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Venezuela se rinde ante la inflación y pone en circulación nuevos billetes

Como si fuera un eco de la Alemania de Weimar, los comerciantes pesan el dinero. Comenzarán a emitir papeles de 500, 1000, 2000, 5000, 10.000 y 20.000 bolívares

La cantidad de billetes necesarios para las compras generan más problemas en la vida cotidiana de Venezuela

La cantidad de billetes necesarios para las compras generan más problemas en la vida cotidiana de Venezuela

Acosada por una asoladora escasez de alimentos, una inflación galopante, y la depreciación de la moneda, Miriam Borthomier comenzó a usar lo que aprendió como empleada de un banco en su tienda de comestibles en Caracas: un algoritmo básico que ahorra tiempo. Cien billetes de cualquier denominación de la moneda venezolana pesan 110 gramos.

El billete más grande en circulación es de 100 bolívares, que equivale a aproximadamente 2 centavos de dólar en el mercado negro, forzando a los clientes a cargar con bolsas de dinero. "Pongo los billetes en la balanza que utilizo para pesar queso y multiplicó el peso por el valor de los billetes, de lo contrario es horrible, perdería todo el día contando billetes", dijo.

Haciendo eco de la Alemania de Weimar, los tenderos venezolanos pesan billetes en lugar de contarlos. A diferencia de los tipos de cambio fijos oficiales, la moneda local se hundió en el mercado negro, perdiendo un impresionante 62% de su valor en noviembre, provocando que los billetes en circulación en el país perdiesen virtualmente todo su valor.

Con la esperanza de que el reciente acuerdo de la OPEP impulsara las menguantes arcas de Venezuela, el ministro de Comercio, Jesús Faría, dijo que "en medio de tanta turbulencia" el gobierno tomó medidas para estabilizar la moneda.

En medio del colapso por una inflación de tres dígitos, el banco central del país dijo que comenzarán a circular billetes de mayor denominación, incluyendo 500, 1000, 2000, 5000, 10.000 y 20.000 bolívares, la próxima semana.

La gente está esperanzada de cambiar sus bolsas de dinero en efectivo por carteras para evitar ser blanco en medio de un contexto de crimen desenfrenado.

Carlos Miguel Álvarez, economista de Ecoanalítica, con sede en Caracas, considera que la medida es miope. "Los nuevos billetes pueden facilitar las transacciones, pero a menos de que se corrijan las distorsiones económicas inflacionarias, no serán un alivio por mucho tiempo".

Entre estas distorsiones los economistas enumeran la moneda y los controles de precios, los bajos precios del petróleo, la mala gestión y una imprenta implacable. El Banco Central venezolano no divulgó los datos de inflación en el último año, pero Álvarez pronosticó que superaría el 511% este año. El FMI pone la inflación de 2016 en 476%.

El líder socialista Hugo Chávez impuso controles monetarios en 2003 para detener la fuga de capitales.
Actualmente gestionado por Nicolás Maduro, el país rico en petróleo tiene dos tipos de cambio legales, utilizados principalmente para importaciones prioritarias.

El "bolívar fuerte" se debilitó más allá de los pronósticos iniciales de los economistas, a medida que las esperanzas de un cambio de régimen se marchitan y una creciente oferta monetaria persigue un suministro cada vez menor de dólares estadounidenses. "El tipo de cambio paralelo refleja la total pérdida de confianza en el gobierno de Maduro", escribió el economista Orlando Ochoa.

Ahora los precios en ciertas tiendas pueden cambiar diariamente. Algunos observadores están comparando la emisión de billetes venezolanos más grandes con la decisión de Zimbabwe de imprimir una nueva moneda para hacer frente al colapso de la confianza en su sistema financiero.

Es casi imposible para los consumidores encontrar suficiente dinero en efectivo. Se forman largas colas fuera de los cajeros automáticos en Caracas, mientras la gente va de máquina en máquina para retirar todo lo que está disponible, molestando aún más a aquellos que ya luchan con escasez.

"Tengo que ir a cinco, seis, a veces siete cajeros para poder comprar algo, lo que quede en el mercado", sostiene Ayaric Ramos, un ama de casa en Caracas. Para empeorar las cosas, la semana pasada el sistema de pago con tarjeta de crédito y débito se congeló.

En una tradición consagrada por el tiempo, el asediado presidente socialista culpó a un "ataque cibernético" y ordenó una incursión en las oficinas de Credicard, que procesa los pagos de Visa y MasterCard.
Entre el clamor de la oposición por su destitución, Maduro agregó que "la derecha quiere imponer un tipo de cambio paralelo en Venezuela para llevar al dólar a un nivel desastrosamente loco", alegando que Venezuela está sufriendo un "golpe de estado monetario".

Los analistas advierten que la inflación está aquí para quedarse. "La confianza seguirá siendo un desafío clave en un contexto en el que el gobierno no está dispuesto a someterse a los cambios de política económica más fundamentales y hay probabilidades limitadas de un cambio de régimen", escribió Eurasia Group en una nota.
"Esto, a su vez, sugiere que incluso si la tasa paralela llegara a estabilizarse, la economía seguirá sufriendo una inflación crónicamente alta".