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LUNES 25/03/2019

Venezuela: la crisis migratoria es un gran desafío para la región

Podrían abandonar el país otros 5 a 7 millones de personas en los próximos años. Colombia, que ya recibió más de 1 millón, espera otro millón de venezolanos en 2019

Venezuelanos cruzan con su equipaje el Puente Internacional Simon Bolivar hacia Cucuta, Colombia

Venezuelanos cruzan con su equipaje el Puente Internacional Simon Bolivar hacia Cucuta, Colombia

Todos los días antes del amanecer, se forma una larga fila afuera del consulado de España ubicado en la Plaza La Castellana en Caracas. Los venezolanos, muchos de ellos descendientes de españoles, están desesperados por conseguir una visa o pasaporte que les permita huir hacia Europa.

Hay también colas afuera de los supermercados, pero son más cortas quizás porque mucha gente ya se fue de Venezuela o, más probablemente, porque saben que habrá poco para comprar adentro.

Hoy Nicolás Maduro hará el juramento para iniciar su segundo mandato como presidente después de que en el primero hubo un éxodo de venezolanos que escapan del derrumbe económico en Venezuela. La ONU dice que huyeron del país más de 3 millones de personas desde 2014, cerca del 10% de la población, mientras que el FMI espera que los precios suban un 10.000.000% en 2019.

"El mejor regalo de Año Nuevo que nos podría hacer Maduro sería que renuncie ahora, antes de cruzar ese límite el jueves" (por hoy), dijo Oscar Ospina, trabajador del dilapidado sistema de transporte público en Caracas, mientras esperaba para entrar a un supermercado subsidiado por el estado en el barrio Chacao. "Nos está conduciendo hacia un aislamiento sin futuro", agregó.

Maduro será confirmado como presidente por seis años más tras su tan sospechosa victoria en la última elección de mayo. Si completa su mandato el Partido Socialista Unido de Venezuela se habrá mantenido en el poder por un cuarto de siglo.

Los países vecinos, especialmente Brasil y Colombia, le dan la espalda a lo que ellos consideran una dictadora ilegítima, aunque México, gobernado por la izquierda desde octubre, advirtió que no hay que "tomar medidas que intenten interferir en asuntos internos".

Estados Unidos y Europa, y en menor medida otros países latinoamericanos, han impuesto sanciones. El martes Lima prohibió que funcionarios venezolanos ingresen en Perú, mientras Washington instauró otra ronda de sanciones contra funcionarios corruptos. Sin embargo, con los militares venezolanos aún respaldando a Maduro, hay pocas probabilidades de que renuncie.

"Maduro sobrevivió el último año y medio contra toda posibilidad y eso fortaleció su capital político dentro de su coalición", dijo David Smilde, experto en Venezuela de la Tulane University en EE.UU.

"Sin embargo, hay un amplio reconocimiento de que él es un impedimiento para que Venezuela corrija el rumbo del barco en términos económicos. Tiene el control y se ganó el respeto por sus capacidad política pero no se ganó el respeto como líder del país", continuó.

Un reciente estudio de Datanálisis, la encuestadora más confiable del país, señala que casi 72% de los venezolanos quiere que Maduro renuncie y más de una tercera parte está a favor de la intervención militar externa.

El 42% quiere un golpe militar para derrocar al presidente. Y sólo 19% respalda a Maduro, el nivel de apoyo más bajo en más de un año.

Para la región y el mundo, el mayor desafío que surge de la crisis venezolana es la gran cantidad de gente que escapa del país. Huyeron más personas de Venezuela que las que llegaron a Europa desde Medio Oriente y África en los últimos cuatro años, y tres veces más de las que abandonaron Myanmar durante la crisis de Rohingya.

"En términos de números, esta crisis migratoria no tiene paralelo en ninguna parte del mundo en este momento", dijo Felipe Muñoz, asesor jefe del gobierno colombiano sobre temas fronterizos con Venezuela. "Lamentablemente, todo indica que ésto es recién el comienzo", continuó.

El think-tank Brookings Institution advirtió que podrían abandonar el país otros 5 a 7 millones de personas en los próximos años. Colombia, que ya recibió más de 1 millón de venezolanos más que cualquier otro país espera que arribe otro millón en 2019.

"La actitud del gobierno colombiano cambió", dijo Julio Borges, el líder de facto de la oposición venezolana en el exilio que vive en Bogotá. "Solía referirse a lo que estaba pasando en Venezuela diciendo que era como un incendio en la casa del vecino de al lado. Ahora ve que el fuego amenaza su propia casa".

El costo de recibir a los migrantes es significativo. Colombia dice que necesita u$s 1500 millones al año, Ecuador otros u$s 550 millones. El Banco Mundial estima que el ingreso de personas podría recortar 0,4% el PBI colombiano.

Estados Unidos y la UE otorgaron u$s 150 millones en ayuda humanitaria pero se necesita más. La ONU reclamó u$s 738 millones para ayudar a los venezolanos que no "tienen posibilidad de volver en el corto y mediano plazo".

La UE y EE.UU. probablemente respondan a la asunción de Maduro con otras sanciones, si bien en un encuentro en Colombia la semana pasada el secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo sugirió a Bogotá asumir un rol más activo para resolver la crisis. Pompeo describió a Colombia como "un líder natural" en el trato con Venezuela.

Rusia, China y Turquía todavía apoyan el régimen de Maduro, si bien su paciencia parece estar agotándose. A fines de 2018, Maduro viajó a Beijing y Moscú y aseguró que le ofrecieron un significativo respaldo económico aunque hay poca evidencia de eso.

Económicamente, 2019 será aún más duro para los venezolanos. La ONU pronostica que la economía se contraerá 10%, mientras que los analistas esperan que la producción de petróleo, que se derrumbó a una tercera parte sólo en el año pasado, volverá a disminuir.

Francisco Monaldi, experto en política energética en Rice University en Houston, calcula que la producción llegará a su piso de entre 850.000 y 900.000 barriles diarios "con una advertencia: si los precios son inferiores a u$s 50 el barril, la caída de la producción podría ser más pronunciada".

Lo que complica aún más las cosas es que los tenedores de los bonos venezolanos defaulteados probablemente empiecen a moverse después de que un grupo de acreedores el mes pasado tomó medidas para activar una cláusula de aceleración que exige el pago total de un bono impago de u$s 1500 millones.

Si otros acreedores hacen lo mismo, se podría provocar una pelea por recuperar los cerca de u$s 60.000 millones de deuda colocada en el mercado, dinero que el gobierno de Maduro no tiene. El resultado podría ser una interminable disputa similar a la que se produjo en Argentina en la última década.

Maduro hasta ahora se aferró al poder gracias al respaldo de las coptadas fuerza armadas y a una decreciente porción de la población civil que aún cree en la "Revolución bolivariana" o simplemente apoya al gobierno porque le brinda alimentos y transporte subsidiado.

Pero Francisco Rodríguez, economista jefe de Torino Capital, un banco de inversión de Nueva York que sigue de cerca la situación en Venezuela, dijo: "Puede ocurrir que ese apoyo caiga por debajo de los niveles que incluso necesita un líder autoritario para mantenerse en el poder".

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