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Última chance de Europa para resolver la crisis migratoria

Europa llegó a un momento decisivo en la crisis migratoria. El año pasado, un millón de personas llegaron al continente desde Medio Oriente, y de más lejos también, muchos de ellos escapando de la guerra civil siria. Con ese conflicto aún sin resolver, es posible que al menos otro millón haga lo mismo en 2016. Para restringir ese flujo de gente, la UE está buscando que Turquía actúe como baluarte en una de las principales rutas migratorias, para detener futuras olas de refugiados. Eso condujo al bloque a contemplar un acuerdo con Ankara que es imperfecto pero inevitable.


Para que la UE tenga una posibilidad de tomar control de esta crisis, debe detener a cerca de 2.000 refugiados que viajan diariamente por mar desde Turquía a Grecia y luego hacia Europa. Según el acuerdo propuesto, los migrantes nuevos que lleguen a territorio griego serán devueltos a Turquía, estén o no habilitados a pedir asilo.
A cambio, la UE está ofreciendo a los turcos una lista de incentivos, incluyendo 6.000 millones de euros para albergar a los refugiados en su territorio. El bloque garantiza que, por cada migrante que vuelva a Turquía, otro que se encuentre en un campo de refugiados turco será reubicado en Europa.


Los líderes de la UE deben tener listo el pacto para la semana próxima. Gran parte del mismo es difícil de aceptar. El plan de expulsar masivamente a los refugiados que estén en Grecia y enviarlos a Turquía es casi seguro ilegal, tal como las Naciones Unidas se apuró a señalar. También es alarmante que, en su desesperación por cerrar un acuerdo, la UE esté abandonando restricciones que han regido sus relaciones con Ankara durante una década.


La UE está brindando a 75 millones de turcos el acceso inmediato al espacio Schengen de libre circulación de personas, y analiza levantar algunas restricciones en aspectos relacionados con las negociaciones sobre el ingreso de Turquía a la UE. Bruselas está ofreciendo esos premios al presidente Recep Tayyip Erdogan en el mismo momento en que éste en su país está tomando medidas drásticas contra las libertades políticas, judiciales y de los medios de comunicación.


La propuesta para reubicar en la UE a sirios provenientes de los campos de refugiados turcos presenta un particular desafío para los gobiernos del bloque. En un momento en que es cada vez mayor la ansiedad de la gente por el crecimiento de la migración en todos los estados miembro, el actual programa de la UE recién reubicó a cerca de 3.000 sirios. El acuerdo con Turquía haría que los estados de la UE reciban docenas, si no cientos, de miles más.


Inevitablemente, muchos estados miembro, especialmente Hungría y el Reino Unido, se negarán a formar parte de ese programa. Las cabezas de los gobiernos europeos tienen cierto margen para hacerle ajustes al acuerdo. Tienen que estructurarlo de forma tal que garantice que Turquía sólo reciba dinero si cumple con su promesa de recibir los migrantes provenientes de Grecia. Pero la UE no tiene opción más que aceptar los elementos centrales del pacto.


Turquía ya tomó 2,5 millones de refugiados provenientes de Siria, más que cualquier otro vecino. No hay manera de que Ankara pueda firmar un plan para recibir más sin una garantía de los gobiernos de la UE de que ellos también cargarán con el peso humano. Los líderes de la UE deben también ponderar qué pasará si este acuerdo fracasa y continúa la migración desordenada desde Turquía hacia Grecia.


Como Austria, Hungría y otros estados cerraron sus fronteras al sur, casi seguro que Grecia, miembro de la UE, enfrentará una catástrofe humanitaria. Esa sería una terrible mancha para la reputación de Europa.
La crisis migratoria presenta a la UE quizás el mayor desafío de su historia. Lamentablemente la respuesta de Europa demostró una completa ausencia de la solidaridad y la ambición estratégica que se requieren. 

Los gobiernos del bloque ahora no tienen alternativa más que aliarse con un presidente turco que desprecia los valores de Europa. El pacto propuesto es desagradable pero brinda a Europa una última oportunidad para recuperar la iniciativa.

 

TRADUCCIÓN POR MARIANA INÉS ORIOLO 

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