversores externos y por eso no pudo colocar deuda para amortiguar el impacto de la crisis", explicó Adrián Yarde Buller, economista jefe del Grupo SBS.

"En este marco, el financiamiento con emisión monetaria fue récord y por eso la oferta monetaria medida por el M2 privado subió 90% en el último año, similar al aumento que mostró el tipo de cambio implícito en los activos financieros desde el 10 de diciembre del año pasado", sumó.

Para Federico Furiase, director de Eco Go, se dio una combinación de factores que representó un "cóctel explosivo" para la brecha cambiaria. "Lo que impulsó la brecha fue la combinación del excedente de pesos que dejó el déficit fiscal de la pandemia, la incertidumbre en torno a la negociación por la deuda, y el golpe a la demanda de dinero que generó la incertidumbre política y a cómo se va a corregir el déficit fiscal. Eso fue un coctel explosivo para la brecha cambiaria, que a su vez terminó presionando sobre las reservas del Banco Central", dijo.

"También esa combinación retroalimentó las expectativas de devaluación. La tasa de interés que fue subiendo por escalera mientras las expectativas de inflación y de devaluación lo hicieron por ascensor, al ritmo de la brecha", agregó.

Mirando hacia adelante, Furiase indicó que para que se comprima más la brecha, el Gobierno deberá "acomodar las cuentas fiscales y la expectativa de emisión".

“Primero, va a depender un poco de un acuerdo con el FMI que permita acomodar las cuentas fiscales y la expectativa de emisión monetaria. El déficit fiscal de 2021 debería acomodarse más cerca del 3% que del 4,2% del Presupuesto. Eso puede bajar la brecha vía una recuperación de los precios de los bonos en dólares, en un mundo donde hay mucha liquidez global y todo rinde cero. El otro punto es que devalúe algo más rápido el tipo de cambio oficial, dado que la inflación ya se empieza a acelerar. Pero para eso también requiere un ajuste monetario. Eso será estable en la medida que el Banco Central logre recomponer reservas , expresó.

Yarde Buller, en cambio, apuntó que "la verdadera prueba podría llegar a mediados de febrero, cuando la estacionalidad de la demanda de dinero deje de jugar a favor".

“Hacia adelante, el aumento estacional de la demanda de dinero en diciembre podría ayudar a crear cierta sensación de calma en el cierre del año, incluso cuando la emisión monetaria seguirá muy alta a medida que el BCRA sigue financiando el déficit fiscal. No obstante, la verdadera prueba podría llegar a mediados de febrero, cuando la estacionalidad de la demanda de dinero deje de jugar a favor y empiece a jugar en contra , alertó.

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