Mercado desorientado: el Merval se aleja de mínimos mientras el riesgo país sigue en máximos

Las acciones y los bonos se movieron de manera dispar en el último rebote del mercados pre y post electoral. El riesgo país sigue en zona de máximos mientras que el S&P Merval se alejó de sus mínimos.

En los últimos meses, el S&P Merval se alejó de la zona de mínimos, mientras que el riesgo país sigue en zona de máximos. Hay un comportamiento bastante dispar entre ambos indicadores por lo que se podría interpretar que alguno  de estos dos mercados, es decir el de bonos y el de acciones, podría estar equivocado o en un precio que el otro no está convalidando. 

Analistas advierten que el magro comportamiento del mercado tras las PASO puso en evidencia la acumulación de desequilibrios macroeconómicos de la Argentina. Pese a la derrota del Gobierno en las elecciones, el riesgo país no pudo alejarse de los 1500 puntos. En el caso de las acciones, en cambio, acumulan subas mayores al 40% desde marzo y volvieron a niveles previos al canje de deuda del año pasado.

En estos últimos meses, el índice accionario argentino se ha alejado de los mínimos del año y desde los pisos de marzo y abril, las acciones subieron más de 46% en promedio.

A diferencia de las acciones, que se alejaron de los pisos, el riesgo país no pudo distanciarse de la zona de máximos del año. El pico del año para el índice fue de 1680 puntos, y pese al resultado electoral, se mantiene en niveles de 1500 puntos, es decir, muy cerca de los techos. Los bonos mejoraron, pero no lo suficiente como para hacer caer al riesgo país a niveles inferiores.

Si bien son claramente dos clases de activos distintos, bien se podría pensar que alguno de los dos mercados está equivocado. Es decir, o las acciones quedaron caras o los bonos quedaron baratos.

Adrián Yarde Buller, economista jefe y estratega de Facimex Valores, explica que los drivers que pesan sobre la renta fija son distintos que los que pesan sobre acciones, y que por eso es que la dinámica fue distinta para unos y otros.

"Los bonos dependen mucho más de la política macroeconómica y están muy expuestos a lo que ocurra en 2022 y 2023, ya que en 2024 Argentina deberá enfrentar los primeros vencimientos de capital de la deuda reestructurada y todavía no tenemos cerrado un acuerdo con el FMI o medidas que permitan imaginar una recuperación de la capacidad de pago", analizó.

Esto significa que en el caso de los bonos, el mercado evalúa permanentemente la capacidad y voluntad de pago del deudor. Cuando se compran acciones, en cambio, se apuesta más a una recuperación económica que podría dinamizar más a las compañías y permitirles que ganen más dinero. 

Correlación negativa

Para que las acciones mejoren, necesariamente el riesgo país debe caer. Es que una caída del índice beneficia el costo de financiamiento de las grandes compañías del mercado local. A la vez, por cuestiones de valuación, cae la tasa de interés y por lo tanto el valor actual de las compañías se eleva, haciendo que los precios de las acciones sean más altos.

Juan Manuel Franco, economista Grupo SBS, marca que el S&P Merval se encuentra en los mismos valores que se observaban en la previa al canje de deuda en agosto de 2020, y también indica que la relación entre las acciones y el riesgo país es elevada.

"Hoy en día, luego del rally que comenzó semanas antes de las PASO, el S&P Merval se encuentra en niveles similares a los máximos de agosto de 2020. De todas formas, si uno evalúa una serie larga, se observa que el S&P Merval en dólares tiene mucha relación con el riesgo país, que hoy se halla muy por encima de los valores al momento de acordar la deuda. Esta relación entre ambos factores marca que, para que veamos valuaciones más elevadas en la renta variable de forma sostenible en el tiempo, necesariamente el riesgo país deberá ceder. Es decir, deberían mejorar antes las paridades de los bonos", dijo Franco.

El riesgo país y el Merval están íntimamente relacionados ya que, si a la economía le va bien, el Estado probablemente pueda hacerse de más recursos para pagar la deuda y por lo tanto, en ese contexto, las compañías podrían ganar más dinero y por lo tanto sus acciones podrían subir. Exactamente lo opuesto ocurre si la dinámica macroeconómica se deteriora.

