El precio del oro continúa al alza al ritmo de la segunda ola de coronavirus en el Norte

Los mercados financieros se sienten bajo presión ante el temor de que la economía mundial se frene en por el recrudecimiento de la pandemia. En épocas de incertidumbre, el oro vuelve a ser un valor refugio

Desde que empezó el año 2020, el precio de la onza de oro lleva ganado un 21%. Si bien tuvo su pico máximo histórico en junio pasado, alcanzando los u$s 2067, el metal precioso sigue cotizando en valores muy elevados. Y a la hora de buscar un motivo que explique estas subas, la respuesta de todos los analistas es la misma: el oro se benefició de la extrema incertidumbre que existe a nivel mundial.

Si la definición de quién será el próximo presidente de los Estados Unidos es seguida de cerca por casi todo el planeta, por la repercusión que esta decisión trae en los mercados internacionales, la pandemia de coronavirus explica en gran parte el auge del oro como activo de reserva.

Pocas veces en los últimos años se vivió una crisis de tamaña magnitud, que provocó un derrumbe de la economía mundial como la actual. El último pico que alcanzó el valor de la onza del metal precioso se dio en agosto de 2011, a la par de la extrema volatilidad provocada inicialmente por el estallido de la crisis subprime de 2008 y, a continuación, con la crisis de la deuda soberana europea a partir de 2010.

Hoy, como en aquel entonces, el oro vuelve a recuperar gran parte de su atractivo, el cual desde siempre está correlacionado de manera inversa con la fortaleza del dólar, el otro valor refugio al que acuden los inversores de todo el mundo cuando el barco de la economía mundial se sacude más de lo normal.

Por eso, el actual rally dorado también se explica por la debilidad de la moneda estadounidense. Medido contra el euro, su valor se depreció más de un 10% desde el derrumbe bursátil del mes de marzo pasado, en el que el gobierno de Donald Trump reconoció la gravedad de la crisis sanitaria y la necesidad de impulsar un paquete de ayudas económicas por u$s 2 billones.

Esta correlación inversa entre el oro y el dólar se explica porque la depreciación de la divisa estadounidense aumenta automáticamente el valor de las demás monedas y, por ende, su poder adquisitivo. Incrementando así la demanda de oro, que se vuelve más atractivo para el resto del mundo.

CANARIO EN LA MINA

Pero en las actuales circunstancias, el oro también actúa como el "canario en la mina" de las distintas monedas. Porque su suba es el aviso de que los mercados de divisas no están funcionando bien. Y, a la vista de los programas monetarios ultra expansivos que llevan adelante la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) y el Banco Central Europeo, por citar dos de los principales bancos centrales del mundo, los inversores ya sospechan que es real el riesgo de que se dispare la inflación, después de tanta emisión monetaria para sostener la economía.

Sin ir más lejos, los datos del índice de precios al consumidor de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos muestran que, en los últimos 20 años, la tasa de inflación alcanzó el 54%, y eso sin considerar el año 2020, en el que la emisión monetaria se disparó.

Para tener una idea de cómo impacta esto último en el valor del oro, el World Gold Council estima que hoy existe aproximadamente casi una onza de oro por persona en el mundo (unos 7000 millones), una relación que se mantuvo estable en las últimas décadas. En cambio, la oferta mundial de dinero por habitante no dejó de crecer durante todo ese tiempo.

Si se toma como base 100 al año 1973, las estadísticas muestran que la base monetaria mundial hoy se encuentra en 1500, cuando a fines del año pasado rondaba los 1200 puntos.

Por otra parte, un dato que no pasa desapercibido para nadie son las compras masivas de oro que vienen realizando varios de los principales bancos centrales. En el primer trimestre de 2019, las adquisiciones del metal precioso por parte de estas máximas entidades monetarias crecieron un 68% con respecto al mismo período del año anterior, llevando sus existencias a más del 10% del stock total mundial.

Esto fue decidido en gran medida como forma de protegerse de la depreciación del dólar y, para varios de ellos (como Rusia, China o Turquía), para reducir la dependencia de la moneda de Estados Unidos en el comercio internacional.

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