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Los bonos soberanos argentinos en dólares cerraron el jueves con mayoría de bajas, en una rueda marcada por la cautela global y la presión sobre los activos emergentes. Aun así, el riesgo país finalizó en 546 puntos básicos con cierta estabilidad en la prima de riesgo pese al clima internacional adverso.
En la curva de globales bajo ley extranjera, el comportamiento fue mayormente negativo. El GD29 cayó 0,5% y cerró cerca de u$s 88,35, mientras que el GD30 retrocedió 0,5% hasta u$s 84,99. En el tramo medio, el GD35 perdió 0,3% y el GD38 bajó 0,3%, mientras que el GD41 logró desmarcarse con una leve suba de 0,4%. Más atrás en la curva, el GD46 registró una caída cercana al 0,4%.
El segmento de bonares bajo ley local mostró una dinámica similar. El AL29 cedió 0,13%, el AL30 cayó 0,7% y el AL35 perdió 0,3%. En tanto, el AL38 retrocedió 0,3%, reflejando también un sesgo vendedor a lo largo de la curva.
De esta manera, los títulos argentinos volvieron a operar con presión vendedora, en línea con el clima de risk-off global que afecta a los mercados emergentes. La combinación de tensiones geopolíticas y mayor cautela de los inversores mantiene a la deuda argentina sensible a los movimientos del apetito global por riesgo.
Los ADR de empresas argentinas cerraron la rueda del jueves en Wall Street con resultado mixto, aunque con predominio de bajas, en una jornada marcada por la mayor aversión global al riesgo que volvió a presionar sobre los activos emergentes.
Entre las pocas subas del panel se destacaron principalmente compañías vinculadas al sector energético y algunos papeles puntuales. Bioceres lideró las ganancias con un avance de 2,9%, seguida por YPF, que trepó 2,2%, y Pampa Energía, que sumó 1,4%. También cerraron en terreno positivo MercadoLibre, con una mejora de 0,7%, y BBVA Argentina, que avanzó 0,6%.
En contraste, la mayor parte de los ADR terminó en rojo. Las caídas más pronunciadas se registraron en el sector financiero e inmobiliario: Grupo Supervielle retrocedió 3,7%, IRSA perdió 3,3% y Telecom Argentina cayó 3,1%.
También se observaron bajas en Central Puerto (-1,9%), Transportadora de Gas del Sur (-1,7%), Grupo Financiero Galicia (-1,7%), Loma Negra (-1,7%) y Cresud (-1,4%), mientras que Edenor (-0,4%) y Banco Macro (-0,2%) registraron descensos más moderados.
El comportamiento de los papeles argentinos se dio en línea con el tono negativo que predominó en los mercados emergentes. En la región, las principales bolsas cerraron con caídas marcadas en una rueda dominada por el clima global de “risk-off”.
El Bovespa de Brasil retrocedió 2,6% hasta los 180.529 puntos, mientras que el S&P/BMV IPC de México cayó 2,9% y terminó en 68.394 puntos, liderando las pérdidas en Latinoamérica. En tanto, el S&P CLX IPSA de Chile bajó 1,9% y cerró en 10.299 puntos.
En Buenos Aires, el S&P Merval cayó 0,4% en pesos y medido en dólares se ubicó sobre los u$s 1749 puntos (CCL). También lideró la caída Supervielle que recortó más de 4,8%, seguido por Telecom y por Metrogas.
Emanuel Juárez, analista de mercados de HFM, explicó a El Cronista que la caída de Wall Street responde principalmente a una combinación de toma de ganancias y a una mayor cautela de los inversores frente al escenario macroeconómico global.
Según señaló, en las últimas ruedas el mercado venía mostrando valuaciones exigentes —especialmente en el sector tecnológico— y cualquier señal de desaceleración económica o dudas en torno a la política monetaria suele provocar ajustes rápidos en la renta variable.
En ese contexto, agregó que los mercados emergentes y particularmente Argentina tienden a amplificar estos movimientos.
