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El Banco Central avanza a toda velocidad con el proyecto para negociar cupones de tarjetas de crédito, que busca bajar el costo financiero de miles de comercios en la Argentina. Esta semana vence el plazo de 15 días hábiles que concedió para que empresas de la industria presenten sus propuestas para operar la infraestructura sobre la que se integrarán “marketplaces” en los que se ofrecerán tasas de descuentos para adquirir los derechos de cobro.
El plan oficial es que el nuevo sistema empiece a operar a mediados de 2027. Los cupones de tarjetas forman parte de una batería de medidas para incentivar el crédito y bajar el costo de financiamiento, con el objetivo de reanimar el consumo y la actividad económica antes de las elecciones presidenciales.
“Hay que crear el instrumento para que ese comercio pueda financiarse a una tasa equivalente a AAA. Es un proyecto que se trabajó mucho, tiene mucho análisis y hoy está en la etapa de diseño”, confió Pedro Inchauspe, director del BCRA, en Pulso 2026, el evento organizado por la Cámara de Medios de Pago, donde lo escuchaban los jugadores que participan de ese mercado.
En una comunicación confidencial, a la que accedió en exclusiva El Cronista, el BCRA abrió el 18 de septiembre un registro para inscribir en tres días hábiles a los candidatos a desarrollar esa infraestructura. Luego, otorgó un plazo adicional, que vence este jueves 15 de octubre, para que las empresas presenten sus propuestas.
Si bien puede otorgar una prórroga, las autoridades buscan acelerar para que el sistema esté operativo en unos meses. El plan del BCRA es que los cupones sean digitales, transferibles y que el nuevo sistema cuente con trazabilidad, seguridad, integridad, y confidencialidad de la información. El modelo que tiene en mente es Brasil, donde hay un sistema de registro y negociación regulado desde 2021.
Hoja de ruta
Como sucedió con Transferencias 3.0, el Central busca que el sector privado construya la infraestructura y se reserva el rol de supervisor y regulador. El documento enviado por la Comisión Interbancaria para los Medios de Pago de la República Argentina (CIMPRA) pide que los interesados acrediten “capacidad técnica, operativa y financiera suficiente para desarrollar”, que implemente y opere la infraestructura propuesta, “mediante la presentación de antecedentes verificables, estados contables auditados y/u otra documentación que permita demostrar su solvencia y capacidad de ejecución”.
Las empresas tendrán que demostrar experiencia previa, no tener conflictos de interés, identificar a sus accionistas controlantes y beneficiarios finales, dar referencias de clientes vinculados a proyectos similares, y manifestar su capacidad para constituir garantías de cumplimiento exigidas por el Central.
Una de las empresas que presentó su propuesta para operar la infraestructura es Coelsa, cuyos accionistas son los principales bancos que operan en la Argentina. “Nos presentamos como interesados en cocrear una solución para ser la autoridad de registro y plataforma tecnológica donde estén publicados todos los cupones de tarjetas pendientes de cobro. Estamos en contacto con el regulador en este proyecto para entender cuál es la mejor solución. Debe ser un esquema robusto, con servicio 7x24”, explicaron a El Cronista.
En la industria tampoco descartan que haya más de un operador de la infraestructura, es decir, que sean varias las compañías que compartan esa responsabilidad. Esa alternativa tendría como ventaja no darle el monopolio del nuevo sistema a un solo jugador.
Batalla entre bancos y adquirentes
El proyecto del Central generó una disputa entre los adquirentes, que hoy ofrecen a los comercios la acreditación inmediata, a 24 o 48 horas, de las ventas con tarjetas de créditos a cambio de una tasa, y los bancos. Los cupones tienen calidad crediticia AAA, pero los comercios hoy se financian a un costo mayor.
Desde los bancos aseguran que el proyecto permitirá bajar esa tasa, de la mano de una mayor competencia por los cupones. Algunos incluso van más allá: sostienen que ese menor costo financiero incentivará a los comercios a volver a dar cuotas, lo que tendría un impacto positivo en el consumo.
En la vereda de enfrente son escépticos. Los adquirentes sostienen que el proyecto no garantiza una baja de tasas. “Si fuese así, ¿por qué los adquirentes bancarios no bajan la tasa ahora?”, se preguntan en una de las empresas. “Hoy la tasa es la que fija el mercado. Y un componente alto de ella son los impuestos”, agregan.
Integrados en los marketplaces de la nueva infraestructura, bancos y adquirentes competirán por quedarse con los cupones de las tarjetas. Mientras los primeros lo ven con buenos ojos, los segundos advierten que la nueva infraestructura tendrá un costo, que será trasladado a los usuarios.
Pero el proyecto oficial no termina ahí. En una segunda instancia, los cupones se integrarían al mercado de capitales, ya que serían elegibles para integrar fondos comunes de inversión abiertos.
Se vienen días de definición para la industria de medios de pago. Nadie quiere quedarse afuera del negocio de los cupones de tarjetas de crédito.




