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La morosidad en el crédito en Argentina llegó al 13% y generó un deterioro profundo en las carteras de los bancos, pero eso no ocurrió de un día para otro. En las entidades reconstruyen una secuencia que comenzó a principios de 2025, con las deudas de tarjetas, el problema se trasladó después a los préstamos personales y terminó afectando a prácticamente todos los segmentos de clientes.
Ahora, con los primeros indicadores de mejora, algunas entidades sostienen que el pico de la mora ya quedó atrás. Lo mismo señalan en el Banco Central. Sin embargo, en el mercado advierten que el episodio dejó una marca profunda en el negocio financiero y que la normalización llevará tiempo.
El problema empezó en las tarjetas
La primera señal de alerta apareció en febrero de 2025. En ese momento comenzó a aumentar el porcentaje de clientes de tarjetas que no cancelaban el resumen completo y optaban por financiar parte del saldo.
Dentro de los bancos siguen de cerca ese comportamiento porque funciona como una señal temprana de estrés financiero. El indicador de revolving, es decir, el porcentaje de clientes que deja saldo financiado de un mes al otro venía durante años en torno al 15% o 17%. En febrero y marzo de 2025 comenzó a subir hasta llegar al 32%.
El deterioro no quedó encerrado en las tarjetas. A medida que aumentó la dificultad para afrontar las deudas, parte de los clientes comenzó a buscar préstamos personales para cancelar los saldos del plástico, aprovechando que esas líneas ofrecían tasas más bajas.
Así, el problema terminó trasladándose desde las tarjetas hacia el resto del crédito.
La mora se extendió a toda la cartera
Asimismo, el episodio no quedó limitado a los hogares de menores ingresos. En una entidad, analizaron la evolución de unos dos millones de clientes con al menos una línea de crédito y cruzaron la información por nivel socioeconómico, situación laboral, vinculación con el banco y tenencia de depósitos. La conclusión fue contundente: se deterioraron prácticamente todos los segmentos. “Incluso la banca privada, que concentra a los clientes de mayor poder adquisitivo, mostró un pequeño aumento del estrés financiero”, describieron.
“Se estresaron absolutamente todos los segmentos”, explicó el ejecutivo. La conclusión del banco es que no se trató de un fenómeno concentrado en una sola parte de la población, sino de un deterioro generalizado de la capacidad de pago.

Los jóvenes adultos también aparecen entre los perfiles con mayor morosidad, aunque en la entidad aclaran que no se trata de algo nuevo. “Ese grupo históricamente presenta peores indicadores crediticios que los adultos de mayor edad y, durante este episodio, esa diferencia simplemente se amplificó”, dijeron.
El golpe fue mayor en personas que en empresas
El mayor deterioro se concentró en individuos. Dentro del segmento empresario, el impacto fue mucho más acotado y estuvo principalmente relacionado con pymes pequeñas y compañías vinculadas al consumo masivo.
“Las grandes empresas y multinacionales, en cambio, no mostraron un deterioro comparable”, apuntaron. El banco incluso destacó que el crecimiento del financiamiento corporativo, especialmente en sectores como energía y minería, permitió compensar parte de la menor actividad del crédito a personas.
El contraste es clave para entender el impacto sobre los bancos. Mientras el negocio minorista enfrentó más morosidad y obligó a endurecer los criterios para otorgar préstamos, el crédito corporativo ganó protagonismo y aportó una fuente de crecimiento para las entidades universales.
Los bancos tuvieron que cerrar la canilla
No obstante, en este contexto complejo, los bancos tuvieron que tomar medidas. El aumento de los incumplimientos los obligó a endurecer sus políticas crediticias. Durante buena parte de 2025 y del primer semestre de 2026, las entidades restringieron la originación porque el riesgo de prestar a determinados perfiles había aumentado demasiado.
En términos bancarios, “la lógica fue evitar una selección adversa: si los modelos mostraban que determinado cliente tenía altas chances de no pagar, directamente se reducían las posibilidades de otorgarle nuevo financiamiento”, detalló una fuente.
Ahora, con la leve mejora de los indicadores, esa estrategia empezó a revertirse. En los últimos meses, algunas entidades volvieron a flexibilizar parte de las condiciones y los bancos comienzan otra vez a tomar más riesgo.
Según su lectura, “el pico de morosidad se ubicó entre junio y agosto, dependiendo del banco, y el promedio del sistema debería mostrar una caída hacia fin de año”.
“La expectativa es que la mora de individuos descienda alrededor de tres puntos porcentuales entre agosto y diciembre. Además, los indicadores de mora temprana, que miden los atrasos de entre un día y 90 días, vienen mostrando una mejora desde marzo”, anticiparon en un banco a este medio.
Eso permite esperar que la mejora que hoy se observa en la cartera temprana termine reflejándose más adelante en el dato general de morosidad.
La advertencia es que la recuperación no será inmediata. El ejecutivo considera que el sistema está atravesando un cambio estructural y que la mora debería estabilizarse recién hacia fines de 2027 o principios de 2028, en niveles cercanos al 6% o 7%, similares a los de otros mercados de la región.
Para los bancos, el verdadero desafío será reconstruir el negocio en una economía donde endeudarse será más costoso.