“Por eso vemos que los ADR argentinos acompañan la corrección global con caídas que en algunos casos superan el 6%, reflejando un mayor nivel de volatilidad y sensibilidad al flujo internacional de capitales”, sostuvo.
No obstante, el especialista remarcó que el comportamiento de la deuda soberana muestra un matiz distinto. Los bonos argentinos se mantienen relativamente estables y el riesgo país continúa en niveles similares a los observados a mediados de febrero.
“Esto sugiere que, por ahora, el mercado no está interpretando este movimiento como un deterioro en los fundamentos locales, sino más bien como un ajuste dentro de un contexto global más volátil”, afirmó.
En esa línea, concluyó que el movimiento actual parece responder más a un reacomodamiento de posiciones a nivel internacional que a un cambio estructural en la percepción de riesgo sobre la Argentina.
Por su parte, Renato Campos, CEO de GH Trading, señaló que el movimiento reciente responde principalmente a un ajuste global de portafolios, en el que la renta variable —y en particular la de mercados emergentes— suele ser la primera en corregir, mientras que la deuda soberana argentina se mantiene relativamente estable al incorporar ya una prima de riesgo elevada.
Según explicó, el contexto está marcado por el aumento de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y el salto en los precios del petróleo, factores que han impulsado un reacomodamiento global hacia activos más defensivos.
“Esto reavivó temores inflacionarios y redujo el apetito por riesgo en los mercados financieros, lo que explica la reciente caída de Wall Street”, afirmó.
En ese escenario, los ADR argentinos amplifican el movimiento bajista. “Las caídas superiores al 6% responden a que forman parte del segmento de renta variable emergente, que suele reaccionar con mayor volatilidad cuando el flujo internacional de capital se vuelve más defensivo”, sostuvo.
No obstante, Campos destacó que el comportamiento de la deuda argentina es diferente. Los bonos muestran mayor resiliencia porque una parte importante de la corrección ya se había producido en semanas previas y actualmente operan en niveles de paridad relativamente bajos, lo que limita el margen para nuevas caídas.
Wall Street en baja
Las acciones estadounidenses cerraron a la baja el jueves mientras el conflicto en Medio Oriente entró en su sexto día, impulsando los precios del petróleo y generando preocupación sobre la inflación y sobre si la Reserva Federal (Fed) podrá recortar las tasas de interés.
La posible expansión del conflicto a más países alimentó los temores de interrupciones en el Estrecho de Ormuz, un punto crítico para el comercio energético mundial, donde las amenazas con misiles y drones redujeron drásticamente el tráfico de petroleros.
Esto llevó al crudo estadounidense a subir cerca de 8,5% hasta los u$s 81 por barril, su nivel más alto desde julio de 2024. El Brent, referencia global, avanzó 4,9% hasta u$s 85,41. Los operadores temen que una interrupción prolongada del suministro pueda impulsar la inflación y desacelerar el crecimiento económico.
El S&P 500 cayó 39,37 puntos (-0,6%) y cerró en 6.830,13, mientras que el Nasdaq Composite perdió 58,18 puntos (-0,3%) hasta 22.749,31. El Dow Jones Industrial Average retrocedió 790,63 puntos (-1,6%) y terminó en 47.948,78.
Dentro del S&P 500, los índices que siguen el desempeño de empresas industriales, de materiales y del sector salud lideraron las caídas. El subsector de aerolíneas de pasajeros también sufrió fuertes pérdidas.
Las bajas se moderaron parcialmente gracias a Broadcom, que presentó una sólida previsión al proyectar que sus ingresos por chips de inteligencia artificial superarán los u$s 100.000 millones el próximo año. Sus acciones subieron 3,2%.
En medio de la guerra aérea entre Estados Unidos e Israel contra Irán, Wall Street logró superar el desempeño de los mercados europeos y asiáticos esta semana, principalmente gracias a las tecnológicas, que habían sido las más castigadas durante la corrección de febrero.




