La depreciación está agotada pero la devaluación requiere un plan contra la inflación

La suba gradual del tipo de cambio incentiva la búsqueda del dólar, pero los saltos no son creíbles sin una política consistente para el resto de los precios de la economía.

Subir gradualmente el tipo de cambio o hacerlo de un salto. La propia presidente Cristina Kirchner había descartado una devaluación hace menos de un año, pero ayer el gobierno mostró que la aceleración del ritmo de depreciación a un promedio del 6,5% mensual en los últimos 60 días se agotó, y elevó 3,6% el tipo de cambio oficial en un día.

Para los economistas consultados por este diario, la depreciación que se estaba haciendo incentivaba a los privados a buscar activos en dólares, retrasar liquidaciones de exportaciones y adelantar importaciones.

Pero una devaluación requiere ser acompañada por un voto de confianza de la gente: que el gobierno la convenza de que ese movimiento será suficiente, al acompañarlo con un plan consistente contra la inflación.

Hay un reconocimiento con rezago de la situacion del sector externo: que las noticias sobre la entrada de capitales, como la negociación con Repsol por YPF y con el Club de París, no van a dar resultado en el corto plazo y que los datos de comercio exterior vienen mal. Es un reconocimiento de que la experiencia gradualista no funciona, dijo Jorge Vasconcelos, economista Jefe del IERAL.

Según coincidieron los economistas consultados, la suba gradual del tipo de cambio acentúa la demanda de dólares para anticiparse a la certeza de que la tasa de interés se moverá por debajo de la tasa de devaluación y de inflación: los exportadores esperan para liquidar las divisas, los importadores apuran las compras y los inversores buscan dolarizarse. Todo lo que no sea quedarse con los dólares se ve afectado, dijo Luciano Cohan, economista Jefe de Elypsis.

Hoy el retraso cambiario y la falta de confianza en el peso persisten. Da la impresión que el gobierno necesita llegar a la cosecha de soja con un tipo de cambio que, por consenso del mercado, no necesite devaluar por encima de la tasa de interés, dijo Vasconcelos.

Esa meta implica una suba adicional del tipo de cambio. Pueden hacerlo subir con un salto que no se vuelva a repetir por un tiempo. El problema del shock es una cuestión política, ya que el gobierno advierte que no se espere un salto en el dólar. En cuotas, sería una manera que coincide con el relato, dijo dijo Lorenzo Sigaut Gravina, economista Jefe de Ecolatina.

El salto devaluatorio tiene otro riesgo, que no sea parte de una política económica que frene la inflación.

El riesgo de la devaluación abrupta es que contagie a otras variables de la economía (la inflación, las paritarias). Si es así, las expectativas de devaluación se quedan quietas después de la devaluación fuerte. Terminás donde empezaste y con una inflación más alta, dijo Cohan. Conseguir una devaluación real implica una coordinación con el resto de las variables, que el gobierno no está haciendo: una política monetaria más moderada, un acuerdo de precios y salarios que coordine expectativas y señales más claras de la estrategia inflacionaria, agregó.

Para Vasconcelos, si el gradualismo está agotado, la mejor forma de evitar el impacto negativo en el poder adquisitivo del salario de un salto devaluatorio más fuerte es haciendo una política fiscal más dura para anclar las expectativas de inflación. Y el ancla, dada la elevada presión tributaria, es contener el gasto público.

Nada reemplaza una política económica consistente, coincidió Sigaut. La confianza en la política económica es clave.

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