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Warren Buffett necesita una nueva fórmula de inversión

La fallida oferta de Kraft Heinz para adquirir Unilever muestra que la industria alimentaria ha perdido la capacidad de crecimiento

Warren Buffett necesita una nueva fórmula de inversión

Warren Buffett una vez observó que "cuando un management con brillante reputación se encuentra con un negocio con reputación negativa, es la reputación del negocio la que suele prevalecer". Entonces, ¿qué sucede cuando un inversor con santa reputación encara una nefasta tarea?

Una respuesta provino esta semana de Kraft Heinz, una empresa donde la compañía Berkshire Hathaway de Buffett es un importante inversor. Kraft Heinz retiró una oferta de u$s 143.000 millones apuntada a adquirir Unilever en medio del rechazo a su implacable enfoque de reducción de costos y puestos de empleos. Buffett, que forma parte de la junta directiva de Kraft Heinz, claramente quería que su reputación de santidad permaneciera intacta.

Paul Polman, el director ejecutivo holandés de Unilever, dirige la multinacional como un ejemplo de sustentabilidad y capitalismo de accionistas; y la propuesta abortada contraponía dos de los instintos de Buffett. Uno de ellos es invertir en empresas de alimentos procesados y bebidas, como Coca-Cola y Kraft Heinz, con marcas mundiales confiables; el otro es ganarse el aprecio de la gente.

Esto último no le molesta a Jorge Paulo Lemann, el multimillonario brasileño cuya firma de capital privado, 3G Capital, está arrasando con la industria de alimentos y bebidas. Debido a que el crecimiento ha disminuido casi hasta detenerse como consecuencia de la deflación de precios y de la competencia de los fabricantes de productos más sanos, 3G ha reaccionado acumulando y combinando grupos de artículos de consumo masivo y recortando presupuestos.

Esto le preocupa a Buffett, y así debería ser, porque ataca la esencia de cómo construyó su compañía, y su récord único de inversión. "En Berkshire, sólo vamos a donde somos bienvenidos', prometía en su carta de 2015 a los accionistas en un pasaje defensivo sobre cómo trabaja con 3G a pesar de sus métodos incompatibles. El texto mostraba la tensión en su propia mente.

En el pasado era más fácil ser amigable. Aunque Berkshire Hathaway ha hecho una gran parte de su dinero en el campo de los seguros, Buffett era más feliz cuando invertía en marcas de consumo -en particular en EE.UU.- que eran menos vulnerables a la competencia porque la gente siempre necesitaba comer, beber y comprar productos para el hogar, e instintivamente acudían a los nombres familiares.

Hace un cuarto de siglo, sus mayores inversiones no financieras -las "siete sagradas"- eran marcas que incluían See's Candies y Nebraska Furniture Mart. El punto óptimo surgió en la década de 1980 cuando las compañías estadounidenses empezaron a volverse globales. En su carta de 1989 a los accionistas, Buffett señaló que las ventas de Coca-Cola en el extranjero, en las cuales acababa de aumentar su participación, estaban "prácticamente explotando".

Buffett encarna su creencia en las marcas de alimentos. Él bebe varias latas de Coca-Cola al día, a menudo acompañadas de palitos de papas hechos por Utz, una compañía de Pensilvania cuya compra él mismo negoció, y recoge su desayuno de McDonald's en vía al trabajo. Él ingiere como invierte.

Él solía disfrutar de otra ventaja: poseer fuertes marcas en los mercados en crecimiento significaba que podía dejar en paz a los ejecutivos que las dirigían, en lugar de despedazar su forma de operar. "Nuestro papel es simplemente crear un ambiente en el que estos directores ejecutivos . . . puedan maximizar tanto su efectividad gerencial como el placer que derivan de su trabajo", escribió Buffett el año pasado.

Pero el negocio de alimentos y bebidas se ha desarrollado en formas que imposibilitan sostener esa sensación de comodidad. Compañías como Unilever y Nestlé son más grandes y más globales; son colecciones de marcas que valen miles de millones de dólares en lugar de propietarias de una o dos. Están dirigidas por una estructura global: los dos ejecutivos más importantes de Kraft Heinz proceden de Brasil.

La industria también ha dejado de crecer. La aceleración internacional dio lugar a la caída de las ventas en algunas compañías y a la expansión mediocre en otras. Nestlé anunció la semana pasada una "pausa" en la meta anual de crecimiento orgánico de ventas de entre 5% y 6%. Incluso antes de la oferta de Kraft Heinz, Polman ya había adoptado el mantra de reducción de costos de 3G en Unilever.

De ahí la vacilación de Buffett. Sus inversiones junto a 3G Capital, primero en Heinz y luego en Kraft, han sido altamente rentables, pero se sitúan incómodamente junto a su preferencia por maximizar la felicidad. Kraft Heinz ha eliminado 13.000 empleos desde que las empresas se fusionaron hace dos años. Tal y como lo indica Buffett, 3G se especializa en "eliminar muchos costos innecesarios. . . muy rápidamente".

La oferta de Unilever lo ha confrontado con una opción. O bien tiene que comportarse con una evidente agresión en la industria que conoce mejor o encontrar otros medios para la inversión del capital de Berkshire. Dudo que pueda cambiar de personalidad a los 86 años, aunque quisiera, por lo que debe modificar su estrategia de inversión.

Y él lo está haciendo. Berkshire posee 9% de Coca-Cola, pero se ha deshecho de inversiones en Procter & Gamble y en Walmart, y las "siete sagradas" empresas de consumo masivo han sido superadas en importancia por sus "Powerhouse Five" (cinco empresas poderosas) de compañías industriales. Entre ellas están BNSF, el grupo ferroviario estadounidense que adquirió en 2009, y Lubrizol, que produce químicos especializados.

Ninguna hace deliciosos bocaditos, pero ambas cumplen su objetivo de invertir en "grandes negocios que satisfacen necesidades y deseos básicos". Estas compañías también están creciendo de manera rentable sin la necesidad de recortar costos y empleos. La industria de alimentos y bebidas solía ser así, pero ya no es lo suficientemente dulce para Buffett.

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