DESPUÉS DE TRES DEVALUACIONES, EL YUAN RETROCEDIÓ CASI 5%

Dudan de ‘buenas intenciones’ de China y creen que muchos países saldrán a defenderse

Si bien el Banco Central chino aseguró ayer que la devaluación "casi terminó", en Wall Street y hasta el propio Paul Krugman sostienen que es un proceso que seguirá

Las dudas parecen haber confundido al mercado global. Ni siquiera el elogio del FMI sobre el paso dado por China o incluso los sucesivos comunicados del Banco Popular de China señalando que el proceso devaluatorio "se cortó" parece haber acallado los interrogantes. ¿Hasta dónde podría llegar la devaluación China? Paul Krugman, el Premio Nobel de Economía, dijo hace apenas algunas horas que la devaluación llegó para quedarse "un tiempo", que no será cuestión de dos o tres días, como acaba de señalar los propios funcionarios monetarios del gigante asiático. Incluso hay quienes especulan con un "plan", que podría dejar al yuan con 10% menos de su valor contra el dólar, es decir, potenciar lo que ya se hizo con más devaluación. De fondo, quienes deben orientar a los inversores se preguntan si China no esconde un motivo secreto, detrás de otro más market friendly.


¿Por qué Pekín llegó a la decisión de depreciar el yuan? Los principales bancos y analistas parecen ahora llegar a la conclusión que existen al menos dos teorías. Por un lado, para algunos, se trata de una "reforma histórica" que permitirá que las fuerzas del mercado tengan más influencia sobre la moneda china; otros sostienen que se trató de una medida de "estímulo interno" que podría cometer la imprudencia de lanzar una "guerra de divisas" en Asia mientras Europa se debate con la crisis y Estados Unidos se codea con la recuperación económica.


Uno de los datos que abona la teoría de la incredulidad es que buena parte de los países asiáticos están devaluando su moneda al ritmo de la china. En lo que va de la semana, los mercados emergentes de Asia devaluaron prácticamente todos. Detrás del yuan chino, se ubicó el Ringitt malayo mientras que el dólar taiwanés también hizo lo propio. Pero a ellos se le agregan Won surcoreano, la Rupia de Indonesia, el peso filipino, el Bath de Tailandia y el dólar de Singapur. En esta línea, hay que pensar esta reacción en clave competitiva: los países de la región no le creen a China sobre sus intenciones; piensan que China busca recuperar protagonismo económico antes que someter al yuan a las fuerzas del mercado para que se vea como una moneda más.

Huelga considerar incluso que el yuan había registrado pocos movimientos en el último año, mientras que otras monedas como la rupia indonesia, el won surcoreano, el yen japonés o el ringgit malayo habían perdido valor frente al dólar. La oleada devaluatoria en la región indica que estas economías, que habían obtenido alguna ventaja contra el yuan, no quieren ver disminuida su competitividad ahora. El Banco chino negó lo que sostienen sus detractores, aunque reconoció que la devaluación del yuan estaba ya entre sus planes y advirtió que una caída del 5% ubicaba su moneda en un nivel razonable, y que esa depreciación extraordinaria "había casi terminado".


La entidad monetaria rectora de ese país afirmó que su decisión de cambiar la forma en que el valor del yuan se fija cada día (un cálculo que antes hacía el propio banco en un proceso poco transparente y que ahora usa el precio de cierre del día anterior) es una reforma orientada al mercado. Es más: hasta señalan a Occidente diciendo que la comunidad internacional "llevaba tiempo pidiéndolo". En este sentido, sostienen que guarda relación con lo que el Fondo Monetario Internacional venía considerando como necesario (pero no suficiente) para incluir al yuan en su canasta de monedas consideradas de élite.


Pero el lado oscuro que genera inquietud no sólo en Asia, sino también en la Argentina es que como la economía de China está en dificultades, y un yuan más débil haría más atractivas las exportaciones del país a ojos de compradores internacionales, el gobierno chino se decidió a fortalecer su frente externo de la manera que incluso en nuestro país resulta polémica: transfiriendo riqueza de un sector a otro, es decir, devaluando. JP Morgan señaló esta semana que el movimiento tendrá un impacto directo en las monedas de América latina.


Los más recientes datos de exportación de China fueron pésimos, y esos malos resultados "claramente empujaron al Banco Central a utilizar uno de sus instrumentos más poderosos para reactivar la economía china: el tipo de cambio", escribieron los economistas de Natixis.


Si se lo piensa, tomando como buena la posibilidad de que la verdadera motivación del Banco Central haya sido potenciar su economía, entonces China no estaría demasiado lejos de desencadenar un fenómeno que suele llamarse "guerra de monedas" y que, de máxima, podría incluso provocar una fuerte demora en la decisión de la Reserva Federal de los Estados Unidos de subir su tasa de interés.


El grueso de los brokers en Wall Street cree que en un mundo donde casi todos aspiran a un crecimiento impulsado por las exportaciones, el de China es un intento deliberado de depreciar su moneda para ganar mercados. Es más: el pronóstico es que, de ahora en más, es probable que el resto de los países que pretendan sostener su actividad económica también deberán hacerlo. "Una fuerte devaluación del yuan no es probable", señala Credit Suisse, "pero hay un riesgo de que la divisa se debilite un poco más de lo anticipado por los mercados en los siguientes 12 meses". Para Goldman Sachs, la devaluación de China responde a sus debilidades subyacentes. Ergo, habrá más.

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