Por su parte, Santiago Ruiz Guiñazú, head de Equity Sales & Trading de AdCap, entiende que para ver una mejora en las acciones el riesgo país no solo debe caer sino estabilizarse en niveles inferiores, algo que no ocurrió tras el canje de deuda en agosto de 2020.

"Creemos que por la manera en la que se mide el riesgo país, el hecho de que en septiembre del 2020 haya tocado niveles de 1000, no implica que las acciones converjan enseguida a ese nivel. Para eso, el riesgo país debería estar estabilizado. En el momento del acuerdo, si bien es cierto que el riesgo país bajó abruptamente por el acuerdo con los bonistas, a la semana, ya se encontraba en 1250 puntos y con una tendencia alcista que se acentuó en los meses posteriores", explicó.

Desequilibrios y programa económico

Los mercados emergentes en general y el argentino en particular se mueven mucho por expectativas políticas. Sin embargo, a una semana de la derrota electoral del Gobierno, los bonos y acciones no tuvieron una dinámica significativamente positiva.

En la última semana, ya con el resultado de las PASO, el S&P Merval subió 4% mientras que el riesgo país se sostuvo por encima de los 1510 puntos.

Diego Martínez Burzaco, head de estrategia de Inviu, remarcó que la falta de reacción del mercado puso en relieve los actuales desequilibrios que tiene la economía argentina.

"Si bien la magnitud del resultado electoral tuvo un efecto sorpresa positivo en términos de que nadie lo esperaba, la repercusión del mercado fue muy limitada y eso desnuda la situación macroeconómica y los grandes desequilibrios que tiene la economía argentina. Hay poco margen de maniobra para que el Gobierno, de confirmarse la derrota en noviembre, pueda llevar a cabo un plan de wait and see hasta 2023, llegando a esa fecha con los desequilibrios económicos actuales", sostuvo el estratega de Inviu.

En ese sentido, analistas advierten que es clave que el Gobierno pueda plantear un sendero económico para generar cierta proyección de crecimiento a mediano plazo que puedan beneficiar a los bonos y a las acciones.

Para Martínez Burzaco considera que hacia adelante se mantiene un contexto de mucha incertidumbre, y que para perfiles de riesgo alto ve más favorable apostar a las acciones que a los bonos.

"El escenario económico es bastante incierto. Hoy sopesa más los desequilibrios macroeconómicos, más allá de la ambición de los inversores de captar oportunidades de precios bajos. Los precios hoy son bajos, pero también hay mucha desconfianza de cómo se van a resolver los desequilibrios macroeconómicos actuales sin sufrir demasiado y eso se ve en el poco ánimo de los inversores", advirtió. 

"Creo que, para perfiles de alta tolerancia al riesgo, prefiero acciones antes que bonos. Es decir, ser socio de capital privado antes que del Estado. El Estado tiene dificultades para generar una capacidad de pago importante y sustentable en los próximos años en su deuda", agregó Martínez Burzaco.

Por su parte, Nery Persichini, estratega de GMA Capital, remarcó que sigue habiendo mucha incertidumbre en el mercado pese al resultado electoral.

"Pensar en 2023 no es largo plazo, sino ciencia ficción. Dos años hasta las elecciones presidenciales es demasiado tiempo, especialmente a la luz del estado delicado de la economía, que no soportaría un nuevo capítulo de radicalización y populismo", alertó. 

Este escenario, agregó, "podría ganar terreno en el caso de que la encarnizada crisis actual se dirima a favor del ala más dura del kirchnerismo". Y al respecto advirtió: "Una nueva crisis económica bajaría el precio a todos los activos financieros, máxime si hubiera una ruptura con el FMI".

Por último, Persichini agregó: "Otra hipótesis todavía más sombría para explicar el poco entusiasmo post-PASO, es que, gane quien gane en 2023, la reconstrucción de la economía argentina y de la sostenibilidad de la deuda serían un trabajo hercúleo que demandaría, entre otras tareas, una nueva reestructuración agresiva y reformas estructurales aún más profundas que las que se necesitan efectuar actualmente".

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