

El mercado digiere las reglas de valuación en el sector tecnológico, y en ese proceso dejó una anomalía difícil de ignorar. Una de las compañías más sólidas del mundo cotiza hoy a múltiplos que no se veían en casi diez años.
Se trata de Microsoft, cuyo Cedear quedó atrapado en el castigo generalizado al software, en medio de un cambio de narrativa que tiene a la inteligencia artificial como protagonista. Pero detrás del ruido, los números cuentan otra historia.
Desde su pico en julio, la acción cayó cerca de 30% y borró alrededor de u$s 1 billón en valor de mercado, en un movimiento que no responde a un deterioro operativo sino a un reposicionamiento de expectativas.
Y es que el mercado empezó a pricear un escenario en el que la inteligencia artificial no solo impulsa productividad, sino que también amenaza el modelo tradicional del software corporativo. En ese esquema, los llamados “AI agents” podrían reducir drásticamente el costo de desarrollar aplicaciones, erosionando el negocio de licencias y suscripciones que durante años fue la base del crecimiento del sector.
Ese temor golpea directamente al corazón de Microsoft. Su segmento de productividad —donde conviven Office, LinkedIn y otras soluciones empresariales— explica cerca del 42% de los ingresos y más de la mitad de las ganancias operativas.
Mientras se descuenta un escenario adverso para el software, se pasa por alto que Microsoft es, al mismo tiempo, uno de los principales beneficiarios estructurales de la revolución de la inteligencia artificial.

El negocio sólido de MSFT
El negocio de cloud, liderado por Azure, crece a tasas cercanas al 40% y está directamente apalancado en la demanda de capacidad de cómputo para IA.
De hecho, la compañía planea invertir más de u$s 100.000 millones en infraestructura para sostener esa expansión. Eso significa que si la inteligencia artificial desplaza parte del software tradicional, necesita más infraestructura. Y MSFT vende esa infraestructura.
A eso se suma su exposición directa a OpenAI, donde invirtió unos u$s 13.000 millones y cuya valuación ya la posiciona como uno de los activos más relevantes del ecosistema tecnológico global.
Sin embargo, la acción hoy se negocia con un múltiplo forward cercano a 22 veces ganancias, prácticamente en línea con el S&P 500 y en su nivel relativo más bajo frente al índice en una década.
Al respecto, Matías Waitezel, socio de AT Inversiones, dijo a El Cronista que Microsoft le resulta “una de las mejores oportunidades que ofrece hoy del mercado para inversores de largo plazo”.
Para el experto, la corrección cercana al 30% desde los máximos, junto con un P/E forward de 24,2x, empieza a abrir una ventana de entrada atractiva.
A esto se suman perspectivas sólidas de crecimiento impulsadas por la inteligencia artificial, recomendaciones de compra prácticamente unánimes, un margen operativo del 55,6% y un price target promedio en torno a los u$s 550, lo que implica un potencial de suba cercano al 44% desde los niveles actuales.
Microsoft en zona de definición: el mercado corrige el exceso de optimismo en IA
Por su parte, Paula Chaves, analista de mercados de GH trading, dijo a este medio que Microsoft mantiene, desde el punto de vista técnico, “una estructura de largo plazo claramente alcista”.
“La corrección reciente no implica un cambio de tendencia, sino un ajuste que llevó al precio a zonas que comienzan a ser atractivas para estrategias de largo plazo”, advirtió.
En este contexto, la experta aseguró que “cobra sentido evaluar posiciones bajo una lógica de “buy the dip”, siempre con una referencia clara de riesgo.
El nivel clave a monitorear es la zona de los u$s 340: mientras el precio se mantenga por encima de ese umbral, la estructura sigue siendo saludable. Una ruptura sostenida, en cambio, habilitaría un escenario de mayor debilidad y extensión bajista”.
Desde el frente fundamental, Chaves señaló que el movimiento reciente no responde a un deterioro del negocio, sino a una recalibración de expectativas. Microsoft venía operando con múltiplos exigentes, impulsados por el entusiasmo en torno a la inteligencia artificial, y el mercado había anticipado un ritmo de crecimiento superior al finalmente observado.
La corrección se explica, comentó la estratega, por una combinación de factores.
“Por un lado, una desaceleración marginal en el crecimiento de Azure, que aun así continúa en niveles elevados. Por otro, un fuerte aumento del gasto de capital vinculado al despliegue de infraestructura de inteligencia artificial —centros de datos, chips y energía— que presiona los márgenes en el corto plazo. A esto se suma la dependencia estratégica del ecosistema OpenAI, que introduce riesgos percibidos ante eventuales cambios en esa relación”, aseveró.
En paralelo, el punto de partida era exigente: “Con valuaciones elevadas, el mercado reacciona con mayor dureza cuando los resultados son sólidos, pero no excepcionales”, concluyó.


